jueves, 30 de septiembre de 2010

101 MITOS DE LA BIBLIA 3º - de Gary Greenberg





101 MITOS DE LA BIBLIA


INDICE de PALABRAS
101 MITOS DE LA BIBLIA 3º
 

Mitos 48 al 71




Tercera parte
Introducción


A medida que vayamos estudiando la narración patriarcal, iremos viendo, tal y como lo hicimos con los mitos de la Creación, que cuando los editores de La Bíblia transformaban a los dioses en humanos para eliminar la imagen de la divinidad subyacente, en ocasiones se olvidaban de eliminar algunas de las características físicas que pertenecían a la divinidad original.

Mito 48 : Abraham procedía de Ur de los Caldeos

El Mito: Tomó, pues, Teraj a Abram, su hijo; a Lot, el hijo de Aram, hijo de su hijo, y a Sarai, su nuera, la mujer de Abram, y los sacó de Ur Casdim [Ur de los Caldeos] para dirigirse a la tierra de Canaán, y llegados a Jarán, se quedaron allí (Gn 11, 31).

La Realidad: Ur de los Caldeos no existió hasta alrededor del siglo xvin a.C., unos mil años después de la época de Abraham.

La ciudad mesopotámica de Ur tiene una historia que se remonta por lo menos al tercer milenio a.C., pero la asociación de la ciudad con Caldea se remonta sólo hasta el siglo xvm a.C. El nombre Caldea se refiere a la «tierra del pueblo de Caldea», ubicado al sur de Babilonia, en el sur de Mesopotamia. Se sabe poco sobre Caldea antes del siglo xvm a.C. En esa época, había capturado temporalmente el trono de Babilonia y reinaba sobre toda la región, incluyendo Ur. Desde entonces, y aunque no reinó de manera continua en Babilonia, su nombre llegó a asociarse con el sur de Mesopotamia. En 587 a.C., los caldeos conquistaron el reino de Judá y trasladaron la élite hebrea a Babilonia.

Para confundir todavía más la cuestión, el hebreo bíblico no llama a la ciudad «Ur de los caldeos». La palabra traducida como Caldea se lee en realidad casdim, que significa «pueblo de Quesed» o «tierra de Quesed». La identificación de esta ciudad con Caldea en la versión de La Bíblia del rey Jacobo se deriva de la traducción griega de La Bíblia, que utilizaba el nombre de Caldea.

Casdim parece ser una variante semítica occidental del nombre Caldea, y es la palabra aramea para designar ese territorio. El idioma arameo se comenzó a utilizar en Oriente Próximo durante el primer milenio a.C. y se llegó a convertir en la lingua franca de la región. No tenemos evidencias de la existencia de los árameos anterior al siglo x a.C. Algunos de los últimos libros del Antiguo Testamento estaban escritos en arameo y es casi seguro que esa era la lengua que hablaba Jesús.

A pesar de su antigüedad e importancia en la antigua Mesopotamia, Ur no aparece catalogada en la Tabla de Naciones que descendió de los hijos de Noé, lo cual supone una fuente de confusión añadida.

Aunque La Bíblia excluye el origen de Ur, sí hace referencia al nacimiento tanto de Quesed (el nombre alternativo de Caldea) y Aram (Aramea). Ambos son, respectivamente, el hijo y el nieto de Aran, hermano de Abraham (Gn 22, 20-22). Puesto que Abraham nació sólo 290 años después del diluvio, es imposible que los caldeos pudieran estar relacionados con Ur durante su época. Las referencias a Quesed y Aram como contemporáneos suyos son igualmente anacrónicas.

Estas referencias a Ur de Casdim, Quesed, y Aram evidentemente se derivan de una época cuando:

1. Aram y Caldea ya existían;
2. Los hebreos comenzaron a adoptar la terminología aramea;
3. Caldea se había convertido en una potencia principal en Mesopotamia;
4. La memoria colectiva de los orígenes caldeos y árameos los había convertido en mitos; y
5. Los hebreos utilizaban la pronunciación aramea en vez del dialecto nativo para el nombre de Caldea.

Todo esto señala un espacio de tiempo muy posterior a la conquista babilónica de Judá y por descontado bien entrado en el periodo persa o helenístico (siglo v a.C. o posterior).

