jueves, 30 de septiembre de 2010

101 MITOS DE LA BIBLIA 2º - de Gary Greenberg





101 MITOS DE LA BIBLIA


INDICE de PALABRAS
101 MITOS DE LA BIBLIA 2º
 

Mitos 17 al 47
Mitos de los Fundadores
El Ciclo de Osiris




Tercera parte
Introducción

Mito 17: El cielo y la tierra tuvieron hijos

El Mito: Éstas son las generaciones del cielo y de la tierra cuando fueron creados. El día en que el Señor Dios creó la tierra y el cielo, no había aún arbusto alguno en el campo, ni germinaban de la tierra hierbas, por no haber todavía llovido el Señor Dios sobre ésta, ni haber todavía hombre que la labrase, ni vapor acuoso que subiera de la tierra para regar toda la superficie cultivable (Gn 2, 4-6).

La Realidad: En el segundo relato de la Creación, el cielo y la tierra son divinidades, una esposa y un marido capaces de tener hijos.

El segundo relato de la Creación comienza en Génesis 2, 4 con la frase:

«Éstas son las generaciones del cielo y de la tierra» (versión del rey Jacobo). Las primeras palabras son una formula textual utilizada en el Génesis en diez ocasiones, y una sola vez fuera del Génesis (Rt 4, 18). En todas estas instancias, a excepción de Génesis 2, 4, la fórmula sirve para introducir narraciones sobre familias, como por ejemplo: «Éstos son los descendientes de Isaac», o «Éstas son las generaciones de Jacob». En cada una de estas instancias, lo que sigue son narraciones acerca de los padres y sus hijos y los acontecimientos de sus vidas. No existe ninguna razón lógica para pensar que haya otra interpretación distinta adherida a Génesis 2,4.

La primera frase, por lo tanto, significa que lo que sigue son relatos sobre la familia del cielo y de la tierra y sus hijos. En otras palabras, el segundo relato de la Creación es una vuelta a un relato anterior y politeísta de la Creación, en el que el cielo y la tierra son seres cósmicos, divinidades capaces de tener hijos.

Esta conclusión molesta a los teólogos porque contradice la idea de que La Bíblia es un tratado monoteísta. En consecuencia, reinterpretan el pasaje para reflejar su propio punto de vista religioso. Argumentan que lo que sigue son sólo relatos que tienen lugar después de la Creación. Esto no sólo malinterpreta el sentido simple y claro, sino que también da lugar a otro obstáculo. Los relatos no suceden después de la Creación, sino durante la misma; el segundo día, para ser exactos.

Tal y como dice el resto del pasaje, los relatos sobre el cielo y la tierra suceden «el día en que el Señor Dios creó la tierra y el cielo» y antes de la aparición de la vegetación. En nuestro estudio del Mito 14, tras reconstruir la secuencia original de la Creación, descubrimos que el cielo y la tierra fueron creados el segundo día y la vegetación el tercero. El día que Dios creó el cielo y la tierra corresponde al segundo día de la Creación.

Esto establece una unión entre el primer y segundo relato de la Creación en el Génesis. En el primer relato de la Creación, los acontecimientos del segundo día estaban basados en el mito heliopolitano de la Creación, la aparición de Atum como un firmamento en las aguas, la separación del cielo y la tierra y la reunión de las aguas. En ese relato, el editor del Génesis despojó a las personas de las divinidades egipcias y dejó sólo los fenómenos naturales que éstas representaban. Ocurrió algo más en el segundo relato de la Creación. Como veremos en el estudio de algunos de los siguientes mitos, los editores bíblicos han conservado algunas de las personas de las divinidades egipcias, pero las han retratado como humanos y han eliminado su identificación con fenómenos naturales. Pero, en ocasiones, han cometido errores y no han reconocido todas las asociaciones anteriores, por ejemplo, al dejar una referencia a «las generaciones del cielo y de la tierra».

Mito 18: Adán y Eva fueron los primeros humanos

El Mito: Este es el libro de la descendencia de Adán. Cuando Dios creó al hombre, lo hizo a imagen suya. Los hizo varón y mujer, y los bendijo, y les dio, al crearlos, el nombre de Adán. Tenía Adán ciento treinta años cuando engendró un hijo a su imagen y semejanza, y lo llamó Set; vivió Adán después de engendrar a Set ochocientos años, y engendró hijos e hijas. Fueron todos los días de la vida de Adán novecientos treinta años, y murió (Gn 5, 1-5).

La Realidad: Adán y Eva son las divinidades egipcias Geb (la tierra) y Nut (el cielo). Sus hijos son los hijos de la tierra y el cielo.

Al principio del segundo relato de la Creación en el Génesis, nos cuentan que las historias que siguen son sobre la familia del cielo y la tierra (véase Mito 17). Los personajes principales en esos relatos son Adán y Eva y sus hijos, Caín y Abel, lo cual sugiere que la familia de Adán es la familia del cielo y la tierra.

Al principio, La Bíblia se refiere a Adán y Eva como «el Adán» (véase Mito 11) y a Eva como «la mujer». Durante el transcurso de la narración, tiene lugar una sutil transformación en la terminología y estos son conocidos como Adán y Eva. Aunque se sugiere en estos primeros relatos que Adán y Eva fueron los primeros humanos, hasta Génesis 5, 1 no se produce una conexión directa. En ese momento, La Bíblia presenta la primera de varias genealogías que colocan a Adán como el antecesor de la raza humana, trazando una línea de descenso que pasa por Noé hasta los patriarcas bíblicos.

En el Mito 12 vimos que Adán y Eva no eran los mismos humanos creados el sexto día. Ellos fueron creados «al tiempo de hacer el Señor Dios la tierra y los cielos», lo cual tuvo lugar el segundo día. ¿Fueron ellos unos humanos distintos a los creados el sexto día, o fueron originariamente algún tipo de divinidades cósmicas?

En el mito babilonio de la Creación, los cielos y la tierra eran las mitades seccionadas de un monstruo muerto conocido como Tiamat. Puesto que estos dos trozos de cuerpo sin vida no engendraron a ningún hijo, el mito babilonio no puede servir como prototipo para la narración bíblica.

Sin embargo, si analizamos el mito heliopolitano de la Creación, encontraremos parte del material de origen para el segundo relato de la Creación.

Según los heliopolitanos, Geb (la tierra) y Nut (el cielo) tuvieron tres hijos, Osiris, Set y Horus, y dos hijas.

Las relaciones entre los miembros de esta familia protagonizaban un papel importante en la mitología egipcia. Un relato cuenta cómo Geb (la tierra) y Nut (el cielo) desobedecieron a la divinidad principal y de cómo ésta castigó a Nut con dificultades para dar a luz. Otro cuenta cómo Shu (el firmamento, hijo de Atum y padre de Geb) extrajo a Nut del cuerpo de Geb y separó el cielo de la tierra. Y una tercera explica cómo uno de los hermanos mató al otro hermano, y de cómo el tercer hermano fundó la línea de los herederos legítimos al trono egipcio.

A muchos de los que conocen el relato de Adán y Eva probablemente estarán familiarizados con estas tramas. Dios separó a Eva del cuerpo de Adán; los dos desobedecieron la orden de Dios; Dios castigó a Eva con dificultades para dar a luz; Adán y Eva tuvieron tres hijos, Caín, Abel y Set, de los cuales uno, Caín, asesinó a otro hermano, Abel y el tercero fundó la línea de descendientes desde Adán hasta Abraham.

Los dos esquemas genealógicos coinciden tanto que uno no puede llegar a otra conclusión: el Génesis recibió la influencia del modelo egipcio. Esto significa que Adán y Eva tuvieron una encarnación original como las divinidades egipcias Geb, Nut y sus tres hijos, Caín, Abel y Set, en correspondencia con los tres hijos de Geb y Nut, Osiris, Horus y Set.

Los editores posteriores de La Bíblia, sin embargo, tuvieron problemas a la hora de presentar estos relatos sobre las antiguas divinidades egipcias. Por una parte, los hebreos eran monoteístas y no creían en estos dioses; por otra parte, estos relatos tenían una gran difusión y eran muy conocidos. Los editores de La Bíblia decidieron desmitifícar las divinidades y reescribir los relatos como si trataran sobre humanos en vez de dioses.

Por consiguiente, cuando intentaron integrar los dos relatos bíblicos de la Creación en un único relato continuo, tuvieron que cambiar los relatos para dar a entender que Adán y Eva eran los primeros humanos, idénticos a los humanos nacidos el sexto día. Esta interpretación ha ejercido una gran influencia a lo largo de la historia sobre los teólogos judíos y los teólogos cristianos.

Sin embargo, a pesar de los hábiles y exitosos esfuerzos de los editores, continuamos viendo una gran cantidad del simbolismo mitológico original.

Mito 19: Dios formó a Adán de la arcilla

El Mito: Y modeló el Señor Dios al hombre de la arcilla y le insufló en las narices el aliento de la vida, y fue así el hombre ser animado (Gn 2, 7).

La Realidad: Los editores de La Bíblia confundieron el nacimiento de Atum (la divinidad creadora heliopolitana) en la mitología egipcia con el nacimiento del primer ser humano.

El Génesis dice que Dios creó al primer hombre de arcilla de la tierra y le insufló la vida soplándole por la nariz. Los mitos mesopotámicos hacen unas declaraciones similares, pero se distinguen del Génesis en dos detalles significativos: 1) los dioses crearon al hombre a partir de una mezcla de arcilla y sangre de una divinidad muerta, y 2) no le inspiraron el aliento divino. Así, aunque el relato mesopotámico podría haber tenido una influencia sobre el relato bíblico, los detalles indican lo contrario.

En los mitos egipcios encontramos un paralelismo más próximo al relato bíblico. Mientras que los egipcios tienen varios relatos inconsistentes acerca de la creación de la humanidad, no se excluyen mutuamente. Las distintas porciones de la humanidad podrían haber sido creadas en distintas ocasiones mediante métodos diferentes. Sin embargo, en la mayoría de versiones, los dioses crearon la humanidad a través de algún proceso de esculpido. Según una conocida tradición, el dios Khnum crea a la humanidad en una rueda de alfarero, señalando un origen a base de arcilla, como en el Génesis. En otra versión, el dios artesano Ptah crea al hombre, aunque no se describe el proceso.

Además del proceso del esculpido, una parte esencial de la creencia egipcia sobre la vida es que ésta viene insuflada por las narices, tal y como indica el relato del Génesis. En el «Texto de los Sarcófagos 80», por ejemplo, Atum (el Creador) dio a luz a Shu (el firmamento) a través de sus narices e identificó a Shu como la fuerza vital. En ese mismo texto, Nun, (una personificación de la inundación) le dice a Atum que acerque a su hija a sus narices para que su corazón viva. Y en otra parte de ese texto, Shu, la fuerza vital, dice:

Yo los guiaré y les daré la vida,
a través de mi boca, que es la Vida en sus narices,
guiaré mi aliento hacia sus gargantas...

Estas tradiciones egipcias muestran varios paralelismos con el relato del Génesis, en el cual el hombre es creado a partir de la tierra y Dios sopla la vida a través de sus narices. Pero, probablemente, la influencia más importante sobre el Génesis fue el nacimiento de Atum. En el mito helio-politano de la Creación, que yace tras los relatos de Adán y Eva, el primer ser fue Atum, cuyo nombre es fonéticamente idéntico al de Adán. Atum fue formado de la primera tierra que surgió de las aguas primitivas. Era literalmente una figura hecha de la arcilla de la tierra. Además, como Adán, la primera hembra nació de él sin que hubiera relaciones sexuales con una mujer.

Tal y como vimos en el Mito 11, cuando La Bíblia dice que Dios creó al hombre de la arcilla de la tierra, la frase traducida como «hombre» es en realidad ha-adam, el Adán, y el término es una forma plural que incorpora tanto al varón como a la mujer: «Hízolos macho y hembra, y los bendijo, y les dio, al crearlos, el nombre de Adán» (Gn 5, 2).

El nombre Atum también posee un sentido plural, que comprende tanto al macho como a la hembra. Significa «aquel que se completa absorbiendo a otros», y los otros son los miembros machos y hembras de la Enéada.

Ya que los relatos de Adán y Eva se derivan en parte del mito heliopo-litano de la Creación, los numerosos paralelismos entre Atum y Adán indican que originariamente los escribas hebreos nombraron al primer ser Atum, como el primer ser del relato heliopolitano. Posteriormente, debido a la confusión entre Atum y la palabra semítica para «suelo», ada-mah, el nombre del primer ser se convirtió en Adán.

Mito 20: Dios plantó el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal

El Mito: Plantó luego el Señor Dios un jardín en Edén, al oriente, y allí puso al hombre a quien formara. Hizo el Señor Dios brotar en él de la tierra toda clase de árboles hermosos a la vista y sabrosos al paladar, y en el medio del jardín el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal (Gn 2, 8-9).

La Realidad: Estos dos árboles especiales son representaciones simbólicas de las divinidades egipcias Shu y Tefnut.

En el jardín del Edén Dios plantó dos árboles, el árbol de la ciencia del bien y del mal, y el árbol de la vida. Comiendo del primero se obtenía el conocimiento moral; al comer del segundo se obtenía la vida eterna. También colocó al hombre en ese jardín para que cuidara de las plantas, pero le dijo que no debía comer del árbol de la ciencia (y así convertirse en conocedor de la moral). En cuanto a comer del árbol de la vida, Dios no dijo nada: «pero del árbol de la ciencia del cien y del mal no comas, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás» (Gn 2, 17).

Más tarde, la supuestamente malvada serpiente le dijo a Eva que la amenaza de Dios era inútil.

Pero la serpiente, la más astuta de cuantas bestias del campo hiciera el Señor Dios, dijo a la mujer: «¿Conque os ha mandado Dios que no comáis de los árboles todos del paraíso?» Y respondió la mujer a la serpiente: «Del fruto de los árboles del paraíso comemos, pero del fruto del que está en medio del paraíso nos ha dicho Dios: «No comáis de él, ni lo toquéis siquiera, no vayáis a morir». Y dijo la serpiente a la mujer: «No, no moriréis; es que sabe Dios que el día que de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal». (Gn 3, 1-5)

Adán y Eva no murieron al comer del árbol. Ciertamente, Dios temía que a continuación comieran del árbol de la vida y obtendrían la inmortalidad.

Dijese el Señor Dios: «He ahí al hombre hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal; que no vaya ahora a tender su mano al árbol de la vida, y comiendo de el, viva para siempre» (Gn 3, 22).

¿Por qué temía Dios que Adán y Eva supieran de la inmortalidad y se convirtieran en divinidades? ¿Y por qué temía que se volvieran inmortales? Como una divinidad todopoderosa, él podría dar marcha atrás a la causa-efecto y devolver las cosas a su estado anterior. ¿Y quién es este «nosotros» al que se dirige? (véase el Mito 25 para saber la respuesta). Las respuestas se pueden encontrar en los textos y tradiciones egipcias.

El «Texto de los Sarcófagos 80» contiene una extensa presentación filosófica del mito heliopolitano de la Creación, y contiene algunos pasajes interesantes que no se han tenido en cuenta acerca de la vida y la moralidad. Las partes más significativas para nuestros propósitos tienen que ver con los hijos de Atum, el Creador.

Los dos hijos de Atum son Shu y Tefnut, y en este texto Shu es identificado como el principio de la vida y Tefnut como el principio del orden moral, un concepto al que los egipcios se refieren como maat. Estos son los dos principios asociados con los dos árboles especiales en el jardín del Edén, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal.

El texto egipcio no sólo identifica estos dos mismos principios como descendientes de la divinidad Creadora, sino que el texto continúa, diciendo que Atum (a quien los editores de La Bíblia habían confundido con Adán, véase el Mito 19) recibe instrucciones de comerse a su hija, la cual representa el principio del orden moral.