La anacrónica genealogía mesopotámica de Abraham y sus parientes muestra que fue una invención posterior hecha con la intención de colocar los orígenes hebreos en el centro cultural de los poderosos imperios mesopotámicos que surgieron tras la derrota de los caldeos por parte de los poderosos persas, y como un intento de resaltar el prestigio hebreo dentro de la comunidad babilónica.

Mito 49 : Abraham abandonó Egipto para ir a Canaán

El Mito: Marchó, pues, de Egipto Abraham con su mujer y con toda su hacienda, y Lot con él, hacia el sur. Era Abraham muy rico en ganados y en plata y oro, y se volvió desde el sur hacia Betel, hasta el lugar donde estuvo antes acampado entre Betel y Haí... (Gn 13, 1-3).

La Realidad: Abraham fue al sur de Egipto, no a Canaán.

El pasaje anterior da lugar a unas preguntas enigmáticas sobre las raíces históricas de Abraham. Sugiere que Abraham fue de Egipto a Canaán, hacia la región de Betel donde había acampado antes. Pero el texto hebreo dice que Abraham salió de Egipto y fue hacia el sur. Uno no puede llegar a Canaán yendo hacia el sur desde Egipto.

El antiguo Egipto se consideraba a sí mismo como dos tierras unidas. El Bajo Egipto en el delta formado por el Nilo, al norte, y el Alto Egipto, a lo largo del río, al sur. Esta tradición se conserva en la Tabla de Naciones, que dice que Cam es hijo de Misraim (el nombre semítico de Egipto) padre de numerosos hijos, entre ellos Naptuhim y Pathrusim, que son nombres que se refieren al Bajo y Alto Egipto. A finales del primer milenio, a.C., los vecinos de Egipto solían identificarlo principalmente con el delta del Nilo, que era más rico y fértil, y confundían el Bajo Egipto con Etiopía, el vecino del sur de Egipto.

Abraham fue a Egipto debido a la hambruna que padecía Canaán y habría viajado al delta fértil en el Bajo Egipto, al norte, con el propósito de obtener alimentos. Si hubiese ido al sur, se habría dirigido al Alto Egipto, en dirección opuesta a Canaán. Para llegar a Canaán desde el delta egipcio uno tendría que viajar en dirección nordeste, aproximadamente. Entonces, ¿cómo pudo llegar Abraham a Betel en Canaán si viajaba hacia el sur de Egipto?

Evidentemente, la descripción bíblica de la ruta de Abraham crea un problema. Mientras que La Bíblia del reyJacobo ofrece la traducción «hacia el sur», muchas otras versiones de La Bíblia ofrecen una traducción distinta. Dicen que Abraham viajó no «hacia el sur» sino «hacia el Néguev», la extensa región desértica del sur de Canaán.

Esta traducción alternativa resulta del doble sentido de «sur» en Israel, que también se refiere al «Néguev», de la misma manera que los americanos utilizan el término «sur» para definir la zona sudeste de los EE UU. Por ejemplo, si uno viaja hacia el norte desde Méjico a Florida, uno está viajando «hacia el sur» porque Florida forma parte del Sur de los EE UU.

Pero existen algunos problemas con esta traducción alternativa. En primer lugar, la palabra hebrea que se utiliza no es néguev sino negueva. La primera forma es un nombre, y se podría utilizar de manera idiomática para referirse al sur de Canaán. La segunda forma, sin embargo, es un adverbio, que se refiere específicamente a la dirección de un movimiento. Abraham no viajaba «hacia el sur», que podría referirse al Néguev, sino en «dirección sur», que significa hacia el sur de Egipto.

En segundo lugar, una ruta a través del desierto del Néguev no tiene ningún sentido. Abraham abandonó su residencia egipcia con grandes riquezas y numerosas cabezas de ganado. Uno no conduce a su ganado hacia un desierto árido, sobre todo cuando existe una carretera principal que va desde Egipto hasta Canaán y que bordea la costa mediterránea, evitando el desierto y proporcionando agua para el ganado. Los egipcios llamaban a esta carretera «la Vía de Horus» y La Bíblia se refiere a ella como «la Vía de los Filisteos».

En tercer lugar, la así llamada Betel no existía en tiempos de Abraham, al menos según La Bíblia. La ciudad recibió ese nombre por parte de Jacob, mucho tiempo después de la muerte de Abraham, y La Bíblia suele indicar que la ciudad se solía llamar Luz, aunque esa glosa no aparece en el actual relato. Betel significa sencillamente «casa de Dios» y podría referirse fácilmente a cualquier lugar donde haya un altar o templo dedicado a cualquiera de las divinidades, en Egipto o en Canaán. Abraham pudo haber elevado un altar en cualquier lugar y haberlo llamado Betel.

Por lo tanto, en este contexto, La Bíblia del rey Jacobo está en lo cierto y las demás traducciones alternativas están equivocadas. Abraham fue hacia el sur de Egipto y no a Canaán. Esto plantea algunas interesantes preguntas acerca de las raíces del antiguo Israel.

Antes de la llegada de Abraham a Egipto, casi no tenemos información sobre su pasado. La Bíblia dice que en el año setenta y cinco de la vida de Abraham, Dios le dijo que abandonara su hogar en Mesopotamia para ir a Canaán, donde «Yo te haré un gran pueblo, te bendeciré y engrandeceré tu nombre, que será una bendición». Pero en cuanto llega a Canaán se encuentra con una grave hambruna que le obliga a trasladarse a Egipto.

Si Dios tenía este gran plan para darle Canaán a Abraham y quería que su heredero se trasladara allí para establecer su nombre, ¿por qué esperó setenta y cinco años para decirle que se fuera, y por qué esperó a que hubiera una hambruna que le obligara a abandonar la tierra de inmediato? Algo no está bien en este cuadro.

Tal y como vimos en el Mito 48, la genealogía inicial y la historia de Abraham fueron una invención anacrónica tardía. Si eliminamos esa porción del relato de la biografía de Abraham, encontramos que el relato de Abraham comienza en Egipto, donde se enfrenta al faraón. Esto indica que la historia bíblica original de Israel comenzó en Egipto, y no en Canaán ni en Mesopotamia.

Los redactores bíblicos, que vivían en medio de una Babilonia culturalmente sofisticada y desconectada desde hace tiempo con sus raíces egipcias, intentaban demostrar que las gentes hebreas se originaron de las mismas raíces intelectuales que los babilonios. Por consiguiente, se aprovecharon de las ambigüedades de sus tradiciones históricas tempranas e insertaron un viaje desde Mesopotamia a Canaán para demostrar que ellos tenían sus raíces en el mundo babilónico mucho antes de que residieran en Egipto.

Mito 50 : Dios destruyó Sodoma y Gomorra

El Mito: Y prosiguió el Señor: «El clamor de Sodoma y Gomorra ha crecido mucho, y su pecado se ha agravado en extremo; voy a bajar, a ver si sus obras han llegado a ser como el clamor que ha venido hasta mí, y si no, lo sabré»... E hizo el Señor llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego que venía del Señor, desde el cielo. Destruyó estas ciudades y todo el llano, y cuantos hombres había en ellos, y hasta las plantas de la tierra (Gn 18,20-21. 19,24-25).

La Realidad: Sodoma y Gomorra eran ciudades míticas que jamás existieron.

Cuando Abraham y Lot abandonaron Egipto, La Bíblia dice que subieron hacia Betel, que está ubicada en el centro de unas colinas del centro de Canaán, al norte de Jerusalén y al noroeste del mar Muerto. Él y Lot eran tan ricos en ganado que la tierra no tenía capacidad suficiente para ellos dos, además de la población nativa. Siendo un hombre generoso, Abraham le dio a Lot la primera opción sobre el territorio y hasta le ofreció trasladarse a otro lugar si fuera necesario.

Lot miró hacia el este en dirección al río Jordán y desde el centro de ese territorio montañoso consiguió de alguna manera ver la llanura fértil al otro lado del río. La topografía de ese territorio, sin embargo, parece bastante distinta que la que indica el registro geológico de esa época.

Alzando Lot sus ojos, vio todo el llano del Jordán, enteramente regado —antes de que destruyera el Señor Sodoma y Gomorra—, que era como el paraíso del Señor, como Egipto según se va a Segar. Eligió, pues, Lot, todo el llano del Jordán, y viajó hacia el este, y se separaron el uno del otro. Abraham se asentó en la tierra de Canaán y Lot se asentó en las ciudades del llano, y plantó sus tiendas hasta Sodoma. (Gn 13, 10-12).