De tu hija Orden comerás. («Texto de los Sarcófagos 80, línea 63»)

Aquí tenemos una extraña correlación. Tanto el mito egipcio como el Génesis nos dicen que la divinidad principal creó dos principios fundamentales, la vida y el orden moral. En el mito egipcio, Atum debe comer del orden moral, pero en el Génesis, a Adán se le prohibe comer de este orden. El motivo por el cual Dios prohibió a Adán comer del árbol de la ciencia del bien y del mal se explica en el Mito 21.

También cabe destacar que el tema de la «serpiente en el árbol» asociado con el relato de Adán y Eva proviene directamente del arte egipcio. Los egipcios creían que Ra, el dios del Sol que rodeaba la tierra cada día, mantenía una pelea nocturna con la serpiente Apofis y la derrotaba cada noche.

Varias pinturas egipcias muestran una escena en la que Ra, que aparece con la forma de «Mau. el Gran Felino de Heliopolis», se sienta ante un árbol mientras la serpiente Apofis se enrosca alrededor del árbol, en una imagen paralela a la rivalidad entre Adán y la serpiente del árbol en el jardín del Edén. Cuando Israel residía en Egipto, las imágenes de Ra y Atum estaban muy asociadas, y de hecho, los egipcios reconocían a una divinidad compuesta llamada Atum-Ra. Al reemplazar a Re con Atum en el tema de la «serpiente en el árbol», la imagen se acerca todavía más al relato bíblico, que confundía a Atum con Adán.

Mito 21:Adán moriría si comía del árbol de la ciencia

El Mito: Pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de el comieres, ciertamente morirás (Gn 2, 17).

La Realidad: El objetivo de esta historia es condenar la idea egipcia de que el conocimiento del orden moral lleva a la vida eterna, que discrepaba con las enseñanzas monoteístas hebreas.

En el mito anterior vimos que las ideas egipcias sobre la relación entre el orden moral y la vida eterna yacían tras el relato bíblico del árbol de la ciencia del bien y del mal y el árbol de la vida. Sin embargo, a pesar los paralelismos cercanos entre ambas descripciones, existe un fuerte conflicto. En el texto egipcio, Nun (la personificación de la gran inundación) incitaba a Atum (el Creador) a comerse a su hija Tefnut, para obtener acceso al conocimiento del orden moral. En el Génesis, Dios prohibe a Adán que coma del árbol de la ciencia del bien y del mal, negándole el acceso al conocimiento moral.

Esta incongruencia aparece en medio del enigma moral en el relato bíblico. Parece que Dios mienta y que la serpiente diga la verdad. En principio, Dios ordena a Adán que no coma del árbol de la ciencia, diciéndole que morirá el mismo día que lo haga. Pero, tras comer de ese árbol, Adán no sólo vive (durante otros novecientos años), sino que Dios teme que éste obtenga la vida eterna si come del árbol de la vida, y es necesario expulsarlo del jardín del Edén.

Si el Génesis se inspira en la doctrina egipcia, ¿por qué el relato bíblico adopta un giro tan radical cuando se trata de comer del árbol de la ciencia? Esa divergencia entre los dos relatos se deriva de las diferencias fundamentales entre las creencias hebreas y egipcias acerca de la ultratumba.

Eos egipcios creían que si uno llevaba una vida de orden moral, el dios Osiris, que reinaba en ultratumba, les otorgaría la vida eterna. Esa era la unión filosófica entre estos dos principios fundamentales de la vida y el orden moral, y es por eso que los egipcios los retrataban como los hijos del Creador.

En efecto, el conocimiento del comportamiento moral era un paso hacia la inmortalidad y la divinidad. Esa es precisamente la cuestión que plantea el Génesis.

Cuando Adán come del árbol de la ciencia del bien y del mal, Dios declara que si Adán come también del árbol de la vida se volverá como el mismo Dios. Pero los hebreos eran monoteístas. La idea de que los humanos puedan ser como dioses chocaba con el concepto teológico básico de la religión bíblica, según la cual había y podía haber un solo dios. Los humanos no podían ser divinos.

La narración hebrea es en realidad un ataque sofisticado hacia la doctrina egipcia del orden moral que lleva a la vida eterna. Comienza transformando la vida y el orden moral de divinidades en árboles, eliminando las imágenes caníbales sugestionadas por Atum comiéndose a su hija. Luego, a Adán se le prohibe específicamente que coma el fruto del orden moral. A continuación, se le dice a Adán que no sólo no obtendrá la vida eterna, sino que se morirá al comer ese fruto. Finalmente, Adán es expulsado del Jardín antes de que pueda comer del árbol de la vida y vivir eternamente.

Observen que el énfasis bíblico es sobre el conocimiento del orden moral y no sobre la vida eterna. El mensaje bíblico es que uno no puede obtener la vida eterna a través del conocimiento del orden moral. Dios le dirá a uno lo que necesita saber y cómo se debe uno comportar, y uno obedecerá porque Dios lo manda, no porque vivirá eternamente.

Cuando Dios le dijo a Adán que ciertamente moriría ese mismo día si comía del árbol de la ciencia, se debe entender que la amenaza significaba que los humanos no debían intentar ser como los dioses. Dios no quería decir que Adán literalmente se caería muerto el día en que comiera el fruto prohibido; quería decir que el día en que Adán violara el mandamiento, perdería el derecho a la vida eterna. Recuerden que Dios en principio no prohibió a Adán que comiera del árbol de la vida. (Supuestamente, un bocado del fruto de ese árbol no otorgaba la inmortalidad. Uno tenía que comer de él de manera continua y reabastecerse.) Una vez que hubo violado el mandamiento, Adán perdió el acceso al árbol de la vida y ya no pudo comer el fruto que prevenía de la muerte.

Mito 22:Dios prohibió a Adán que comiera ciertos frutos

El Mito: Pero del fruto del que está en medio del Paraíso nos ha dicho Dios: «No comáis de él, ni lo toquéis siquiera, no vayáis a morir» (Gn 3, 3).

La Realidad: El tema del fruto prohibido viene de los mitos sumerios sobre la vida en el Paraíso.

En el Mito 20, vimos que los hebreos reemplazaron a las divinidades egipcias asociadas con el orden moral y la vida con dos árboles, uno de los cuales daba el fruto prohibido que iba acompañado de una amenaza de muerte si se consumía. Este motivo del fruto prohibido viene de los antiguos mitos mesopotámicos y fue recogido cuando los hebreos recibieron las influencias culturales babilonias.

La más conocida de estas narraciones, el mito de Enki y Ninhursag, habla de dos importantes divinidades, que eran hermano y hermana y que vivían en un paraíso terrenal llamado Dilmun. En una ocasión, Ninhursag consiguió atrapar esperma de su hermano y lo usó para crear ocho plantas hasta entonces desconocidas y que permanecieron intocables para los demás. Su hermano, que sentía curiosidad por saber qué plantas eran, probó cada una de ellas. Cuando su hermana vio las plantas dañadas, maldijo a su hermano, diciéndole: «Hasta tu muerte no volveré a mirarte con el ojo de la vida».

Al poco tiempo Enki empezó a consumirse, pero apareció un zorro y consiguió que Ninhursag regresara. Al regresar, Ninhursag le preguntó a su hermano de qué órgano vital padecía, y este nombró cada una de las partes dolientes, ocho en total. Para cada enfermedad mencionada, su hermana proclamó el nacimiento de una divinidad, y cada nacimiento curó una enfermedad correspondiente. El texto no menciona quienes fueron los padres de estos nacimientos.

En este mito mesopotámico principal, que habría sido bien conocido por los escribas hebreos de la era babilónica, encontramos el tema del fruto prohibido en un paraíso terrenal junto con una maldición de muerte por haber comido el fruto; temas presentes en la narración del Génesis. La maldición de Ninhursag contra Enki proporciona el motivo para cuestionar la idea egipcia de «comer el orden moral», que nos lleva al tema bíblico del «fruto prohibido».

Mito 23: Eva fue creada de la costilla de Adán

El Mito: Hizo pues, el Señor Dios caer sobre el hombre un profundo sopor; y dormido, tomó una de sus costillas, y cerró en su lugar con carne, y de la costilla que del hombre tomara, formó el Señor Dios a la mujer, y se la presentó al hombre. El hombre exclamó: «Esto sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta se llamará varona, porque del varón ha sido tomada». Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; y se adherirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne (Gn. 2,21-24).

La Realidad: La narración del nacimiento de Eva integra la narración egipcia de la separación de los cielos y la tierra con partes del mito sumerio de Enki y Ninhursag.

El personaje de Eva se inspira en varios mitos, tanto egipcios como sumerios. Según el Génesis, Dios creó a Eva de la costilla de Adán. Como resultado de esta relación, Dios instauró la idea del matrimonio.

Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; y se adherirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne. (Gn 2, 21-24)

En principio, a la mujer de Adán se la conocía sólo como «la varona», porque «del varón ha sido tomada». No fue hasta después de que ella y su marido fueran expulsados del Jardín del Edén que recibió el nombre de Eva. Al darle ese nombre, Adán dijo que era «por ser la madre de todos los seres vivientes».

En el Mito 17 vimos que Adán y Eva se correspondían con las divinidades egipcias Geb (la tierra) y Nut (el cielo). Según el «Texto de los Sarcófagos 80», Atum dijo que creó a Nut para que «estuviera por encima de mi cabeza y Geb se pudiera casar con ella». En otras palabras, los egipcios veían la unión de la tierra y el cielo como la base del matrimonio, y este principio se traslada al Génesis con Adán y Eva.

Mientras que Adán se convirtió en el único padre de Eva, igual que Atum (el Creador heliopolitano) se convirtió en el único padre de sus hijos, la idea de que Eva salió de la costilla de Adán se deriva de un juego de palabras en sumerio antiguo, el lenguaje literario más antiguo de Mesopotamia. Se origina con el mito sumerio de Enki y Ninhursag (véase Mito 22).

En ese mito, Enki padece de ocho dolores, uno de los cuales está en la costilla.

«Hermano mío, ¿qué os duele? «La costilla».

El nombre de la divinidad que curó la costilla de Enki era Ninti, un nombre que en sumerio tiene un doble significado. La primera parte, «Nin», significa «la dama de», pero la segunda parte «ti», puede significar tanto «costilla» como «hacer vivir». Por lo tanto, Ninti significa tanto «la dama de la costilla» como «la dama que hace la vida».

También Eva combina ambos títulos. Verdaderamente es la «dama de la costilla», ya que provino de la costilla. Y, tal y como indica su primer título, ella es la «dama que hace la vida».

Mito 24:: Adán obtuvo la sabiduría sin la inmortalidad

El Mito: Díjose el Señor Dios: «He ahí al hombre hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal; que no vaya ahora a tender su mano al árbol de la vida, y comiendo de él, viva para siempre» (Gn 3,22).

La Realidad: El relato de la pérdida de la inmortalidad de Adán y el castigo de la humanidad es un préstamo del mito mesopotámico de Adapa.

Cuando Dios expulsó a Adán del Edén, el hombre poseía la sabiduría pero no la inmortalidad, y sus descendientes tuvieron que sufrir por su pecado. Este aspecto del relato toma prestados elementos de un mito mesopotámico sobre un personaje llamado Adapa.

Según cuenta la narración, el dios Ea creó a Adapa para que fuera un dirigente de la humanidad y le otorgó sabiduría, aunque no la vida eterna. Adapa desempeñó bien su función, pero un día, mientras navegaba, el Viento del Sur volcó su barca y lo tiró al agua. Muy enfadado, Adapa maldijo al viento y le rompió las alas. Al enterarse Anu, la principal divinidad, exigió que Adapa apareciera ante él.

Ea, una de las principales divinidades mesopotámicas, se hizo amigo de Adapa y le preparó para el encuentro. Entre sus instrucciones, le dijo:

Os ofrecerán los alimentos de la muerte;
No los comáis. Os ofrecerán el agua de la muerte;
No la bebáis. Os ofrecerán una prenda;
No os la pongáis. Os ofrecerán aceite; untaos con él.

En estas instrucciones, Ea se refiere a las ofrendas como «los alimentos de la muerte» y «el agua de la muerte», pero cuando Adapa aparece ante la corte de Anu, la divinidad describe las ofrendas como «los alimentos de la vida» y «el agua de la vida». Obedeciendo a Ea, Adapa rechaza la hospitalidad de Anu y al hacerlo se gana los favores del dios. Como recompensa, Anu libera a Adapa de la servidumbre obligatoria, pero puesto que su pecado merece ser castigado, Anu hace que la humanidad sufra enfermedades y plagas.

En la narración de Adapa, el héroe tenía sabiduría pero no la inmortalidad; había pecado contra los dioses y debía ser castigado. Como resultado de su pecado, pierde la oportunidad de comer ciertos alimentos que le habrían otorgado la inmortalidad, y, a raíz de su pecado, la humanidad tiene que padecer enfermedades y plagas. Mientras que el pecado de Adapa se distingue del de Adán , ambos soportaron destinos similares; la humanidad sufre y ambos pierden la inmortalidad.

Se han encontrado fragmentos de este mito en una biblioteca del siglo xrv a.C. en Egipto (anterior al Éxodo) y en una biblioteca del siglo vii a.C. en Asiría, dando fe de su longevidad literaria y su influencia muy difundida. Una leyenda como ésta habría sido muy conocida entre los escribas hebreos. El parecido con la trama de la narración del Génesis indica que el mito de Adapa ayudó a modelar la narración bíblica.

Mito 25: Había otros seres en el jardín del Edén antes de Adán y Eva

El Mito: Hagamos al hombre a nuestra imagen... Díjose el Señor Dios:

«He ahí al hombre hecho como uno de nosotros... (Gn 1, 26. 3, 22).

La Realidad: El Génesis conserva indicios de las conversaciones de Atum con Nun en el mito heliopolitano de la Creación.

En dos ocasiones en el segundo relato de la Creación, Dios habla con uno o más seres de naturaleza no humana. Antes de crear a Adán, dice: «hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza». Y posteriormente, cuando Adán y Eva ya habían comido el fruto prohibido, dice: «He ahí al hombre hecho como uno de nosotros». ¿A quién se refiere este «nosotros»?

Una vez más, tenemos una clara indicación de otras divinidades presentes en el relato de la Creación. De la misma manera que el segundo relato de la Creación se inspira en los mitos heliopolitanos, el «Texto de los Sarcófagos 80» proporciona una pista razonablemente buena acerca de hacia quién se dirigía Dios. En ese texto, Atum, (el Creador) y Nun (una personificación de las aguas primitivas) mantenían esta conversación:

Entonces Atum le dijo a las aguas (es decir, a Nun): «Estoy flotando, muy agotado, los nativos inertes...» .

Las aguas (es decir, Nun) le dijeron a Atum: «Besa a tu hija Orden (es decir, Tefnut, que representaba el orden moral.)».

El «nosotros» en el relato del Génesis se habría referido originariamente a Atum y Nun. Al igual que el Creador hebreo reemplaza a Atum en el proceso de la Creación, la narración sufre algunas transformaciones. La retención del «nosotros» conserva restos de la fuente heliopolitana politeísta para el relato bíblico.

Mito 26: Dios plantó un jardín en Edén, al oriente

El Mito: Plantó luego el Señor Dios un jardín en Edén, al oriente, y allí puso al hombre a quien formara. Hizo el Señor Dios brotar en él de la tierra toda clase de árboles hermosos a la vista y sabrosos al paladar, y en el medio del jardín hizo brotar el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. Salía del Edén un río que regaba el jardín y de allí se partía en cuatro brazos. El primero se llamaba Pisón, y es el que rodea toda la tierra de Evila, donde abunda el oro, un oro muy fino, además de bede-lio (similar a la mirra) y ágata; y el segundo se llama Guijón, y es el que rodea toda la tierra de Cus; el tercero se llama Tigris y corre al oriente de Asiría; el cuarto es el Eufrates (Gn 2, 8-14).