La imagen aquí representada es de una rica y fértil llanura que se extiende desde el valle del Jordán hasta el área donde están situadas Sodoma y Gomorra, una región bien regada, que el Génesis compara con el jardín del Edén. Nadie sabe con exactitud donde estuvieron ubicadas Sodoma y Gomorra, pero La Bíblia las sitúa en algún lugar cercano al mar Muerto, en una región conocida como el valle de Sidim, que, según Génesis 14, 3, «es el mar de la Sal» (es decir, el salado mar Muerto). Esto indica que en algún momento el mar de la Sal cubría el valle de Sidim. En otras palabras, Sodoma y Gomorra estaban ubicadas en una llanura fértil bien regada que existía en el emplazamiento que ahora esta cubierto por la punta sur del mar Muerto.

Sin embargo, el Génesis también dice que Lot condujo su ganado desde esa parte de la llanura más próxima a Betel, al norte del mar Muerto, hasta la punta sur del valle del Jordán en el extremo sur del mar Muerto. Queda claramente manifestado que la zona donde existe hoy el mar Muerto era por entero zona cultivable y pastos bien regados, un hecho que está completamente en desacuerdo con el registro geológico, que indica que el mar Muerto ha existido, en realidad, desde hace millones de años.

'Iras asentarse en Sodoma, La Bíblia cuenta que cuatro poderosos reyes mesopotámicos se unieron para invadir Sodoma y Gomorra y algunos aliados locales. La coalición mesopotámica reinó las ciudades durante catorce años, utilizándolas como base para otras conquistas. El decimocuarto año, las ciudades se rebelaron, pero los mesopotámicos echaron a las comunidades rebeldes y tomaron prisionero a Lot, supuestamente porque era una figura destacada en la región. Los autores bíblicos, al parecer olvidándose de lo hermosa que debía ser la región antes de la destrucción de Sodoma, describen el territorio que la rodea como lleno de «pozos de betún» (Gn 14, 10), un lapsus editorial que describe la condición geológica actual de la región.

Cuando Abraham se entera de la captura de Lot, reúne a un ejército de 318 soldados de entre sus numerosos sirvientes y persigue al ejército mesopotámico «hasta Dan» (Gn 14, 14). La expresión «hasta Dan» sería una manera idiomática de decir «hasta el norte de Israel», que es donde Dan estaba ubicada. Pero Dan no estaba ubicada ahí en tiempos de Abraham. Esa región no se convirtió en Dan, según La Bíblia, hasta después del Éxodo, cuando la tribu de Dan se trasladó a ese territorio.

Después de que Abraham rescatara a su sobrino, Lot regresó a Sodoma. En esa época, Abraham no tenía hijos a quien pasarles la alianza con Dios, la promesa de que Canaán pertenecería a Abraham y a sus herederos. Puesto que el sobrino de Abraham, Lot, era obviamente un pariente próximo que había recorrido largas distancias junto a él a través de Mesopotamia hasta Egipto y de vuelta a Canaán, Lot parecía ser el heredero forzoso.

Veinticinco años más tarde, Dios le dijo a Abraham que tendría un hijo llamado Isaac (Abraham tenía cien años cuando recibió la noticia) y que su hijo sería el heredero de la alianza. Casualmente, tras este anuncio, Dios determinó que la maldad de los habitantes de Sodoma y Gomorra requería que él destruyera ambas ciudades. Cuando Abraham supo del plan de Dios, el cual exterminaría hasta al bueno y devoto de Lot, negoció:

«Acércesele, pues, y le dijo: «¿Pero vas a exterminar juntamente al justo con el malvado?» (Gn 18,23).

Al final llegaron a un acuerdo. Si Dios encontraba diez hombres honrados en Sodoma, no destruiría la ciudad. Entonces envío dos ángeles en una misión de reconocimiento. En Sodoma se encontraron con Lot, que por lo visto era un importante oficial de la ciudad que pasaba sentencia a las puertas de la ciudad, y les ofreció la hospitalidad de su casa. Mientras Lot compartía su comida con los ángeles, varios sodomitas llamaron a la puerta de la casa de Lot y le exigieron que entregara a sus huéspedes «para que los conozcamos», un eufemismo para el conocimiento carnal (Gn 19, 5). Lot les rogó que se retiraran y le ofreció a la multitud sus dos hijas vírgenes como sustituías. Esta ofrenda no convenció a los sodomitas y amenazaron con herir tanto a los huéspedes como a Lot.