La Realidad: Originariamente, Edén representaba la isla de Llamas, la primera tierra en los mitos egipcios de la Creación. Según la tradición heliopolitana. Edén estaría en Heliópolis.

¿Dónde plantó Dios el jardín del Edén? Se ha escrito mucho sobre este tema, pero sin ninguna respuesta definitiva. El texto aporta pocas pistas. El Génesis lo ubica en oriente, que es donde nace el sol, y también lo ubica al oeste de Nod, donde Caín construyó la primera ciudad. Desgraciadamente, nadie sabe donde estaba Nod.

Las principales pistas en cuanto a la ubicación del Edén son las referencias a los cuatro ríos, Pisón, Guijón, Tigris y Eufrates, que se dividen de un río principal que fluye del Edén, pero que no se nombra.

El primer río. Pisón, abarca toda la tierra de Evila, que posee muchos recursos naturales, tales como oro, bedelio y ágatas. La ubicación de Evila se desconoce, pero la mayoría de eruditos creen que se corresponde con Arabia. Génesis 10, sin embargo, al describir varias relaciones geográficas, dice que Evila es un hijo de Cus, y Cus es Etiopía.

El segundo río, Guijón, «rodea toda la tierra de Cus (Etiopía)». Esto coloca a los dos ríos en la cercanía de Cus, una zona al sur o cercana al sur de Egipto.

El tercer río, el Tigris, fluye hacia el este de Asiria, y se trata de una de las dos grandes vías fluviales de Mesopotamia. El cuarto río se conoce aún como el Eufrates, el otro gran río de Mesopotamia.

¿Dónde está el fallo? Tenemos dos ríos en Asia y dos al sur de Egipto. ¿Cómo pueden estar estos ríos conectados a una única fuente? ¿Cuál es la potente fuente de agua de la cual se derivan los otros cuatro ríos? ¿Y donde está el Nilo, que atraviesa Egipto, entre Asia y Etiopía? La narración en su forma actual representa una edición tardía realizada por alguien que conocía las tradiciones babilonias, pero que no era conocedor de la geografía africana.

Varias pistas sugieren que el gran río no nombrado del cual fluyen los otros cuatro es el Nilo.

1. El Nilo es el único río principal que no aparece nombrado en el texto.

2. Esta identificación explicaría cómo la geografía del Edén podía incluir dos ríos al sur de Egipto que se unen a otros nacimientos de ríos más hacia el norte.

3. La narración del jardín del Edén se deriva del mito heliopolitano de la Creación. En esa narración, después de que surgiera la primera tierra y las aguas se reunieran en el Nilo, el dios Shu bajó a Heliópolis y se convirtió en Osiris en forma de grano, plantando así un jardín al este del Nilo.

4. La tradición egipcia sitúa el árbol de la vida en Heliópolis.

5. La primera tierra en la tradición egipcia se conocía como la isla de Llamas (debido a la montaña en llamas que surgió de Nun) y cada uno de los centros de culto decía ser el emplazamiento de la primera tierra. En el Génesis, después de que Dios expulsa a Adán y Eva del jardín, bloquea la entrada con querubines empuñando llamas, lo que sugiere la idea de una «isla de llamas».

Estos puntos indican que el relato de cuatro ríos que fluyen de un río que surge del Jardín del Edén no tenía nada que ver con las dos aguas asiáticas descritas en la narración del Génesis. Originariamente, los cuatro brazos serían tributarios del Nilo, de los cuales dos se dividieron en el norte formando el delta de Egipto, y dos fueron divididos al sur por Etiopía.

Por consiguiente, cuando los hebreos llegaron a Babilonia, reemplazaron los nombres de los dos brazos del Nilo que formaban el delta de Egipto con los nombres de los dos ríos mesopotámicos que formaban el delta de Mesopotamia. Dejaron los dos brazos del sur intactos.

A medida que los hebreos comenzaron a ver su historia desde el punto de vista babilonio, fueron identificando muchas de las narraciones bíblicas con relatos similares de la literatura mesopotámica, y a menudo perdiendo de vista las raíces egipcias originales. Al transferir los ríos del delta egipcio a Mesopotamia, la isla de Llamas ya no mantenía ningún significado para ellos. Las llamas asociadas a la isla original se transformaron en espadas de fuego empuñadas por querubines.

En Mesopotamia, los hebreos aprendieron relatos sobre un lugar llamado Dilmun, que era comúnmente conocido en esa región como un antiguo paraíso de los primeros tiempos. Al sustituir las tradiciones mesopotámicas por las egipcias, creyeron que Edén y Dilmun podrían haber sido el mismo lugar.

Mito 27: En el jardín del Edén, Adán y Eva llevaron una vida sencilla y primitiva

El Mito: Tomó pues, el Señor Dios al hombre, y le puso en el jardín del Edén para que lo cultivase y lo guardase...

Y se dijo el Señor Dios: «No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una ayuda proporcionada a él». Y el Señor Dios trajo ante el hombre cuantos animales del campo y cuantas aves del cielo formó de la tierra, para que viese cómo los llamaría, y fuese el nombre de todos los vivientes el que él les diera. Y dio el hombre nombre a todos los ganados, y a todas las aves del cielo, y a todas las bestias del campo; pero entre todos ellos no había para el hombre ayuda semejante a él... Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, sin avergonzarse de ello (Gn 2, 15; 18-20; 25).

La Realidad: Las imágenes imprecisas de la vida en Edén se derivan de la descripción sumeria de la humanidad primitiva.

El Génesis sólo nos ofrece una breve mirada a la vida en Edén. Dios creó al hombre para que trabajara el jardín, el cual proporcionaba abundante comida. Pero el hombre se sentía sólo, asi que Dios creó a los animales para que le ayudaran y le acompañaran. Además de los animales, Dios también extrajo de la tierra todas las aves y otros animales, pero ni estos consiguieron soliviantar la soledad del hombre. Entonces Dios creó a la mujer para ayudarle. El hombre y la mujer estaban desnudos y no se avergonzaban de ello, pero tras comer el fruto prohibido, su desnudez se convirtió en vergüenza. A excepción del incidente con la serpiente y los consiguientes castigos, no poseemos más detalles acerca de la vida en el paraíso.

Las imágenes presentadas en El Génesis son paralelas a aquellas de las primitivas leyendas sumerias. Un relato del siglo xvii a.C. habla de una época en que:

Cuando los caminos de la humanidad habían sido olvidados por los dioses, se encontraban en lo alto del desierto (es decir, no se inundaban). En aquellos días no se abrían canales, no se dragaba por medio de zanjas.

El arado y la labranza todavía no se habían establecido para los pueblos sometidos.

Ninguno de los pueblos plantaba en surcos.

La humanidad de aquellos lejanos días, desde Shakan (el dios de los rebaños) aún no había llegado a las tierras áridas, no conocía los vestidos de telas finas, la humanidad andaba por ahí desnuda.

En aquellos días, al no existir las serpientes, al no existir los escorpiones, al no existir los leones, al no existir las hienas, al no existir los lobos, la humanidad no tenía contrincante alguno, y no existía ni el miedo ni el terror (líneas 1-15).

Cuando Anu, Enlil, Enki y Ninhursag crearon a las gentes de cabeza negra (es decir, los súmerios), crearon a los animales pequeños que salen de la tierra en abundancia e hicieron que hubiera, como correspondía, gacelas, asnos salvajes y bestias de cuatro patas en el desierto (líneas 47-50).

El texto se reanuda tras un intervalo de unas treinta y siete líneas con una indicación de que la monarquía había sido establecida desde el Cielo, y que el dirigente elegido debía supervisar la labor de los demás y enseñarle a la nación a ¡«seguir como el ganado»!

La visión que acabamos de ver comparte numerosas similitudes con el Génesis. Igual que en el relato bíblico, enfoca de cerca la necesidad de desarrollar la ganadería y remediar la desnudez de la humanidad. También nos dice que las criaturas útiles fueron extraídas de la tierra. Y, de modo implícito en el texto sumerio, la humanidad no sabe nada acerca de la moralidad. Las gentes existían para servir a los dioses y seguir instrucciones como si fuesen ganado. El rey, que representa a los dioses, se encarga de enseñarles todo lo que necesitan saber.

El texto no incluye ningún relato sobre la expulsión del paraíso, pero en los pocos pasajes que aun se conservan en la tablilla existe un testimonio sobre la construcción de las primeras ciudades. Esto continua teniendo un paralelismo con la trama del Génesis, que nos dice que Caín, hijo de Adán y Eva, construyó la primera ciudad tras ser expulsados del paraíso.

Mito 28: La serpiente era la más sutil de todas las bestias

El Mito: Pero la serpiente, la más astuta de cuantas bestias del campo hiciera el Señor Dios... (Gen 3, 1).

La Realidad: El Génesis modelo a la astuta serpiente según la figura del dios egipcio Set, que adoptó la forma de la serpiente Apotis, enemiga de Ra.

A Adán y Eva se les ordenó que no comieran del árbol de la ciencia del bien y del mal. A medida que se desarrolla la narración, Eva se acerca al árbol y encuentra en él a la serpiente. La serpiente anima a Eva a que pruebe el fruto, pero ésta le habla de la prohibición por parte de Dios y de la amenaza de muerte. La serpiente le contesta: «No, no moriréis; es que Dios sabe que el día que de el comáis se os abrirán los ojos y seréis como El, conocedores del bien y del mal» (Gn 3, 4-5).

La serpiente, quien seguramente ya había comido del árbol, evidentemente conoce el secreto del fruto, que representa el concepto egipcio de maat, (es decir, el orden moral; véase el Mito 20) y que comerlo otorga la vida eterna.

En nuestra discusión sobre los árboles de la ciencia y la vida, observamos que los egipcios tenían una imagen mística de la serpiente en un árbol. En imágenes de esta narración, los artistas egipcios muestran a un gato con un palo golpeándole la cabeza a una serpiente que habita en un árbol. El gato de este mito es Ra. el dios del sol, y la serpiente es Apofis, el enemigo de Ra que intenta tragarse el Sol al final de cada día. La acción de golpear la cabeza de la serpiente, por cierto, representa exactamente lo que Dios le ordenó a Adán que hiciera con la serpiente y su prole tras la expulsión del Edén.

Los egipcios a menudo identificaban a Apofis con el dios Set. una divinidad astuta y ambiciosa que quería quitarle el trono egipcio a su hermano Osiris. Con este fin, conspiró con sus aliados para asesinar a Osins y hacerse con la monarquía.

Primero, fingió amistad con su hermano y le ofreció como obsequio un sarcófago. Tras presentárselo, le pidió a Osiris que se tumbara dentro para ver si entraba bien. Inmediatamente después de que Osiris se hubiese acostado dentro, Set y sus aliados le mataron, cerraron el sarcófago y se deshicieron de él.

A pesar del asesinato, Osiris sobrevivió a la muerte y se convirtió en rey del más allá.

Esto nos lleva directamente a la serpiente del árbol de la ciencia. Tal y como observamos con anterioridad, el objetivo de la narración donde se le prohibe a la humanidad que coma del árbol de la ciencia era que el fruto del árbol representaba a ma 'at, y para que un Egipcio pudiera ser inmortal, él o ella debía demostrarle a Osiris que vivía en ma'at. Esto se contradecía con los principios religiosos del monoteísmo hebreo y las imágenes míticas de Osiris se tenían que eliminar.

Con la serpiente en el árbol, que se corresponde a Set, el asesino de Osiris, tenemos un desenlace irónico. Como castigo por buscar la inmortalidad adorando a Osiris, el pecador perdía su inmortalidad mediante las acciones del enemigo mortal de Osiris. el astuto y sutil Set.

Mito 29: Dios castigó a Adán, a Eva y a la serpiente

El Mito: Dijo luego el Señor Dios a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita serás entre todos los ganados, y entre todas las bestias del campo. Te arrastrarás sobre tu pecho y comerás el polvo todo el tiempo de tu vida. Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer y entre tu linaje y el suyo; éste te aplastará la cabeza, y tú le aplastarás el calcañar». A la mujer le dijo: «Multiplicaré los trabajos de tus preñeces. Parirás con dolor los hijos y buscarás con ardor a tu marido, que te dominará. Al hombre le dijo: «Por haber escuchado a tu mujer, comiendo del árbol del que te prohibí comer, diciéndote no comas de él: por ti será maldita la tierra: con trabajo comerás de ella todo el tiempo de tu vida; te dará espinas y abrojos y comerás de las hierbas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella has sido tomado; ya que polvo eres, al polvo volverás». (Gn 3, 14-19).

La Realidad: Los castigos impuestos a Adán, a Eva y a la serpiente se inspiran en el ciclo egipcio de Osiris.

Puesto que violaron el mandamiento de Dios, Adán, Eva y la serpiente debían ser castigados. La naturaleza de los castigos se inspira en temas del ciclo de los mitos de Osiris.

En la narración de Osiris, después de que Set asesina a Osiris, el dios muerto consigue preñar a su esposa Isis. Temiendo que Set también mate a su hijo, Horus, Isis lo esconde en un pantano. Set descubre el escondite y en forma de serpiente se acerca al niño y le muerde en el talón. Sin la intervención de los dioses, Horus habría muerto. Cuando Horus alcanza la edad adulta, se enfrenta a Set y gana el derecho a suceder a su padre.

Consideren algunas de las imágenes de los mitos egipcios y compárenlas con la narración del Génesis. Dios castigó a la serpiente obligándola a arrastrarse y estableciendo una enemistad entre la mujer y la serpiente, y su hijo y la serpiente.

Arrastrándose sobre su pecho, la serpiente trata de morderle el talón al hijo. En el ciclo de Osiris, Set se arrastra sobre su pecho hacia el niño, le muerde el talón y se convierte en enemigo de la madre y del hijo.

En las escenas egipcias que muestran al Gran Gato de Heliópolis, vemos a Ra en forma de gato golpeando la cabeza de la serpiente que reside en un árbol. En el Génesis, a Adán se le ordena que golpee la cabeza de la serpiente que mora en el árbol.

El último de los grandes castigos eran dolores de parto para las mujeres. Queda implícito que hasta entonces los partos eran indoloros, una idea que encontramos en el mito sumerio de Enki y Ninhursag, donde el parto en el paraíso es indoloro. Sin embargo, ese mito no incluye ningún castigo que tenga como resultado un parto doloroso. En el ciclo de Osiris sí que hay una narración sobre las dificultades del parto y está conectada con la violación de una directiva realizada por la divinidad principal.

Según el relato egipcio, Geb y Nut eran amantes, y Ra les prohibió que copularan. Desobedeciendo el mandamiento de Ra, hicieron el amor y provocaron la ira de la divinidad principal. Éste ordenó a Shu que los separara (la separación de los cielos y la tierra) y declaró que Nut no sería capaz de dar a luz ningún día del año, provocando que su malestar personal no tuviera fin. El dios Tot se apiadó de ella y consiguió la luz de la luna para crear cinco días adicionales al final del año. Ya que estos días no pertenecían al año regular, la acción de Tot permitió a Nut dar a luz a sus cinco hijos durante esos cinco días.

Anteriormente, identificamos a Geb y Nut con Adán y Eva, y los paralelismos continúan. Ambas parejas de esposos ignoraron una orden directa de la divinidad principal y ambas mujeres fueron castigadas con dificultades en los partos. Puesto que los autores de La Bíblia necesitaban mostrar esta narración en términos monoteístas, era necesario transformar a las numerosas divinidades egipcias en seres humanos. Al hacerlo, transformaron la narración específica de las dificultades de parto de Nut en el mito general sobre el proceso de parto de todas las mujeres.

Mito 30: Caín mató a Abel

El Mito: Conoció el hombre a su mujer, que concibió y parió a Caín, y dijo: «El Señor me ha dado un varón». Volvió a parir, y tuvo a Abel, su hermano. Fue Abel pastor, y Caín labrador; y al cabo del tiempo hizo Caín una ofrenda al Señor de los frutos de la tierra, y se la hizo también Abel de los primogénitos de su ganado, de lo mejor de ellos; y agradóse el Señor de Abel y su ofrenda, pero no de Caín y la suya. Se enfureció Caín y andaba cabizbajo, y el Señor le dijo: «¿Por qué estás enfurecido y por qué andas cabizbajo? ¿No es verdad que, si obraras bien, andarías erguido, mientras que, si no obraras bien estará el pecado a la puerta como fiera acurrucada, acechándote ansiosamente, a la que tú debes dominar? Cesa, que él siente apego a tí, y tú debes dominarle a él». Dijo Caín a Abel, su hermano: «Vamos al campo». Y cuando estuvieron en el campo, se alzó Caín contra Abel, su hermano, y le mató.

Preguntó el Señor a Caín: «¿Dónde está Abel, tu hermano?» Contestóle:

«No lo sé. ¿Soy acaso el guardián de mi hermano?» Y le dijo Dios: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano está clamando a mí desde la tierra (Gn 4, 1-9).

La Realidad: El relato de Caín y Abel tiene sus orígenes en el conflicto entre Set y Osiris, pero posteriormente la narración recibió la influencia de los mitos sumerios sobre un pastor llamado Dumuzi.

Adán y Eva tuvieron tres hijos varones llamados Caín, Abel y Set. Caín mató a Abel y Set fundó la línea de descendencia hebrea desde Adán hasta Abraham. En el Mito 17 observamos los paralelismos entre estos tres hijos de Adán y Eva y los tres hijos de Geb y Nut, los dioses Osiris, Horus, y Set, en el ciclo heliopolitano de la Creación. La narración del Génesis no sólo conserva uno de los nombres egipcios (Set), sino que, igual que en la narración egipcia, un hermano mata al otro y el tercero funda la línea de sucesión legítima. A pesar de los paralelismos, el autor del Génesis parece haber estado confundido acerca de quién es quién en la narración original.

Mito 31: Caín fundó una ciudad al este del Edén

El Mito: Caín, alejándose de la presencia del Señor, habitó la región de Nod al oriente de Edén. Conoció Caín a su mujer, que parió a Enoc. Púsose aquél a edificar una ciudad, a la que dio el nombre de su hijo Enoc. A Enoc le nació Irad, e Irad engendró a Mejuyael; Mejuyael a Matusael, y Matusael a Lamec (Gn 4,16-18).

La Realidad: Los cuatro posibles emplazamientos para la primera ciudad mitológica son Heliópolis o Tebas, ambas en Egipto, y Eridu o Bad-Tibira, ambas en Mesopotamia.

Cuando Dios descubre que Caín ha asesinado a Abel, declara: «Cuando la labres (la tierra) no te dará sus frutos, y andarás por ella fugitivo y errante» (Gn 4, 12). Pero, casi inmediatamente después, Caín construye la primera ciudad, algo que no concuerda en absoluto con ser un vagabundo y un fugitivo. La contradicción recalca la confusión de los editores bíblicos sobre la identidad de Caín.

Al principio, Caín substituía a Osiris (el hijo mayor de los cielos y la tierra).

En la tradición egipcia, Osiris vagabundeó por todas partes para enseñar habilidades a la humanidad. También construyó la primera ciudad en el emplazamiento del monte primitivo y cada centro de culto egipcio afirmaba ser el lugar donde Osiris fundó la primera ciudad. En la tradición mesopotámica, las ciudades eran construidas a instigación de los dioses, y los humanos hacían los trabajos sucios. Varios textos hacen referencia a cinco ciudades que fueron construidas en tiempos remotos: Eridu, Bad-Tibira, Larak, Sippar, y Shurrupak; todas datan de principios del tercer milenio a.C.

En hebreo, el nombre «Caín» significa «herrero» o «metalista». Los herreros eran artesanos y los depositarios de la sabiduría de las artes. Los primeros mitos egipcios no mencionan a los metalistas, pero en Mesopotamia, una de las primeras ciudades, Bad-Tibira, significa «fortaleza de los metalistas», o «muro de los metalistas».

El Génesis aporta pocas pistas acerca de la identidad de la ciudad construida por Caín. Estaba ubicada al este del Edén en una tierra conocida como

Nod, y Caín le dio el nombre de su hijo a la ciudad. Fl nombre de su hijo ei\i Enoc, pero una antigua costumbre trataba a los nidos como si fueran los lijos de la ciudad, y la ciudad podría haber sido nombnula Irad, como nieto de Caín.

Por una parte, puesto que Caín el vagabundo construyo solo una ciudad, y no cinco, como dicta la tradición mesopotámica, y que originariamente representaba a Osiris, deberíamos dar por sentado que construyo la ciudad en Egipto. Ya que su relato se origino a partir del mito heliopolitano de la Creación, la elección mas probable sería Heliópolis, «ciudad del Sol», al este del Nilo, donde nace el sol. O bien, dado que el primer relato de la Creación en el Génesis deriva del relato tebano de la Creación, en el cual se inspini el segundo relato de la Creación, la primera ciudad podría ser Tebas. El nombre bíblico de Tebas era No, una cercana aproximación a Nod.

Por otra parte, tal y como vimos en el Mito 30, los editores de La Bíblia desplazaron el relato de Caín como Osiris a las narraciones sumerias sobre Dumuzi, quien, según la lista de reyes súmerios, reinó en Bad-Tihira, «fortaleza de los metalistas», lo cual sugiere que los editores bíblicos trasladaron la primera ciudad, de manera intencionada o por error, desde Egipto a Mesopotamia. La identificación de Bad-Tibira con la herrería proporcionaba una buena conexión con Caín, el herrero, al menos para los editores posteriores de La Bíblia.

Por último, tenemos otra ciudad como posible candidata. Eridu, una de las primeras cinco ciudades ubicadas al sudeste de Babilonia, siempre aparece en primer lugar en la lista de las cinco, indicando que los mesopotámicos la consideraban la más destacada y la más importante. Como la primera y más importante ciudad mesopotámica, es una buena elección como el lugar donde Caín pudo haber edificado su centro urbano. El nieto de Caín se llamaba Irad, una aproximación cercana a Eridu, lo cual sugiere otra posible conexión.

Además, los mesopotámicos hicieron a Eridu la ciudad del dios Enki. Podría existir alguna conexión entre los nombres Enki y Enoc, estableciendo así un enlace directo con el hijo de Caín. Algunas literaturas antiguas otorgan a Enki el nombre adicional de Nudimmud, que parece proporcionar una conexión de raíz con la tierra de Nod, convirtiendo así a Eridu en la tierra de Nod.

Cualquier conexión entre la ciudad de Caín y Mesopotamia, sin embargo, se debería a un enlace posterior. La ciudad original habría estado ubicada en Egipto.

Mito 32: Dios envió un diluvio para destruir la humanidad

El Mito: La tierra estaba toda entonces corrompida ante Dios y llena de violencia. Viendo, pues, Dios que todo en la tierra era corrupción, pues toda carne había corrompido su camino sobre la tierra, le dijo a Noé: «He decidido el fin de toda carne, pues la tierra está llena de violencia a causa de los hombres, y voy a exterminarlos de la tierra (Gn 6,11 -13).

La Realidad: El relato de Noé y el diluvio se originó como una versión monoteísta del mito hermopolitano de la Creación y se presenta como un testimonio ampliado de los acontecimientos del primer día de la Creación.

En el mito hermopolitano de la Creación, cuatro entidades masculinas y cuatro femeninas surgieron del diluvio primitivo y se arrastraron hasta la primera tierra. Estos cuatro varones y féminas, conocidos como los Ogdóadas (es decir, grupo de ocho) dieron a luz colectivamente a Ra, la divinidad creadora, que flotaba sobre una flor de loto mientras un pájaro volaba sobre su cabeza.

Las cuatro divinidades masculinas eran Nun, Heh, Kek y Amón, quienes representaban los cuatro elementos primarios del universo antes de la Creación, pero en algunos textos son substituidos por otras divinidades. Nun representaba el diluvio primitivo y los egipcios lo solían retratar en forma antropomórfica, de pie y con las aguas primitivas cubriéndole hasta la cintura, mientras alza la barca solar con las otras divinidades dentro.

También en el relato de Noé cuatro machos y cuatro hembras surgen de un diluvio mundial después de que una montaña emerge de las aguas, pudiendo haber nacido durante ese intervalo de tiempo una sola criatura (véase el Mito 33) con algunas interesantes preguntas acerca de quienes eran sus padres. También incluye la aparición de aves, una de las cuales se comporta de manera distinta a las demás (véase el Mito 34). Además, los nombres de Noé y de sus tres hijos se parecen bastante a los nombres asociados con el ciclo egipcio de la Creación.

En el hebreo bíblico antiguo, la palabra «Noé» (que debería transcribirse como «Noach») consta sólo de dos letras, nun y ched. No sabemos cuales eran las vocales originales, porque el hebreo antiguo no utilizaba vocales. La asignación actual de las vocales es especulativa.

Es interesante observar que nun, el nombre hebreo de la primera letra del nombre de Noé, es la misma palabra que utilizan los egipcios para nombrar al diluvio primitivo. El nombre del héroe del diluvio bíblico, por tanto, se corresponde con el nombre de la divinidad egipcia que representa el gran diluvio de la Creación y que guía la barca solar a través de las aguas.

Otra coincidencia interesante entre Noé y Nun tiene que ver con la imagen de una serpiente. Los egipcios retrataban a las cuatro entidades masculinas de la Ogdóada (las ocho divinidades, incluyendo a Nun, que surgió del diluvio) como serpientes. En la escritura hebrea primitiva, la letra nun se desarrollaba a partir de la imagen de una serpiente.

Los nombres de los tres hijos de Noé, Sem, Cam, y Jafet, también presentan conexiones con el relato hermopolitano de la Creación. Sem es el mayor de los tres hijos de Noé y tiene un nombre de lo más inusual. En hebreo significa «nombre». Así, Noé llamó a su hijo «nombre», lo cual no tiene mucho sentido. Entre los judíos religiosos, sin embargo, la palabra shem se substituye a menudo por el nombre de Dios, y parece poco probable que los escribas hebreos tuvieran la intención de equiparar al hijo de Noé con la divinidad hebrea.

La palabra shem también forma la raíz de la palabra hebrea shemoneh, que significa ocho. Esto proporciona una conexión con la ciudad egipcia de Hermópolis. Hermópolis es el nombre griego de la ciudad, pero los egipcios la llamaban Shmn, que significa «ciudad-ocho», por las ocho divinidades hermopolitanas que surgieron del diluvio (la palabra hebrea y egipcia para «ocho» es la misma). Así, tanto el nombre del hijo de Noé —Sem—, como el nombre egipcio de la ciudad —Shmn—, se refiere a las ocho divinidades hermopolitanas que surgieron del diluvio primitivo.

Cam, el nombre del segundo hijo de Noé, se pronuncia «Chem» en hebreo, y es considerado el padre de las gentes egipcias y africanas. Cam se deriva de la antigua palabra egipcia keme, que significa «tierra negra» y hace referencia a la fértil tierra negra que queda cuando la inundación del Nilo retrocede.

El tercer hijo de Noé es Jafet, y muchos han intentado identificar el nombre Jafet con el griego lapetos, una divinidad mitológica cuyo hijo, Deucalio, ejerce de héroe en un mito griego de inundación. Por muy tentadora que resulte esa correlación, sólo cobra sentido si el mito griego hubiese influido el desarrollo de la narración bíblica, una conclusión para la cual no tenemos ninguna evidencia.

Sin embargo, si regresamos a la esfera egipcia, volvemos a hallar otra conexión. En hebreo antiguo, el nombre Jafet está formado por tres consonantes: «J-Ph-Th». Los sonidos «ph» y «th» son lingüísticamente equivalentes a «p» y «t», así que el nombre se puede escribir como J-PT. En hebreo, al combinar el nombre de Dios con otra palabra, uno utilizaría una «J» para el nombre de dios, que suele aparecer transcrito como «Jo» o «Ja» (en forma abreviada en inglés: Yo o Yah), En J-PT, la parte PT del nombre contiene las mismas letras utilizadas para el nombre de la divinidad creadora menfita, Ptah, así que Jafet sería el equivalente lingüístico del nombre «Dios-Ptah». Esta es una forma típica egipcia de combinación de nombres, como por ejemplo Atum-Ra o Ra-Herakhte. También sugiere el término hebreo utilizado habitualmente de «Señor Dios».

En nuestra explicación del primer día de la Creación (véanse Mitos 2-4), vimos que el primer día consolidaba la aparición de las ocho primeras divinidades hermopolitanas con la presencia de Ptah, que invocó a la primera luz. El nombre «Dios-Ptah» simboliza esa relación, combinando las ocho divinidades hermopolitanas con Ptah.

Los nombres de Noé y de sus tres hijos, por tanto, pueden considerarse correspondencias cercanas al mito hermopolitano de la Creación. Noé equivale a Nun, el diluvio primitivo; Cam significa la primera tierra que surgió de las aguas; Sem representa la ciudad de Hermópolis, Shmn, construida sobre la primera tierra (según la tradición hermopolitana), y Jafet corresponde a la divinidad creadora primaria, una forma combinada de las Ogdóadas hermopolitanas y Ptah. Debido a que los escribas hebreos necesitaban presentar al mundo un relato monoteísta, tuvieron que reescribir el relato para que las conocidas divinidades egipcias aparecieran con forma humana en este mito.

Mito 33: Cam era el padre de Canaán

El Mito: Fueron los hijos de Noé salidos del arca Sem, Cam y Jafet; Cam era el padre de Canaán (Gn 9, 18).

La Realidad: Canaán era originariamente el dios Ra en el mito hermopolitano de la Creación, y era el hijo de los cuatro machos del arca.

Según el mito hermopolitano de la Creación, las cuatro entidades masculinas y las cuatro femeninas dieron a luz colectivamente al dios Ra, la divinidad hermopolitana creadora y divinidad solar. En el relato de Noé, también aparece una sola criatura que nace durante el periodo del diluvio. Se llamaba Canaán y el escritor bíblico se muestra inexorable acerca de la identificación de su parentesco.

Primero, el texto dice: «Fueron los hijos de Noé salidos del arca Sem, Cam, y Jafet; Cam era el padre de Canaán». El pasaje sugiere que Canaán también salió del arca, pero no lo dice exactamente. Sólo tres versículos después, el autor nos vuelve a recordar el parentesco de Canaán: «Vio Cam, el padre de Canaán, la desnudez de su padre, y fue a decírselo a sus hermanos» (Gn 9, 22).

Estas son las primeras dos menciones de Canaán en La Bíblia, y en ambas ocasiones el versículo sugiere que el nacimiento de Canaán ha tenido lugar, pero no dice explícitamente en qué punto de la narración ocurre. Sin embargo, dos veces dice que Cam es el padre. Inmediatamente después sigue un pasaje enigmático:

Y tomando Sem y Jafet el manto, se lo pusieron sobre los hombros, y yendo de espaldas, vuelto el rostro, cubrieron, sin verla, la desnudez de su padre. Despierto Noé de su embriaguez, supo lo que con él había hecho el más pequeño de sus hijos, y dijo: «Maldito Canaán, esclavo de los esclavos de sus hermanos será». Y añadió. «Bendito el Señor, Dios de Sem. Y sea Canaán su esclavo. Dilate Dios a Jafet, y habite éste en las tiendas de Sem y sea Canaán su esclavo» (Gn 9, 23-27).

En la escena anterior, Cam había visto a su padre desnudo y se lo había contado a sus hermanos. Entonces los otros dos hermanos taparon a su padre. Pero cuando Noé despertó maldijo al «más pequeño de sus hijos», Canaán, no Cam, quien le había visto desnudo. Puesto que esto sucede poco después de que Noé y su familia desembarcan, ¿de dónde salió Canaán, y cómo podía tener la edad suficiente para provocar dicha travesura, a no ser que ya hubiese estado en el arca?