No hemos de pensar que este relato incluye algún tipo de manifestación que condene la homosexualidad como un acto pecaminoso, peor incluso que la violación, sino que debemos comprender que el crimen de los sodomitas no era la homosexualidad, sino la falta de hospitalidad.

Mirad, dos hijas tengo que no han conocido varón; os las sacaré para que hagáis con ellas como bien os parezca; pero a esos hombres no les hagáis nada, pues para eso se han acogido a la sombra de mi techo» (Gn 19, 8).

En gran parte de esa región en tiempos antiguos, la hospitalidad hacia los viajeros y huéspedes desempeñaba un papel importante que era casi una obligación. Las narraciones bíblicas incluyen numerosos testimonios de este tipo, al igual que lo hacen los mitos de otras culturas mediterráneas y de Oriente Próximo. En un relato, por ejemplo, dice Abraham:

Alzando los ojos, vio parados cerca de él a tres varones. En cuanto los vio, les salió al encuentro desde la puerta de la tienda y se postró en tierra, diciéndoles: «Señor mío, si he hallado gracia a tus ojos, te ruego que no pases de largo junto a tu siervo; haré traer un poco de agua para lavar vuestros pies, y descansaréis debajo del árbol, y os traeré un bocado de pan y os confortaréis; después seguiréis, pues no en vano habéis llegado hasta vuestro siervo» (Gn 18, 2-5).

Y en otra ocasión, cuando Abraham envía a un sirviente a traer una esposa para Isaac, el sirviente comenta:

Voy a ponerme junto al pozo de agua mientras las mujeres de la ciudad vienen a buscar agua; la joven a quien yo dijere: Inclina tu cántaro, te ruego, para que yo beba; y ella me respondiere: Bebe tú y daré también de beber a tus camellos, sea la que destinas a tu siervo Isaac, y conozca yo así que te muestras propicio a mi señor (Gn 24, 13-14).

Los dos ángeles en la casa de Lot meten a su anfitrión dentro de la casa y ciegan a los intrusos. Luego avisan a Lot de que Dios planea destruir la ciudad y de que él y su familia deben huir. Cuando Lot informa a sus parientes, éstos creen que bromea y le ignoran. Sólo su mujer y sus dos hijas se unen a él en el intento de huir de la ciudad ilesos.

El relato continua y Lot y su familia abandonan la ciudad:

E hizo el Señor llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego que venía del Señor, desde el cielo. Destruyó estas ciudades y todo el llano, y a todos los habitantes de las ciudades y hasta las plantas de la tierra (Gn 19, 24-25)

Acto seguido, la mujer de Lot se convierte en una columna de sal y muere al mirar hacia atrás y ver la destrucción (véase el Mito 51), y Lot engendra en sus hijas dos naciones, Amon y Moab (véase el Mito 52).

Durante los momentos finales de la destrucción de Sodoma, Abraham es testigo del destino de las dos ciudades: «y mirando hacia Sodoma y Gomorra y todo el llano, vio que salía de la tierra una humareda de horno» (Gn 19, 28).

El relato de Lot contiene numerosos anacronismos. Por ejemplo:

1. Varios miembros de la familia de Abraham tienen nombres asociados con territorios que no existieron hasta cientos de años después de la época de Abraham;
2. Abraham y Lot se trasladaron a Betel, que, según La Bíblia, no obtuvo ese nombre hasta los tiempos de Jacob, el nieto de Abraham, y
3. Abraham rescató a Lot del territorio de Dan, que no tuvo ese nombre hasta mucho después del Éxodo desde Egipto.
4. Se comentan otros anacronismos en el Mito 52, que perfila a los dos hijos de Lot, a quienes se identifica como los fundadores de las naciones de Moab y Amon.

No hay testimonios históricos que demuestren la existencia de Sodoma y Gomorra. La palabra Sodoma viene de una raíz que significa «chamuscado», un nombre que sólo habría surgido tras la supuesta destrucción de la ciudad, y no antes. Ese hecho, junto con los numerosos anacronismos asociados con los acontecimientos de la vida de Lot, demuestra que el relato de Sodoma y Gomorra alcanzó su forma escrita actual hacia finales del primer milenio a.C., basado en leyendas de tiempos anteriores.