Para que no exista confusión alguna sobre si el autor equivocadamente substituyó a Cam por Canaán como el hijo más pequeño, deberíamos observar que en todas las ocasiones en que La Bíblia menciona a los tres hijos de Noé juntos, el nombre de Cam aparece en segundo lugar. Se trataría de una formula literaria cuya intención sería informar al lector de que Cam era el segundo hijo, y no el más pequeño.

¿Quién era el padre de Canaán, Noé o Cam? El tema debió estar rodeado de bastante confusión, porque en algún momento al menos un editor de La Bíblia consideró que era necesario reiterar varias veces que Cam era el padre. La confusión se originó a partir del hecho de que en la tradición hermopolitana, cuatro entidades masculinas del arca eran los padres del mismo hijo, y esto no tenía ningún sentido para los hebreos monoteístas posteriores. Era necesario volver a examinar el tema del parentesco.

La identificación de Cam como padre de Canaán se debería a un cambio posterior, bien entrado en el periodo de la monarquía hebrea (véase el Mito 45). Se originó a partir de la idea que la tierra de Egipto (es decir, Cam) era padre de la tierra de Canaán, una creencia que se ve reflejada en Génesis 10, donde se pretende realizar un seguimiento del origen de las naciones tras el diluvio.

Esto sugiere que Canaán originariamente tenía un nombre distinto; un nombre que reflejaría su conexión con el dios solar Ra en su forma infantil. (Ra tenía varios nombres diferentes. Hay una letanía que enumera al menos setenta y cinco.) Esto explicaría por qué Noé maldice a Canaán en vez de a Cam. Originariamente Canaán representaba al dios Ra, la divinidad hermopolitana creadora, y los sacerdotes hebreos necesitaban disminuir la influencia del Ra egipcio sobre las creencias de los primeros refugiados hebreos de Egipto.

Mito 34: Noé liberó a unos pájaros para saber si se había secado la tierra

El Mito: Y para ver cuánto habían menguado las aguas, soltó un cuervo, que volando iba y venía, mientras se secaban las aguas sobre la tierra. Siete días después, para ver si se habían secado ya las aguas sobre la superficie de la tierra, soltó una paloma, que como no hallase dónde posar el pie, se volvió a Noé, al arca, porque las aguas cubrían todavía la superficie de la tierra. Sacó él la mano, y tomándola la metió en el arca. esperó otros siete días, y al cabo de ellos soltó otra vez la paloma, que volvió a él al atardecer, trayendo en el pico una ramita de olivo. Conoció Noé que habían disminuido las aguas sobre la tierra; pero todavía esperó otros siete días y volvió a soltar la paloma, que ya no volvió más a él (Gn 8, 7-12).

La Realidad: El redactor de La Bíblia combinó una escena del relato egipcio de un pájaro durante el nacimiento de Ra con un episodio de narraciones babilonias de diluvios.

Otro fragmento del mito hermopolitano de la Creación habla de la aparición de un pájaro durante el nacimiento de Ra. Aunque, como vimos anteriormente, los redactores de La Bíblia presentaron un testimonio confuso sobre el nacimiento de Canaán, el contexto dejaba claro que éste nació durante el diluvio. También sugería que era más que un bebé cuando desembarcó, siendo este un problema bastante confuso que trataremos en breve.

Aunque no podemos correlacionar la aparición del pájaro benben (Benu) con el nacimiento de Canaán, sí podemos mostrar que el pájaro benben apareció en la narración original del diluvio.

En el Génesis, después de que Noé y su familia llegan a la cima de una montaña, Noé libera simultáneamente una paloma y un cuervo para ver si son capaces de encontrar un lugar lo bastante seco donde posarse. La paloma regresa, pero el cuervo vuela durante dos semanas mientras se seca la tierra. Noé suelta a la paloma dos veces más y, durante el tercer vuelo, la paloma no regresa, señalando que la inundación ha retrocedido.

No queda claro por qué Noé no pudo sencillamente mirar desde la cima de la montaña para ver si podían desembarcar. Ni tampoco tenemos una explicación de por qué soltó dos pájaros el mismo día.

El incidente de los pájaros presenta un paralelismo sorprendente con el mito mesopotámico del diluvio conservado en la épica del Poema de Gilgamesh. En esa narración, Utnapishtim, el héroe del relato del diluvio, también se sitúa sobre la cima de una montaña y en tres ocasiones libera pájaros por el mismo motivo que lo hace Noé. Son este tipo de detalles los que llevan a la conclusión de que el autor de Gilgamesh y el autor de La Bíblia compartían fuentes comunes para sus relatos.

Pero las narraciones de los pájaros de Gilgamesh y Noé presentan unas diferencias que confunden. En la primera, Utnapishtim libera tres pájaros distintos en el siguiente orden: paloma, golondrina y cuervo. Noé, sin embargo, libera cuatro pájaros en tres ocasiones. Al principio suelta a una paloma y a un cuervo. La paloma regresa, pero el cuervo sigue volando por ahí. Luego vuelve a soltar a la misma paloma dos veces más. ¿Por qué en el Génesis se sueltan pájaros cuatro veces y en la narración de Gilgamesh sólo tres veces?

La contradicción recalca los problemas con los que se enfrentaba el redactor bíblico. Por un lado, tenía un relato de Egipto en el cual un solo pájaro volaba sobre el diluvio. Por otra, tenía un relato de Mesopotamia en el cual tres pájaros eran liberados y dos regresaban. En total, tenía cuatro pájaros, dos que regresaban y dos que no.

El editor bíblico colocó a los cuatro pájaros en el relato revisado, pero el cuervo planteaba un problema especial. En la épica del Poema de Gilgamesh, el héroe liberaba una paloma al principio de la secuencia y un cuervo al final; la paloma regresaba y el cuervo no. En el Génesis, Noé libera una paloma y un cuervo a la vez y, como en el Gilgamesh, la paloma regresa y el cuervo no. En el Poema de Gilgamesh, el héroe también libera una golondrina, pero en el Génesis este pájaro no aparece. En cambio, Noé suelta la paloma dos veces más.

El redactor bíblico debió encontrarse con más de una fuente para el relato del diluvio babilonio, la versión tradicional de Gilgamesh con una golondrina, una paloma y un cuervo, y otro relato con sólo palomas o pájaros sin identificar. A través de los escritos de Beroso, un sacerdote Babilonio de la época de Alejandro Magno, sabemos que al menos una versión del relato incluía la liberación de tres grupos de pájaros no identificados.

En la fuente egipcia, el pájaro que no regresa habría sido un pájaro ben-ben, que los egipcios identificaban con la garza, y ésta se comportaba de manera distinta a los pájaros babilonios, sobre todo porque no tenía necesidad de buscar tierra firme, ya que permanece en el aire y vuela hasta que aparece la primera tierra.

El autor de La Bíblia, que sabía por los relatos babilonios que debía ofrecer una explicación por un cuervo que no regresa, substituye sencillamente el cuervo babilonio por la garza egipcia, y la deja volar por todas partes hasta que encuentra un lugar donde posarse.

Mito 35: El diluvio tuvo lugar durante la décima generación de la humanidad

El Mito: Noé tenía seiscientos años de edad cuando el diluvio inundó la tierra (Gn. 7,6).

La Realidad: Para ajustarse a las tradiciones babilonias, los redactores de La Bíblia trasladaron el relato del diluvio desde el primer día de la Creación a la décima generación de la humanidad.

El Génesis sitúa a Noé en la décima generación desde Adán y sitúa el diluvio en el año seiscientos de Noé. A partir de la cronología del Génesis (en el texto masorético), sabemos que el diluvio tuvo lugar 1656 años después del nacimiento de Adán, pero debido a una serie de incongruencias y contradicciones en los datos bíblicos relacionados con la fecha del Éxodo (véase el Mito 72), no podemos determinar con precisión el año en que Adán fue creado. Dentro de los parámetros aceptados, sin embargo, podemos datar su aparición entre 4004 y 3761 a.C. La segunda fecha proviene de las tradiciones judías, mientras que la primera se deriva de los cálculos realizados por el obispo Usher en el siglo xvn. Otras estimaciones nos dan una fecha para el diluvio entre 2348 y 2105 a.C., lo cual es un margen de tiempo totalmente inverosímil.

La I dinastía Egipcia data de 3100 a.C. y mediante una gran cantidad de evidencias arqueológicas egipcias, de Oriente Próximo y del Mediterráneo sabemos que no tuvo lugar ningún diluvio mundial (o al menos a gran escala en Oriente Próximo) después del inicio de la I dinastía Egipcia. Por tanto, basado exclusivamente en datos arqueológicos, el diluvio bíblico no pudo haber ocurrido durante ninguna de las fechas señaladas para Noé.

Ya que La Bíblia también nos cuenta que Moisés se crió como un hijo adoptado por la familia real, podría haber recibido una educación egipcia de primera categoría y habría conocido la historia de Egipto desde la I dinastía hasta su propia época. Si él hubiese creído en algún diluvio a gran escala, lo habría situado mucho antes de la I dinastía egipcia, y no en tiempos de Noé.

Tal y como vimos en los Mitos 32-33, el relato del diluvio de Noé se originó a partir del mito hermopolitano de la Creación y debió suceder antes de la aparición de la humanidad.

Entonces, ¿por qué los editores de La Bíblia cambiaron periodos de tiempo? La respuesta se encuentra en una forma corrupta de la antigua lista de reyes sumerios, que registraba la sucesión de monarcas que reinaron en la antigua Mesopotamia, tanto antes como después del diluvio de la mitología babilonia.

En las versiones mesopotámicas del diluvio, éste tuvo lugar mucho después de la Creación. En un documento sumerio que data de 2000 a.C., tenemos una lista de los primeros ocho reyes de Sumer. Estos reyes reinaron de manera combinada durante 241 mil años, y el diluvio ocurrió durante el octavo mandato. Pero en una versión posterior de esta lista, que data del siglo iv a.C, el diluvio tuvo lugar durante el reinado de un décimo rey llamado Ziusudra, y pasaron 432 mil años antes de que llegara el diluvio. Ziusudra no aparece en la primera lista de reyes sumerios, pero su nombre corresponde a una pronunciación heleniza-da, uno de los nombres del héroe del diluvio babilonio. (No podemos decir en qué momento se modificó la lista de reyes sumerios, sólo que ocurrió entre 2000 y 400 a.C. Si lo supiéramos con exactitud, esto tendría un enorme impacto sobre la fecha en que se formuló el texto bíblico).

Mientras que los textos babilonios también datan el diluvio decenas de miles de años antes de la época de Noé, el situar el diluvio en la décima generación de un reinado establece un paralelismo con la situación de Noé en la décima generación de la humanidad. La cifra de 432 mil años de la segunda lista de reyes, tal y como veremos a continuación, añade un segundo paralelismo de correspondencia con el relato bíblico.

Los babilonios utilizaban unos espacios de tiempo enormes e inverosímiles en sus listas de monarcas, de decenas de miles de años para cada uno de los primeros reyes. También dividían estos espacios de tiempo en unidades menores, de las cuales una se llamaba saroi, y duraba 3600 años. Un período de 432 mil años, por tanto, equivale a 120 sarois. Esto nos recuerda que en el relato bíblico, Dios le dice a Noé: «No permanecerá por siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne. Ciento veinte años serán sus días» (Gn 6, 3).

¿Qué significa decir que «ciento veinte años serán sus días»? Una interpretación es que 120 años definía la vida más larga permitida para los humanos. Pero, después del diluvio, varias generaciones vivieron más de 120 años, así que esto no puede ser correcto. Otra interpretación es que este era un aviso de que el diluvio llegaría dentro de 120 años. Este sería el significado correcto, pero los 120 años habrían sido originariamente 120 sarois, y el aviso habría sido que el diluvio tendría lugar 120 sarois después de que el primer rey llegara al poder.

La cronología bíblica no podía permitir un período de tiempo tan enorme, y los redactores sencillamente dieron por sentado que los «sarois» se debían substituir por «años» para así acomodar la cronología ya existente en el Génesis.

Mito 36: Toda la vida terrenal se había vuelto corrupta y debía ser destruida

El Mito: La tierra estaba corrompida ante Dios, y llena de violencia. Vio, pues, Dios que todo en la tierra era corrupción, pues toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. Dijo entonces Dios a Noé:

«El fin de toda carne ha llegado a mi presencia, pues está llena de violencia a causa de los hombres, y voy a exterminarlos de la tierra» (Gn 6, 11-13).

La Realidad: El tema de la corrupción terrenal y su castigo combina un mito egipcio perteneciente al «Libro de la Vaca Divina» con relatos babilonios sobre el ahogamiento de la humanidad.

El Génesis ofrece dos explicaciones diferentes para la ira de Dios contra la humanidad y por qué envía el diluvio. En Génesis 6, 5-7, la ira de Dios se enciende primero a causa de la maldad presente en la humanidad, pero por algún motivo que no se explica, decide destruir no sólo a los humanos, sino también a las bestias, los reptiles y las aves.

Viendo el Señor cuánto había crecido la maldad del hombre sobre la tierra y que su corazón no tramaba sino aviesos designios todo el día, se arrepintió de haber hecho al hombre en la tierra, doliéndose grandemente en su corazón, y dijo: «Voy a exterminar al hombre que creé sobre la superficie de la tierra; y con el hombre, a los ganados, reptiles y hasta las aves del cielo, pues me pesa haberlos hecho» (Gn 6, 5-7).

Génesis 6, 11-13 trata de la corrupción y violencia más que de la maldad, e imputa dicho comportamiento a todas las criaturas, no sólo a los humanos, diciendo que la tierra esta corrompida y toda la carne (no sólo la carne de la humanidad) ha corrompido las enseñanzas de Dios.

La primera explicación sugiere un desorden natural entre todas las especies, mientras que la segunda sugiere un desorden moral sólo entre los humanos.

En el «Libro de la Vaca Divina» encontramos una situación parecida a la primera explicación. La humanidad se había vuelto corrupta y se había rebelado contra la autoridad de Ra, quien, en este relato, era la divinidad principal de los dioses.

Ra enfoca su justo castigo sólo contra los elementos corruptos. Animado por Nun, la representación antropomórfica del diluvio primitivo, Ra envía al cielo (en forma de la diosa Hathor) para destruir al enemigo. Como en el Génesis, la divinidad se arrepiente de su respuesta violenta y detiene la destrucción. El relato egipcio también incorpora un modesto diluvio, pero su objetivo era el de distraer a Hathor de su misión destructora, en vez de ahogar a la humanidad. Con todo, hacer que Nun, el diluvio primitivo, dirija a Hathor, el cielo, para que destruya la tierra, proporciona una poderosa imagen poética- de las aguas superiores y las aguas inferiores que se combinan para destruir la humanidad. Esto concuerda con la imagen presentada por La Bíblia.

A ios seiscientos años de la vida de Noé, el segundo mes, el día diecisiete de él, se rompieron todas las fuentes del abismo, se abrieron las cataratas del cielo (Gn 7, 11).

El relato egipcio corresponde a aquella parte de la narración en la cual sólo la maldad de la humanidad era el tema de preocupación: la humanidad había sido mala y debía ser castigada. Pero La Bíblia también condena a muerte a todas las criaturas vivientes, mientras que el relato egipcio sólo castiga a los malhechores.

Esta incongruencia entre las dos explicaciones del diluvio surge de los esfuerzos de los redactores de La Bíblia para integrar los mitos egipcios y babilonios. En ambos casos, las fuentes extranjeras hablan de un tiempo posterior a la Creación cuando la divinidad principal se enfadó con la humanidad e intentó destruir la raza. Pero existían algunas diferencias en las dos narraciones de origen.

En la narración egipcia, la humanidad se comporta mal y el dios dirige su venganza sólo contra los malhechores. En la narración babilonia, los dioses sencillamente deciden acabar con todas las criaturas vivientes, tanto hombres como bestias. De manera sorprendente, el autor del mito de Gilgamesh no ofrece explicación alguna para esta acción destructora. Si bien, en un momento de la narración, una de las divinidades castiga a la divinidad principal por sus actos sin sentido:

«Oh guerrero, el más sabio de los dioses: ¿Cómo habéis podido sin reflexionar provocar este diluvio?»

Una versión anterior del relato babilonio del diluvio, conocida como Atrahasis, proporciona el motivo que falta: la humanidad se había vuelto demasiado ruidosa y su comportamiento irritaba a los dioses y diosas. Por consiguiente, la divinidad principal envía un diluvio para acabar con toda la vida terrenal.

Puesto que el relato babilonio del diluvio describe la destrucción de toda la vida terrenal a excepción de la que se encuentra en el arca de Utnapishtim, por motivos de concordancia, los editores de La Bíblia cambiaron el final del relato egipcio en el cual Ra destruye sólo a los malvados, a otro en el cual destruye toda la vida terrenal excepto la que se halla en el arca de Noé. Al volver a contar la leyenda del diluvio, los redactores bíblicos combinaron porciones tanto de los relatos egipcios como de los babilonios.

Mito 37: Los hijos de Dios se casaron con las hijas del hombre

El Mito: Y... los hijos de Dios se unieron con las hijas de los hombres y les engendraron hijos. Estos son los héroes, los famosos varones de la antigüedad (Gn 6, 4).

La Realidad: El relato describe las condiciones políticas durante el primer periodo intermedio de Egipto (h. 2300-2040 a.C.).

Los redactores de La Bíblia dataron el diluvio entre 2348 y 2105 a.C. Este espacio de tiempo coincide con el Primer Periodo Intermedio de Egipto, una era de gran caos, corrupción y guerra civil. Tal y como «dice un papiro:

El arquero está preparado. El malhechor está por todas partes. No hay ningún hombre de ayer. Un hombre ase un arado con su escudo. Un hermano golpea a su hermano, el hijo de su madre. Los hombres esperan en los matorrales la llegada del viajero ignorante para robarle. El ladrón es poseedor de riquezas. Las cajas de ébano se rompen. La preciada madera de acacia se parte en dos.

En esta época, el centro de los problemas políticos de Egipto era la decreciente autoridad de los monarcas reinantes en Menfis y la creciente rebeldía de los señores de la guerra locales procedentes de la ciudad egipcia de Heracleópolis. Los opositores consiguieron su-ficiente poder para declararse los dirigentes oficiales de Egipto, pero los; escritores egipcios posteriores consideraban que la dinastía heracleopolita era ilegitima, y muchas listas de reyes egipcios la omitían del listado de monarcas.

Según las creencias egipcias, el rey personificaba al dios Horus, una divinidad solar que se convirtió en rey de Egipto tras la muerte de su padre Osiris, y cualquier desafío a la autoridad del binomio Horus/faraón constituía un desafío al orden natural del universo. Los egipcios eran muy conservadores en sus tradiciones, y no reconocían los cambios importantes de buen grado. Menfis había sido la sede de la autoridad real durante casi ochocientos años cuando Heracleópolis la desafió para acceder al poder. La reivindicación de la oposición tenía que estar basada tanto en argumentos teológicos como políticos.

Desde un punto de vista teológico, Heracleópolis debía demostrar que sus reyes, y no los de Menfis, continuaban la línea de sucesión de Horus. Desde un punto de vista político, necesitaban tener una base razonable para realizar tal reivindicación. La unidad de los argumentos teológicos y políticos nacería probablemente del matrimonio entre miembros de las familias heracleopolitas y menfitas gobernantes. Los hijos de ese matrimonio proporcionarían una base para un desafío político y teológico contra cualquier sucesor alternativo preferido por Menfis.

Esto nos conduce nuevamente al Génesis, que sitúa el diluvio y la era de maldad que lo precede durante el primer periodo intermedio de Egipto (h. 2300-2040 a.C.). Génesis 6,5 indica el deseo de Dios de destruir la humanidad debido a la maldad de ésta. Inmediatamente antes de este versículo, el Génesis ofrece un pasaje introductorio para explicar por qué las cosas no iban bien. Los «hijos de Dios» se habían casado con las «hijas del hombre» y habían engendrado hijos. Como resultado, los descendientes se habían vuelto corruptos y malvados.

¿Quiénes eran los hijos de Dios y las hijas del hombre? La explicación tradicional mantiene que los hijos de Dios eran los descendientes de Set (el tercer hijo de Adán y Eva, y el antepasado del pueblo hebreo) y las hijas del hombre eran los descendientes de Caín. Esto crea un parentesco que mezcla los malditos y los benditos. Pero si observamos el relato en un contexto egipcio, hay otra interpretación que tiene más sentido.

Los hijos de Dios eran los hijos de un faraón reinante, o sea, los hijos de Horus. Las hijas del hombre eran las hijas de una familia que no formaba parte de la realeza. Durante el Primer Periodo Intermedio, Heracleópolis desafió a Menfis por el derecho a gobernar. Detrás de ese desafío existiría el matrimonio entre un hijo de la familia real menfita y una hija de la familia heracleopolita gobernante. Tras la muerte del faraón, varias facciones de Menfis y Heracleópolis se disputarían el puesto de sucesor legítimo. El vacío de poder resultó en reivindicaciones para competir por el trono, y en un periodo de corrupción generalizada, caos y guerra civil. Los acontecimientos de esta época consiguieron entrar en la narración del Génesis como el relato de los hijos de Dios y las hijas del hombre.

Mito 38: Noé salvó sólo a una pareja de cada especie

El Mito: Y de todo ser viviente de toda carne meterás parejas en el arca para que tengan vida contigo; serán macho y hembra (Gn (6, 19).

La Realidad: El Génesis contiene afirmaciones contradictorias acerca de cuántos animales embarcaron.

La mayoría de nosotros ha oído decir que Noé subió a bordo del arca a una pareja de cada especie para así repoblar el mundo tras el diluvio. Pero el Génesis conserva una declaración contradictoria acerca del número de animales que subieron a bordo. En Génesis 7, 2-3 dice:

De todos los animales puros toma siete parejas, machos y hembras, y de los impuros, una pareja, macho y hembra. También de las aves del cielo siete parejas, machos y hembras, para que su descendencia se conserve sobre la faz de la tierra toda.

Esta contradicción surge a raíz de los conflictos religiosos sobre el tema del sacrificio de los animales. Los autores de la fuente J creían en la práctica del sacrificio de animales, en cambio los autores de la fuente S no.

Tras el diluvio, Noé sacrifica animales a Dios. Si sólo hubiese tenido dos de cada especie, un macho y una hembra, los animales sacrificados no podrían reproducirse y repoblar la especie. Por tanto, tenía que incluir animales adicionales para sacrificar. Ya que los autores de la fuente S no creían en el sacrificio de animales, no necesitaban más que una pareja de macho y hembra para sus necesidades reproductoras.

Sin embargo, ¿por qué era necesario salvar a los animales? Sabemos por Génesis 1 que Dios podía crear animales a partir del agua, y por Génesis 2 que los podía crear de la tierra. Tras el diluvio. Dios podía haber creado todos los animales que quisiera.

Mito 39: La lluvia duró cuarenta días y cuarenta noches

El Mito: Porque dentro de siete días voy a hacer llover sobre la la tierra , cuarenta días y cuarenta noches, v exterminaré de la tierra cuanto hice... y estuvo lloviendo sobre la tierra durante cuareuta días v cuarenta noches .(Gn 7.4. 12).

La Realidad: fas fuentes J y S discrepan acerca de cuando cesaron las lluvias. La J dice que duraron cuarenta días, mientras que la S dice que duraron 150.

Los redactores bíblicos trabajaron a partir de dos cronologías del diluvio distintas, una de la fuente J y otra de la fuente S. Según la fuente J las lluvias duraron cuarenta días. Según la fuente S, las lluvias duraron 150 días.

En Génesis 7, 12 dice que diluvió sobre la tierra cuarenta días y en Génesis 7, 17 se nos dice que diluvió sobre la tierra durante cuarenta días. Luego Génesis 8, 6 dice que, pasados cuarenta días nmas, Noé abrió la ventana del arca para liberar a los pájaros. Aunque los tres periodos de cuarenta días podrían ser uno sólo y el mismo, en el contexto parecen ser periodos secuenciales. Resulta interesante observar que tres periodos de enarenta días suman 120 días, la duración de la temporada de lluvias egipcias según el calendario solar.

Entremezclados con estos tres versículos hay otros pasajes que también mencionan la cronología del diluvio. Génesis 7, 24 dice que las aguas persistieron durante 150 días y dos versículos después dice: "Cerráronse las fuentes del abismo y las cataratas del cielo, y ceso de llover" (Gn 8, 2). Al leer la narración en orden cronológico tal y como pretendían los editores de La Bíblia, encontramos que ha pasado un periodo de 150 días desde que las aguas suben de nivel el cese de la lluvia-

Hay dos periodos distintos de lluvia porque los editores de La Bíblia travbajaron a partir de dos narraciones distintas. En una versión, derivada de de la fuente J, el relato del diluvio está basado en el calendario solar egipcio que los egipcios dividían en tres temporadas de 120 días, de las cuales una era la temporada de inundación, con cinco días añadidos al final del año. En la otra, derivada de la fuente S, el relato del diluvio está basado en el calendario egipcio solar-lunar, un ciclo que duraba veinticinco años, con 309 meses completos.

El conflicto entre las dos fuentes se ve aumentado en las declaraciones acerca de cuándo se secó la tierra. Génesis 8, 13 dice que la tierra se secó el primer día del primer mes del año 601 de la vida de Noé. El siguiente versículo dice que la tierra se secó el día veintisiete del segundo mes del año 601 de Noé. Parte de esta confusión ocurre porque el primer periodo seco sucedió el día 309 de la cronología de la fuente S, marcando la conexión con el calendario solar-lunar, pero que a la vez marca el día 360 después del cumpleaños 600 de Noé en la cronología de la fuente J, marcando la conexión con el calendario solar.

Mito 40: El diluvio cubrió la tierra entera y todas las montañas

El Mito: Quince codos subieron las aguas por encima de ellos, y así fueron cubiertos los montes (Gn 7, 20).

La Realidad: Quince codos equivalen a una profundidad de aproximadamente 7,5 metros, lo suficiente para cubrir la tierra, pero ninguna montaña.

Aunque el Génesis dice que las aguas subieron lo suficiente para cubrir todas las montañas, sólo da una altura de quince codos. El codo tiene un largo aproximado de unos cincuenta centímetros. Quince codos miden unos siete metros y medio, no lo bastante para cubrir un monte de mediana altura, y desde luego ninguna montaña.

La discrepancia en La Bíblia entre las imágenes de un diluvio mundial que cubre montañas y la de una inundación superficial de sólo siete metros y medio, surge del hecho de que uno de los relatos del diluvio del Génesis estaba basado en el calendario de temporadas y se refería a la temporada de inundaciones anuales egipcias, cuando el Nilo se desbordaba. En cambio, el otro relato del diluvio del Génesis se refiere a Nun, el diluvio primitivo en la mitología egipcia.

Mito 41: Tras el diluvio, Noé sacrificó a todos los animales puros

El Mito: Alzó Noé un altar al Señor, y tomando de todos los animales puros y de todas las aves puras, ofreció sobre el altar un holocausto! (Gn8,20). 

La Realidad: Noé no pudo haber sacrificado a todos los animales puros ¡ porque necesitaba algunos de ellos para la reproducción de esa especie.

Noé llevó a bordo siete parejas de cada especie pura, es decir, especies! adecuadas para ser sacrificadas. Génesis 8,20 dice que tras el diluvio, Noé sacrificó a todos los animales puros sobre un altar. Ya que los animales puros han sobrevivido hasta el presente, Noé no pudo haberlos sacrificado a todos.

Mito 42: Todas las criaturas vivientes que no se subieron al arca perecieron

El Mito: Y exterminó a todos los seres que había sobre la superficie de la tierra, desde el hombre hasta la bestia; y los reptiles y las aves del cielo fueron exterminados de la tierra, y quedaron sólo Noé y los que con él estaban en el arca (Gn 7, 23).

La Realidad: Una raza de gigantes, llamados nefilim en La Bíblia, sobrevivió al diluvio.

Antes del diluvio, La Bíblia dice que existía una raza de gigantes (véase Gn 6,4). La palabra hebrea que se traduce como «gigante» es nefilim. En Números 13,33, vemos que tras el Éxodo, los israelitas vieron a los gigantes, hijos de Anak. Una vez más la palabra traducida para «gigantes» es nefilim. Así, tenemos una raza de nefilim antes del diluvio y una raza de nefilim en tiempos de Moisés. Puesto que no había nefilim a bordo del arca, ¿cómo pudo sobrevivir la raza? Algunas tradiciones folclóricas mantienen que los nefilim se agarraron al arca durante el diluvio y flotaron a su vera, pero el pasaje bíblico dice específicamente que sólo Noé y aquellos a bordo del arca sobrevivieron. Si los nefilim sobrevivieron al diluvio, tal vez otros también lo consiguieron.

Mito 43: Dios confundió el idioma común de la humanidad y dispersó a las gentes por todo el mundo

El Mito: Era la tierra toda de una sola lengua y de unas mismas palabras. En su marcha desde el Oriente hallaron una llanura en la tierra de Senaar, y se establecieron allí. Dijéronse unos a otros: «Vamos a hacer ladrillos y a cocerlos al fuego». Y se sirvieron de los ladrillos como de piedra, y el betún les sirvió de argamasa; y dijeron: «Vamos a edificarnos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue hasta el cielo y hagámonos un monumento, por si tenemos que dividirnos por la faz de la tierra». Bajó el Señor a ver la ciudad y la torre que estaban haciendo los hijos de los hombres, y se dijo: «He aquí un pueblo uno, pues tienen todos una lengua sola. Se han propuesto esto, y nada les impedirá llevarlo a cabo. Bajemos, pues, y confundamos su lengua, de modo que no se entiendan unos a otros». Y los dispersó de allí el Señor por toda la faz de la tierra, y así cesaron de edificar la ciudad. Por eso se llamó Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de la tierra toda, y de allí los dispersó por la faz de toda la tierra (Gn 11, 1-9).

La Realidad: Los hijos de los hijos de Noé hablaban diferentes idiomas y vivían en distintos países mucho antes de los acontecimientos que se describen en este relato.

La narración bíblica de la Torre de Babel comienza con la afirmación de que el mundo entero hablaba una sola lengua. Luego dice: «En su marcha desde Oriente hallaron una llanura en la tierra de Senaar». ¿A quién hace referencia este «ellos» que se menciona en la narración?

Probablemente, «ellos» hace referencia al último grupo de personas mencionadas que preceden a esa referencia, es decir, la «descendencia de los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet» (Gn 10, 1). En Génesis 10 se divide a los descendientes de Noé en tres ramas, cada una asociada a uno de sus hijos, y, según el relato, estos descendientes fundaron numerosas naciones y hablaban distintas lenguas. Acerca de los hijos de Jafet, por ejemplo, La Bíblia dice: «De éstos se poblaron las islas de las gentes en sus tierras según sus lenguas, familias y naciones» (Gn 10, 5).

A excepción de la genealogía de Noé y la afirmación de que «marcharon desde el Oriente», no tenemos ningún otro antecedente que defina a quién se refiere «ellos». Génesis 10 informa de que el mundo ya había sido dividido en naciones y se hablaban muchas lenguas mucho antes del relato de la Torre de Babel. Esto se contradice con Génesis 11,1, que mantiene que el mundo entero hablaba un solo idioma. La genealogía de Noé, que divide a su familia en varias naciones, también contradice la afirmación de que la humanidad estaba dispersa por el mundo tras el intento de construir una torre que llegara hasta los cielos.

Mito 44: El arca se asentó sobre las montañas de Ararat

El Mito: El día diecisiete del séptimo mes se asentó el arca sobre los montes de Ararat (Gn 8,4).