Además, el relato de la destrucción de Sodoma y Gomorra guarda un sospechoso paralelismo con otro legendario relato en el libro de los Jueces, acerca de la destrucción de la tribu de Benjamín (véase Je 19 a 21). Ese relato trata sobre un sacerdote levita que, viajando con su concubina, pasa por Gibea, donde un anciano efraimita sale de sus campos y los ve. El efraimita ofrece al sacerdote la hospitalidad de su casa. Mientras entretiene a sus huéspedes y les ofrece pan y vino, algunos ciudadanos se acercan a la casa del efraimita y exigen que el huésped salga para que los hombres «le conozcan». El anfitrión señala que el hombre es su huésped y le ofrece a su propia hija y a la concubina del sacerdote como alternativa. Los ciudadanos toman a la concubina y abusan de ella hasta la muerte.

El sacerdote recoge su cuerpo, cortado en doce trozos, y envía una parte a cada una de las tribus israelitas, exigiendo venganza contra la ciudad.

Con la ayuda de Dios, la ciudad, que pertenecía a la tribu de Benjamín, es destruida y, «cuando la nube de humo comenzó a alzarse como una columna sobre la ciudad, volvieron los ojos atrás y vieron que toda la ciudad subía en fuego hacia el cielo» (Je 19, 40).

Esta es la misma escena vislumbrada por Abraham tras la destrucción de Sodoma. Más tarde, los israelitas arrasan con casi toda la tribu de Benjamín, pero unos cuantos hombres consiguen escapar. Los israelitas acceden a que los restantes benjaminitas tomen esposas de entre algunas mujeres no hebreas para que puedan conservar su estirpe.

Si sustituimos al sacerdote, una figura religiosa, por los ángeles, encontramos que los dos relatos ofrecen tramas casi idénticas y en ocasiones hasta comparten las mismas frases e ideas. En ambos relatos, por ejemplo, los hombres de la ciudad quieren «conocer» a la figura religiosa masculina. Y al ofrecerles a las dos mujeres que hay dentro de la casa como substituías, ambos relatos utilizan frases similares.

En el relato de Lot, el anfitrión dice: «Mirad, dos hijas tengo que no han conocido varón, os las sacaré para que hagáis con ellas como bien os parezca, pero a esos hombres no les hagáis nada, pues para eso se han acogido a la sombra de mi techo» (Gn 19, 8). Y en el relato posterior, el anfitrión dice, «para que abuséis de ellas y hagáis con ellas como bien os parezca, pero a este hombre no le hagáis semejante infamia» (Je 19,24).

Ambos relatos incluyen una frase que les dice a los hombres pecadores que hagan «bien» con la mujer. Esta frase también está unida a una solicitud de que los hombres no violen el principio de la hospitalidad.

Consideren cuántos puntos en común hay entre los dos relatos:

1. Una figura religiosa (ángel/sacerdote) entra en una ciudad malvada;
2. Un ciudadano le ofrece al huésped su hospitalidad y le da una comida a base de pan;
3. Estando en la residencia del anfitrión, los hombres de la ciudad exigen que la figura religiosa salga para que ellos puedan «conocerlo», es decir, forzarlo sexualmente;
4. El anfitrión ruega a los ciudadanos que respeten el derecho a la hospitalidad y ofrece a dos mujeres como alternativa, diciéndole a los intrusos que hagan lo que les parezca bien con ellas;
5. Una acompañante femenina muere;
6. Una ciudad es destruida, con humo que se eleva hasta el cielo;
7. El acto de destrucción casi acaba con una población entera, y sólo consiguen escapar unos cuantos hombres, y
8. Al final de los relatos, se llega a un acuerdo sexual especial con mujeres que no son esposas para permitir a los fugados conservar su linaje.