La Realidad: La montaña del relato del diluvio se refería en origen a la montaña primitiva en Egipto. Después de que los israelitas se trasladaran a Canaán, estos cambiaron la ubicación a los montes de Ararat, considerados el punto más alto del mundo.

En Génesis 8,4, se dice que el arca de Noé se posó sobre las montañas de Ararat. Generalmente, cuando alguien hace referencia a este acontecimiento, habla del emplazamiento como el monte Ararat, pero La Bíblia sólo dice que era una de las montañas de Ararat. No dice cual de ellas. La zona comprendida por el antiguo Ararat ahora cruza las fronteras actuales de Turquía, Rusia, Irán e Irak.

Sin embargo, Génesis 11,2 sugiere que los supervivientes del diluvio se posaron en un lugar muy distinto. Según ese versículo, los supervivientes viajaron desde una ubicación sin identificar al este de Babilonia y siguieron en dirección oeste hacia Babilonia. Fue en la llanura de Senaar, el territorio que rodea Babilonia, donde esos supervivientes desataron la ira de Dios al intentar construir la Torre de Babel.

Ararat, sin embargo, está muy al norte y ligeramente al oeste de Babilonia. Los supervivientes habrían tenido que viajar en dirección sudeste de Ararat, y no hacia el oeste para llegar a Senaar.

Si usted se encuentra en Ararat, no puede llegar a Senaar si viaja en dirección oeste. Tiene que ir hacia el sudoeste. Que los viajeros viajaran desde oriente refleja los orígenes del relato del diluvio como una variante del mito hermopolitano de la Creación. En el relato egipcio, la divinidad creadora Ra aparece primero como un niño flotando sobre una hoja de loto. Cuando se convierte en adulto, inicia sus actos de Creación. Esto significa que el joven Ra viajó en dirección oeste sobre su hoja de loto, haciéndose mayor al mismo tiempo que el sol recorría el cielo.

La montaña donde aterrizó el arca habría sido la montaña primitiva en Egipto primera tierra donde se irguió el Creador egipcio y llevó a cabo sus actos. Cuando los editores bíblicos dejaron de identificar el relato del diluvio con el mito egipcio de la Creación, trasladaron el arca a una cordillera que ellos creían ser la más alta de todas las demás. Ya que el relato bíblico menciona un nombre de montaña distinto al del mito babilónico del diluvio, el cambio de ubicación desde Egipto a Ararat seguramente tuvo lugar antes de que Babilonia conquistara Israel en 587 a.C.

Mito 45: Los hijos de Noé formaron las naciones del mundo

El Mito: Estas son las familias de los hijos de Noe, según sus genenicio-nes y naciones. De éstos se dividieron los pueblos de la tierra después del diluvio (Gn 10,32).

La Realidad: La lista de naciones atribuidas a la familia de Noe es una añadidura posterior al Génesis, y refleja las relaciones políticas de principios del primer milenio a.C.

En Génesis 10 se enumeran las tres ramas del árbol genealógico de Noé, una para cada uno de sus tres hijos. La Bíblia dice que cada uno de los descendientes que se mencionan corresponde a alguna entidad geográfica. Esta lista suele llamarse «Tabla de Naciones» o «Familia de Naciones».

Varios de los nombres de la lista corresponden a territorios o a gentes conocidos, pero la gran mayoría de nombres no se pueden conectar fácilmente con otras entidades específicas. La mayoría de los topónimos irreconocibles se suelen clasificar como pertenecientes a tribus de Arabia. Esto da lugar a la bastante confusa situación de tener una Tabla de Naciones bíblica cargada de oscuras tribus árabes con un impacto casi nulo sobre la historia de La Bíblia.

A grandes rasgos, las tres ramas representan tres zonas geográficas principales. Cam y su familia corresponden a África y Canaán; Sem y su familia corresponden a Oriente Próximo; Jafet y su familia corresponden aproximadamente a las naciones isleñas del Mediterráneo y a partes de Europa.

Una dificultad a la hora de aceptar la genealogía de Noé como Tabla de Naciones es la presencia de nombres duplicados en la lista. Evila, por ejemplo, aparece como hijo de Cus (Etiopía) en la rama de Cam, y como hijo de Joktan en la rama de Sem, lo cual sitúa el territorio en África y Asia simultáneamente.

De igual manera, Sheba aparece tanto como nieto de Cus como hijo de Joktan. Cus también tiene un hermano llamado Seba. Seba y Sheba son filológicamente idénticos.

Otra forma de duplicación ocurre con los nombres de I.ud, un hijo de Sem, y Ludim, un nieto de Cam. En hebreo, la terminación -im significa una forma de plural. Cuando se utiliza junto a una nación se refiere a la gente de esa nación. Por tanto, la diferencia entre Lud y Ludim es semejante a la diferencia entre Egipto y los egpcios .

Una duplicación similar ocurre también con el equiparamiento de Dedan, nieto de Cus, y Dodanin, un hijo de Javan en la lista de Jafet. El hebreo bíblico no contenía vocales, así que la palabra escrita Dedan habría aparecido como Ddn y Dodanim habría aparecido como Ddnm, la forma plural de Ddn

La presencia de tantos duplicados en la genealogía indica la naturaleza artificial del catálogo. Pero hay otras evidencias que señalan una composición tardía.

Tal vez el aspecto mas extraño de la Tabla de Naciones este relacionado con el tratamiento de Asiría y Babilonia. En ningún lugar se encuentra a Babilonia, una potencia principal, identificada como descendiente de Noé. Por otra parte. Asiria aparece como hijo de Sem (kijo el nombre de Asur). Segun dice el relato, Nemrod, un hijo de Cus ( Etiopía ), conquisto cuatro ciudades, «Babel, Ereg, Acad y Calne, en tierra de Senaar» (Gn 10, 10). Estas cuatro ciudades pertenecen al reino de Babilonia, pero no encontramos en ninguna parte de la Tabla de Naciones que estas ciudades estén identificadas con los hijos de Noé. Sin embargo, el relato dice que Asur (Asiria) salió de la tierra de Senaar y fundo las cuatro principales ciudades de Asiria.

El texto es ambiguo acerca de si Asiria controlaba Babilonia o si Babilonia controlaba a Asiria. Ningún guión retratil correctamente la relación entre estos dos países durante casi mil años después del diluvio. En el siglo xiii a.C. Asina se convirtió en la primera de las dos naciones en controlar a la otra. En el siglo vii a.C., una alianza babilónica conquistó Asiria. La descripción bíblica no es más que una historia confusa que confunde muchos de los hechos.

Varias de las otras naciones que se mencionan en las listas, como Madai (los medas), Javan (los Jonios), y Tartessos, no surgieron como poderes políticos hasta el primer milenio a.C., indicando que la recopilación tuvo lugar durante el primer milenio.

Las anteriores instancias de duplicación, la imprecisión histórica, y la imposibilidad cronológica son solo algunos de los errores contenidos en la Tabla de Naciones y demuestran que la genealogía de Noé fue compuesta durante el primer milenio a.C. basada en divisiones geopolíticas existentes y tradiciones míticas.

Mito 46: Nemrod conquistó Babilonia

El Mito: Cus engendró a Nemrod, que fue quien comenzó a dominar sobre la tierra, pues era un robusto cazador ante el Señor, y de ahí se dice: «Como Nemrod, robusto cazador ante el Señor». Reinó el primero en Babel, Ereg, Acad y Caine, en tierra de Senaar (G. 10, 8-10).

La Realidad: Este relato conserva una antigua leyenda egipcia sobre el Faraón Sesostris, quien reinó durante la XII dinastía Egipcia.

El breve relato sobre Nemrod confunde porque presenta una historia totalmente distorsionada de Oriente Próximo durante el segundo milenio a.C. (véase el estudio en el Mito 45 sobre la Tabla de Naciones). Según lo expuesto, dice que Nemrod era hijo de Cus y que levantó un imperio en las ciudades de Babilonia. Cus representa la nación de Etiopía, el vecino del sur de Egipto, y La Bíblia lo convierte en hijo de Cam, que representa a Egipto en la Tabla de Naciones. Así, lo que sugiere el relato es que un descendiente de Egipto, asociado con Etiopía, conquistó las ciudades de Babilonia en el segundo milenio a.C. Las evidencias históricas desacreditan totalmente este supuesto.

Una explicación mejor reconoce que la Tabla de Naciones se deriva de una variedad de leyendas sobre los orígenes nacionales. De hecho, el historiador griego Heródoto, a menudo llamado el «padre de la historia», recoge una leyenda específica sobre un faraón egipcio llamado Sesostris, que subió al trono en 1897 a.C., durante la XII dinastía de Egipto. Su testimonio parece basarse en la misma leyenda que inspiró el relato sobre Nemrod. La identificación de Nemrod con Sesostris también concuerda cronológicamente con la Tabla de Naciones, que sitúa a Nemrod en la misma época que la XII dinastía de Egipto. Según Heródoto, Sesostris fue el único rey egipcio que conquistó Etiopía. Posteriormente, lanzó una campaña militar desde Mesopotamia, cruzó Asia y conquistó cada nación en su camino hasta llegar a Europa.

Heródoto dice que oyó hablar de Sesostris mediante conversaciones con eruditos egipcios, y es evidente que las leyendas sobre este rey formaban parte del folklore egipcio. El relato identifica claramente a un monarca egipcio, procedente de Etiopía, que atravesó y conquistó Mesopotamia, cruzando primero la región babilónica, para después dirijirse a Asiría, y detenerse por fin en algún lugar de Europa. Debemos añadir también que durante la XII dinastía, Etiopía estuvo bajo soberanía egipcia.

Los elementos de la leyenda de Sesostris se corresponden exactamente con el relato de Nemrod. En ambos relatos, un hijo de Egipto que controlaba Etiopía entró en Mesopotamia y conquistó Babilonia y Asiría.

La única diferencia significativa entre ambos relatos es el nombre del héroe. Heródoto y otros lo identifican como Sesostris, mientras que La Bíblia lo llama Nemrod. Sin embargo, Sesostris no era el verdadero nombre del faraón. Era una corrupción griega del nombre Senurset. El nombre Nemrod parece ser fonéticamente parecido a la última parte del nombre de Senusret, y la interpretación hebrea puede ser una ligera corrupción de la egipcia, de igual manera que Sesostris es una corrupción griega.

Mito 47: Los hijos de Cam eran Cus, Misraim, Put y Canaán

El Mito: Hijos de Cam fueron: Cus, Misraim, Put y Canaán (Gn 10,6).

La Realidad: Esta genealogía es paralela a la del mito griego anterior sobre los orígenes de los danoi, los griegos que supuestamente invadieron Troya en el siglo xn a.C.

En la Tabla de Naciones, Cam es el padre de cuatro países, Cus, Misraim, Put y Canaán. Cam, como ya hemos visto, posee un nombre idéntico al de uno de los antiguos nombres de Egipto, Keme. Tres de sus hijos tienen nombres que se pueden identificar fácilmente con naciones de la esfera egipcia. Cus es el antiguo nombre de Etiopía; Misraim es el nombre hebreo para Egipto; y Canaán corresponde evidentemente a la tierra de Canaán.

El nombre del cuarto hijo no se identifica fácilmente, pero se suele emparentar con Libia, lo cual tiene sentido desde un punto de vista geográfico. Libia era el nombre griego para toda la parte de África al oeste de Egipto.

En esta genealogía, tenemos un esquema geográfico en el cual Cam suele corresponder a la zona de Egipto y sus vecinos colindantes, y sus cuatro hijos constituyen cuatro divisiones dentro de esa región; Etiopía al sur, Libia al oeste, Egipto en el centro, y Canaán al norte.

La genealogía reflejada en esta rama de la narración bíblica se atiene a la que aparece en el mito griego sobre los orígenes de los danoi, los griegos que, escribió Hornero, conquistaron Troya en el siglo xn a.C.

Según la narración griega, Poseidón (el dios griego de los mares) se acopló con una mujer llamada Libia. Tuvieron gemelos, llamados Belo y Agenor. El segundo se fue a Fenicia, donde se convirtió en rey y donde los griegos lo consideraban el antecesor de todos los fenicios.

Belo se convirtió en rey de Egipto y, según las tradiciones míticas, tuvo j cuatro hijos, llamados Dánao, Aegiptos, Fineas y Cefeo. Según los relatos griegos, Aegipto fue rey de Egipto, Dánao de Libia, y Cefeo de Etiopía, pero reinando en Joffa, en Canaán. El nombre del cuarto hijo, Fineas, significa «etíope».

Belo y Cam comparten varias características.

1. Belo es hijo de Poseidón, dios de los mares, y Cam es hijo de Noé, que no es el único superviviente de un diluvio mundial, pero que aquí hemos identificado con Nun, un equivalente egipcio de Poseidón.

2. Cada uno es padre de cuatro hijos, tres de los cuales se identifican con Egipto, Etiopía y Libia.

3. El cuarto hijo de Belo, Cefeo, en ocasiones se identifica con un rey cananeo, y el cuarto hijo de Cam está relacionado con Canaán.

4. Belo aparece como hermano del rey de Canaán, mientras que Cam, su homónimo en La Bíblia, aparece como el padre de Canaán. Sin embargo, la genealogía bíblica es ambigua y, como ya vimos en el Mito 33, en ocasiones La Bíblia sugiere que Canaán es el hermano de Cam en vez del hijo.

Aunque la estructura genealógica entre los dos árboles sea casi idéntica, destaca una diferencia significativa. El Génesis relaciona la genealogía con la evolución de la humanidad inmediatamente después de la destrucción mundial. El mito griego está absolutamente cargado de simbolismo geopolítico. No obstante, muestra una tradición primitiva en la cual Egipto aparecía como el hermano de Libia, Etiopía y Canaán.

Por último, debemos observar que los danois griegos, quienes desaparecieron del registro histórico hacia el primer milenio a.C., eran uno de los «Pueblos del Mar», un grupo de aliados griegos (entre los cuales estaban los filisteos) que invadieron Canaán en los siglos xn y xm a.C., casi al mismo tiempo que Israel se asentara allí tras el Éxodo de Egipto. Esto sugeriría que los griegos llevaron el mito a Canaán, donde los escribas hebreos lo recogieron y lo incorporaron a su historia mundial.


MITOS DE LOS FUNDADORES

Introducción

Los fundadores del antiguo Israel fueron Abraham (originariamente llamado Abram), su hijo Isaac, y el hijo de Isaac, Jacob, conocidos colectivamente como los patriarcas. Jacob, quien en dos ocasiones cambió su nombre por el de Israel, tuvo doce hijos varones, de los cuales los más conocidos son José y Judá, y cada uno de ellos fundó una de las doce tribus de Israel.

El relato de los patriarcas se inicia con un llamamiento por parte de Dios a Abraham para que abandone la ciudad de «Ur de los Caldeos» en Mesopotamia, y vaya a Canaán: «En aquel día hizo el Señor pacto con Abram, diciéndole: «A tu descendencia he dado esta tierra desde el río de Egipto hasta el gran río, el Eufrates» (Gn 15,18).

El principal objetivo de la narración patriarcal es el de seguir la transmisión de esta alianza de generación en generación. Mientras que el Génesis con frecuencia dice o sugiere que la alianza pasó de Jacob a José, Y luego de José a su hijo Efraín, en una parte del relato conocido como «la bendición de Jacob», hay una indicación de que la alianza pasó a manos de Judá. Esta incongruencia, una de tantas, muestra cómo las posteriores disputas entre el reino de Israel (bajo el mandato de Efraín) y el reino de Judá, influyeron de manera importante sobre la narración del relato patriarcal.

La cronología de La Bíblia sitúa el periodo patriarcal en aproximadamente la primera mitad del segundo milenio a.C., pero no tenemos ninguna prueba contemporánea directa en el archivo histórico que demuestre la existencia de cualquiera de los patriarcas o de los doce hijos de Israel. Muchos de los lugares y parientes de Abraham, sin embargo, tienen nombres que señalan hacia el primer milenio a.C. como la época en la que fueron escritas las narraciones. Todo lo que sabemos sobre los patriarcas y sus familias viene o bien del libro del Génesis o de relatos folclóricos y leyendas.

Cuando Abraham tenía setenta y cinco años llevó a su esposa Sara (que al principio se llamaba Sarai) y a su sobrino Lot desde Mesopotamia a Canaán. Cuando llegaron, encontraron la ciudad sumergida en la hambruna, y siguieron hasta Egipto.

En Egipto, Abraham temía que el faraón lo condenara a muerte para tomar a su hermosa Sara como esposa real. Así que Sara fingió ser la hermana de Abraham, convirtiéndose así en un miembro de la corte real. A pesar del desconocimiento por parte del faraón del estado civil de Sara, Dios envió una serie de plagas para castigar al monarca egipcio por sus indiscreciones hacia la mujer de Abraham, y cuando el rey supo la verdad, devolvió a Sara a su marido, colmó a Abraham de grandes riquezas como recompensa, y le ordenó a él y a su familia que abandonaran el país.

Abraham regresó a Canaán y, al llegar, decidió que la tierra donde se había establecido no era lo suficientemente grande para él y su sobrino Lot. Así que le dio a Lot la primera opción sobre la tierra y acordó quedarse con la que quedara. Lot miró a su alrededor y decidió elegir Transjordania, el territorio al este del río Jordán, donde se asentó en la ciudad de Sodoma. Abraham permaneció en el lado cananeo del río Jordán.

Pero Sodoma se había convertido en una ciudad conocida por su maldad y corrupción, y Dios decidió destruirla. Abraham intervino y Dios acordó dejarla tranquila si era capaz de encontrar a diez hombres honrados viviendo en ella. Dos ángeles fueron a reconocer el lugar y, disfrazados, recibieron la hospitalidad de Lot. Tras una ataque a los huéspedes de Lot por parte de los ciudadanos, los ángeles decidieron que Sodoma no había pasado la prueba de Dios y éste avisó a Lot de que se marchara sin mirar hacia atrás. La mujer de Lot, sin embargo, no lo pudo resistir y se volvió para ver qué estaba ocurriendo. Como consecuencia, se convirtió en una columna de sal. Las dos hijas de Lot creían que ellas y su padre eran las últimas personas de la tierra y, para conservar la raza, las hijas fueron preñadas por Lot. Los hijos de esas uniones se convirtieron en los antecesores de los pueblos de Moab y Amón, dos naciones que no existieron hasta mucho después del periodo patriarcal.

Como le había pasado en Egipto, Abraham se encontró en Canaán con un monarca de quien pensó que lo mataría para quitarle a su mujer Sara. Así que nuevamente fingieron ser hermanos. Mucho años después, su hijo Isaac tuvo una experiencia similar en la misma ciudad, con un monarca del mismo nombre.

Cuando Abraham alcanzó los ochenta y siete años, Sara permitió a su

esclava Agar, una mujer egipcia, que tuviera un hijo de Abraham para dar a luz a un heredero. Agar dio a luz a Ismael. Abraham quería a Ismael, pero Dios le dijo que Sara tendría un hijo cuando alcanzara la edad de noventa años, y ese hijo sería el heredero de la alianza. Como consuelo, le dijo a Abraham que su hijo mayor también sería el fundador de una nación. Ismael se convirtió en el antecesor de los bíblicos israelitas, quienes por su parte fueron identificados con los antiguos pueblos árabes. Abraham pensaba que la idea de un hijo a tan avanzada edad era muy divertida, y se rió con ganas. Cuando el hijo nació, Abraham lo llamo Isaac, que en hebreo significa «se rió».

Isaac se casó con Rebeca y ella fue madre de los gemelos Jacob y Esaú.

Durante su embarazo los hijos se diputaron en su seno quién nacería el primero. Entonces Dios le dijo, «Dos pueblos llevas en tu seno, dos pueblos que al salir de tus entrañas se separarán. Una nación prevalecerá sobre la otra nación. Y el mayor servirá al menor» (Gn 25, 23).

Esaú salió primero y según la tradición habría sido el heredero de la alianza, pero Jacob, con la ayuda de su madre, engañó a su padre y obtuvo la alianza. El hijo menor se convirtió en el fundador de la casa de Israel y Esaú se convirtió en el padre de los edomitas. El hermano de Jacob estaba furioso por el engaño y juró matarle después del periodo de luto. Jacob decidió que lo mejor era huir al norte, a Siria, y vivir con unos parientes.

En Siria, Jacob tomó dos mujeres y dos concubinas con las cuales tuvo doce hijos y una hija. Las dos mujeres eran hermanas. Lía y Raquel, y las dos concubinas eran Zelpa y Bala, esclavas de las dos hermanas. Jacob quería más a Raquel y ésta dio a luz a sus dos hijos menores y preferidos, José y Benjamín. Lía tuvo seis hijos, entre los cuales estaba Judá, y una hija llamada Dina. Las dos esclavas tuvieron cada una dos hijos.

Los territorios asociados con cada uno de los hijos en las asignaciones tribales guardan cierta conexión geográfica con el orden de los nacimientos, las divisiones matriarcales y las relaciones políticas entre las numerosas facciones.

Los primeros cuatro hijos en nacer, hijos de Lía, corresponden a las cuatro tribus más al sur de la confederación israelita. Rubén se hallaba en la parte sur del lado jordano y Simón ocupaba la parte sur del lado cana-neo. Judá se encontraba en la frontera norte de Simón y se convirtió en el centro político de la monarquía unida y posteriormente del reino sur de Judá. Levi, aunque estaba distribuido entre los otros territorios, tenía su centro político dentro de Judá en Jerusalén (después de que Judá le quitara Jerusalén a Benjamín).

Raquel tuvo sólo dos hijos, José y Benjamín. La tribu de José se separó en dos partes, una para cada uno de sus hijos, Efraín y Manase. El territorio de Efraín condujo la oposición contra el dominio de Judá sobre Israel y, tras la muerte de Salomón, se convirtió en el centro político del reino del norte de Israel. Manase se convirtió en el mayor territorio del reino, parte en Canaán y parte en Jordania. La Bíblia a menudo describe las dos partes como la semitribu de Manase.

Benjamín, el otro hijo de Raquel, poseía el territorio entre Judá y Efraín e incluía la ciudad de Jerusalén. Saúl, el primer rey de la monarquía unida, procedía de Benjamín.

Juntas, las tribus de Raquel se corresponden geográficamente con la parte central de la casa de Israel y la mitad sur del reino del norte. En algún momento, Jerusalén se convirtió en la capital de Judá y la posición física de Benjamín se volvió ambigua, seguramente porque fue borrada por Judá.

La organización de las principales tribus de Lía al sur y de Raquel en el centro, reflejan las posteriores divisiones políticas entre los reinos de Israel y Judá. Cinco de las restantes tribus menores —Dan, Neftalí, Aser, Isacar, y Zabulón— ocupaban la parte norte de Canaán, por encima de las tribus de Raquel. La sexta —Gat— ocupaba la parte central de Jordania, entre Rubén y Manase.

Curiosamente, La Bíblia ofrece escasa información anecdótica sobre los hijos de Jacob. Exceptuando a José y a los cuatro hijos mayores de Lía, no tenemos más que un orden de nacimientos y un par de bendiciones que describen su naturaleza. Para los primeros cuatro hijos de Lía, los pocos relatos que tenemos son en su mayoría breves y negativos, reflejando las posteriores fracturas políticas entre Judá e Israel. Sólo tenemos una épica completa para José.

José posee el don de la profecía y habla de sueños que indican que se convertirá en el cabeza de familia. Sus hermanos le odian y lo venden en secreto como esclavo; luego le cuentan a su padre que ha sido devorado por una bestia salvaje. Sin embargo, a través de la intervención de Dios, José resurge de la esclavitud y se convierte en primer ministro de Egipto.

Durante una hambruna en Canaán, Jacob envía a sus hijos a Egipto a comprar grano. Cuando aparecen ante la corte real, José reconoce a sus hermanos, pero éstos a él no. Esto brinda a José la oportunidad de someterlos a una serie de pruebas para determinar la naturaleza de su carácter. Cuando está satisfecho de que se han redimido, José les desvela su identidad y les perdona. Jacob, contento de que José está vivo, traslada la familia a Egipto, donde el faraón les asigna tierras.

José se casa con la hija de uno de los sacerdotes principales de Heliópolis, uno de los centros de culto más importantes de Egipto, y con ella tiene dos hijos, Manase y Efraín. José espera que Manase, el mayor de los dos, sea el heredero de la alianza, pero Jacob se la pasa a Efraín.

Jacob adopta a ambos niños como si fueran suyos, y durante la conquista de Canaán, cada uno recibe asignaciones territoriales, otorgándole a la tribu de José una porción doble. Mientras que José recibe dos porciones, Levi, la tribu sacerdotal, no recibe un territorio propio. En cambio, tiene enclaves dentro de las otras asignaciones tribales. Esto significaba que había trece tribus con doce asignaciones territoriales, causando cierta confusión sobre qué tribus constituían las doce tribus. De manera tradicional, al referirse a la casa de Israel, como una entidad unificada, las doce tribus incluyen a Levi y cuentan a José como una tribu, pero al describir a Israel en base a la distribución territorial, Levi queda excluida y José cuenta como dos tribus.

Desde un punto de vista arqueológico, no tenemos pruebas de la existencia tanto de Jacob como de sus hijos o las tribus asociadas a sus hijos. Ni tampoco tenemos evidencias extra-bíblicas sobre la existencia de las tribus en alguna fecha posterior. Como mucho, tenemos algún que otro topónimo, pero los topónimos no ofrecen pruebas fiables para la existencia de antepasados epónimos.

En la época de Salomón, según La Bíblia, las fronteras tribales habían sido eliminadas y reemplazadas por doce nuevos distritos administrativos, probablemente para reducir la influencia de la oposición eframita al gobierno de Salomón. Al morir Salomón, Israel se dividió en dos reinos, Israel al norte y Judá al sur. La Bíblia proporciona una imagen confusa acerca de las tribus que pertenecían a cada reino, lo cual da lugar a serios planteamientos sobre si realmente existió una entidad conocida como las doce tribus. Algunas partes de La Bíblia, sobre todo el Cántico de Débora en el libro de los Jueces, arrojan serias dudas acerca de si todas las tribus poseían un antepasado común.

Esto no quiere decir que no existiera algún tipo de confederación israelita o que en algún momento no estuviera formada por doce entidades políticas. La evidencia, empero, es que cualesquiera que fueran esas entidades políticas, no surgieron de una relación patriarcal común.

Mientras que se da por hecho de forma universal que los patriarcas y los hijos de Israel eran figuras históricas y que el Génesis mezcla verdades históricas básicas con leyendas diversas, un creciente segmento de la comunidad erudita acepta ahora que las narraciones patriarcales podrían no tener ningún núcleo histórico en absoluto.

A la vez, mientras que las fuentes J, E y S a menudo pueden separarse la una de la otra, también parecen compartir algunas tradiciones comunes y temas de mentes anteriores. A menudo, las diferencias sólo suponen una cuestión de énfasis o manipulación de detalles, tales como dónde tuvo lugar un acontecimiento. En esta parte del libro veremos varios relatos de la historia patriarcal y tribal y mostraremos las fuentes mitológicas que yacían tras ellos. Una de las fuentes más importantes era el ciclo egipcio de Osiris, que proporcionaba un marco literario significativo tanto para la narración patriarcal como para los posteriores relatos del Éxodo. Para obtener una visión más exhaustiva y detallada sobre cómo los mitos de Osiris influyeron las narraciones patriarcales y del Éxodo, véanse mi obra anterior, The Bible Myth.

El ciclo de Osiris

El ciclo de Osiris formaba el centro de las más importantes creencias religiosas egipcias, especialmente las que tratan sobre el más allá. El ciclo puede dividirse en dos partes. La primera tiene que ver con las narraciones acerca de cómo el dios Set mató a su hermano Osiris para convertirse en rey de Egipto; la segunda trata de los esfuerzos de Set para impedir que el hijo de Osiris, Horus, suceda a su padre en el trono. Las dos partes seguramente se originaron como mitos separados e independientes.

En la primera parte del ciclo, Osiris, (quien originariamente representaba el grano) se casa con su hermana Isis y se convierte en rey de Egipto cuando el dios Geb (la tierra) baja y le otorga la corona. Set, hermano de Osiris e Isis, que quiere ser rey, trama matar a su hermano y consigue su propósito. Tras asesinarlo, corta el cuerpo en trozos y los entierra por todo el país (la siembra de la semilla). Isis trata de recuperar todas las partes del cuerpo de su marido (recogida de la cosecha) y las encuentra todas menos el pene (la semilla original antes de que germine en grano), pero consigue reconstruirlo mediante algún tipo de magia (la nueva semilla dentro del grano). Mediante la ayuda de Isis, Osiris sobrevive a su muerte, pero sólo en una forma de ultratumba. A pesar de su condición, engendra un hijo con Isis y ese niño se llama Horus.

En la segunda parte del ciclo, Isis esconde a Horus para evitar que Set lo encuentre, y cuando el niño alcanza la edad adulta, regresa para vengar la muerte de su padre. Tras una serie de contiendas y conflictos, Horus derrota a Set y a sus aliados y se convierte en rey de Egipto.

Los egipcios creían que todos los reyes eran una forma de Horus y que cuando el rey moría se convertía en Osiris y el nuevo rey se convertía en el nuevo Horus. Osiris servía como juez a la entrada del más allá, determinando quien podía cruzar al otro lado y quien no. En teoría, cuando moría un rey, el Osiris que lo juzgaba era el rey anterior, quien habría sido el padre biológico del rey recién muerto.

No existe una versión canónica del ciclo de Osiris. En su mayor parte está compuesto a partir de las numerosas inscripciones y versos de una variedad de textos. Existen muchas contradicciones, pero los temas generales de los relatos permanecen constantes. Existe, no obstante, una colección de relatos denominada El Juicio de Horus y Set, que data de alrededor del siglo xil a.C., pero que está basada en tradiciones bien arraigadas, que detalla numerosos acontecimientos de las contiendas entre Horus y Set. También tenemos una versión griega del mito de Osiris de Plutarco (h. siglo i d.C.) la cual, aunque ha sido helenizada hasta cierto punto, y modificada para reflejar algunas ideas griegas, aun conserva muchas de las tradiciones básicas que se remontan a hace más de dos milenios.

Incrustada en el ciclo de Osiris se halla una confusión en cuanto a la identidad de Horus y Set. Los egipcios reconocían al menos tres divinidades principales de Horus, cada una con características separadas, y los Egipcios solían fundirlas en un solo personaje. Al Horus nacido de Isis se le conocía como Horus el Niño y como Horus el Hijo de Isis. El Hijo de Isis nació cojo y luchó en la matriz contra Set. Un tercer Horus, conocido como Horus el Grande, era también hermano de Osiris y Set, pero nació antes que Set y se peleaba con él constantemente. El testimonio de Plutarco contiene apariciones de los tres horus, cada uno en una identidad separada.

El dios Set también tenía dos identidades incoherentes fundidas en un solo personaje. Una de ellas era el Set que defendió a Ra contra Apofis, la serpiente que intentaba devorar el sol al final del día; la otra se consideraba que era la misma Apofis. Una de las principales imágenes de Set en el arte egipcio lo muestra como una bestia pelirroja con forma de asno, y en muchas ocasiones los asnos pelirrojos se identificaban simbólicamente con Set. En El Juicio de Horus y Set, la divinidad pelirroja aparece como el defensor de Ra y es el preferido por Ra para suceder a Osiris. Isis, no obstante, apoya la reivindicación de su hijo Horus y utiliza el engaño y la magia para ayudar al niño.





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