Un paralelismo tan allegado entre los dos relatos, incluyendo el uso ocasional de frases idénticas o elementos narrativos, indica que ambos surgen de un mismo relato legendario sobre la destrucción de una ciudad malvada que abusaba del derecho a la hospitalidad. Basándonos en lo siguiente, podemos concluir que Sodoma y Gomorra eran ciudades mitológicas que existieron exclusivamente como relatos folklóricos: la falta de evidencia arqueológica para la existencia de Sodoma y Gomorra, la supuesta ubicación de ambas ciudades bajo un mar salado que había existido ahí durante millones de años, los numerosos elementos anacrónicos presentes en el relato, el nombre Sodom que significa «chamuscado», y la posterior duplicación de los elementos narrativos y frases de un relato anterior con una ubicación distinta.

Mito 51 : La mujer de Lot se convirtió en una columna de sal

El Mito: La mujer de Lot miró atrás, y se convirtió en una columna de sal (Gn 19, 26).

La Realidad: Este relato intenta explicar la presencia de sal en la desierta orilla sur del mar Muerto. Detrás del relato se encuentra un mito sobre una fuga del reino del más allá.

Cuando Lot y su familia salen de Sodoma, los ángeles les dicen que no miren atrás o se verían consumidos por la destrucción. Pero la mujer (sin nombre) de Lot sí mira y se convierte en una columna, o bloque de sal.

La región que rodea la orilla sur del mar Muerto (que está compuesto por un 25 por ciento de sal) era una importante comunidad minera de sal, y no debería sorprendernos que surgieran leyendas a partir del curioso fenómeno de grandes depósitos de sal en el interior. La historia de la mujer de Lot es uno de estos relatos. Pero el relato básico en sí se origina a partir de una idea mítica distinta, una parecida al mito griego de Orfeo y Eurídice. En el mito griego, Orfeo pide permiso para sacar a su amada del reino de los muertos. Se le otorga el permiso pero con la condición de que no se vuelva hacia su amada hasta que estén en el exterior. Pero no puede controlar sus deseos de verla y se vuelve para mirarla mientras ascienden. Ella desaparece y regresa al reino de los muertos.

El tema de la entrada en el reino de los muertos, poner al héroe a prueba y buscar favores allí es un tema mitológico común en Oriente Próximo, como en el relato sumerio de El descenso de Inanna (véase el Mito 30). Los antiguos griegos tenían muchas leyendas de este tipo, incluyendo el descenso de Ulises, Heracles y Orfeo.

La malvada ciudad de Sodoma sustituye al reino de los muertos, y al final del relato todos en ella mueren. Pero existen evidencias bíblicas adicionales de que Sodoma originariamente representaba el reino del más allá.

Después de que la alianza de reyes mesopotámicos atacara Sodoma y estableciese allí una fortaleza, prosiguió la conquista de otros grupos, entre ellos «los refaím en Astarot Carnaím, los zuzím en Ham, y los emim en el llano de Quiriataím» (Gn 14, 5).

Refaim, zuzim y emim son nombres de grupos de gigantes. Mientras que se les suele considerar como grupos distintos, en ocasiones se les considera como uno y el mismo. Por ejemplo, en Deuteronomio 2, 11, los emim y los refaim son lo mismo y el texto los ubica en Moab (la traducción inglesa utiliza «gigantes» para «refaim».) Y Deuteronomio 2, 20 dice que los amonitas llamaban a los zanzumim (una variante de zuzim) «refaim».

«Refaim» tiene un segundo significado: además de «gigantes», también significa «sombras de los muertos». Puesto que los territorios asociados a Lot, Moab y Amón estaban habitados por una variedad de refaim, los habitantes eran los gigantes mitológicos o «sombras de los muertos».

La Bíblia, por tanto, describe a esta malvada ciudad que estaba habitada por muchas variedades de refaim, porque Sodoma originariamente significaba el reino de los muertos, que estaba habitada por «sombras de los muertos».

En una época posterior, cuando los editores de La Bíblia recopilaron las narraciones sobre Lot, se olvidaron de que Sodoma representaba el reino de los muertos, y confundieron el significado de refaim en cuanto «sombras de los muertos» con el significado de refaim en cuanto «gigantes».

En el relato completo que tenemos, la huida de Lot y su familia de Sodoma describe la intención de Lot de recuperar a su mujer de entre los muertos. Al igual que en el relato de Orfeo, el arreglo incluye la condición de no mirar hacia atrás para no ver el reino de los muertos, y cuando su mujer viola las condiciones del acuerdo, ésta no puede salir con su marido.

Mito 52 : Lot engendró a Amon y Moab

El Mito: Subió Lot desde Segor, y habitó en el monte con sus dos hijas, porque temía habitar en Segor, y moró en una caverna con sus dos hijas. Y dijo la mayor a la menor: «Nuestro padre es ya viejo, y no hay aquí hombres que se lleguen a nosotras, como en todas partes se acostumbra. Vamos a embriagar a nuestro padre y a acostarnos con él, a ver si tenemos de él descendencia...» Y concibieron de su padre las dos hijas de Lot. Parió la mayor un hijo, a quién llamó Moab. Este es el padre de Moab hasta hoy. También la menor parió un hijo, a quien llamó Ben Ammi, que es el padre de los amonitas hasta hoy (Gn 19, 30-32. 36-38).

La Realidad: Este relato continua con la genealogía anacrónica que educó a los hebreos en los periodos babilónicos y persas, deseando impresionar a sus vecinos culturalmente sofisticados con reivindicaciones de un pasado mesopotámico común, e intentaron asociar a miembros de la familia de Abraham con un pasado mesopotámico.

Tras la destrucción de Sodoma, Lot y sus dos hijas creen que son los únicos supervivientes del mundo, y sus hijas piensan que deben acostarse con su padre para tener hijos y propagar la raza. Ya que su padre lo habría considerado inmoral, primero las hijas lo emborrachan de vino y luego se acuestan con él cada una en una noche distinta. Como resultado de estas uniones, cada hija tiene un bebé. El primero en nacer se llama Moab, y es el antecesor de los moabitas. El otro hijo se llama Ben-Ammi, un nombre raro que significa «hijo del pueblo» —¿A qué pueblo se referirá?— y se le identifica como el antecesor de los amonitas. Ambos territorios son vecinos cerca de la parte sur del mar Muerto. Durante el primer milenio a.C. fueron enemigos constantes de los israelitas.

La referencia más antigua en cuanto a la existencia de Moab como territorio aparece en una inscripción egipcia que data del reinado de Ramsés II (siglo xiii a.C.). En cuanto a los amonitas, la prueba de su existencia en la época de Lot es todavía más escasa. La prueba escrita más antigua para el nombre se remonta a los registros asirlos de alrededor del siglo vill a.C.

Las inscripciones egipcias que datan de épocas anteriores hacen referencia a los pueblos de esa zona, pero ninguna menciona ni a los moabi-tas ni a los amonitas. Ni tampoco tenemos pruebas de que los moabitas y los amonitas constituyeran grupos étnicos específicos que tuvieran una historia común. Ambos parecen tener sus raíces entre los pueblos nómadas que pudieron proceder de una variedad de antecedentes étnicos del antiguo Oriente Próximo.

En el libro de Números de La Bíblia, se dice que Moisés derrotó a un rey de Sión que reinaba en la ciudad moabita de Jeshbón, cerca de la frontera moabita e israelitas. Esta ciudad supuestamente sirvió como centro de un gran reino moabita. Sin embargo, recientes excavaciones en el lugar que debía ser el emplazamiento de Jeshbón, Tell Hishban, muestran que permaneció desocupado hasta el primer milenio a.C. Sin duda, La Bíblia contiene información errónea referente al periodo moabita temprano.

Como era habitual en los tiempos antiguos, la mayoría de culturas mantenían que eran descendientes de algún héroe antiguo. Tanto los moabitas como los amonitas habrían tenido leyendas sobre estos antecesores. Debido a su proximidad al antiguo Israel, los estilos de vida similares y los frecuentes conflictos territoriales y reconvenciones con Israel, los escribas de La Bíblia trataron de establecer alguna conexión subordinada entre estas dos naciones y el reino israelita. Ya que la genealogía está conectada a la falsa genealogía de Abraham, podemos suponer que se originó en una época posterior incluso a la de Abraham.

Mito 53 : Abraham fingió que Sara era su hermana

El Mito: Cuando estaba ya próximo a entrar en Egipto, dijo a Sarai, su mujer: «Mira que sé que eres mujer hermosa, y cuando te vean los egipcios dirán: «Es su mujer», y me matarán a mí, y a ti te dejarán la vida; di, pues, te lo ruego, que eres mi hermana, para que así me traten bien por ti, y por amor de ti salve yo mi vida» (Gn 12, 11-13).

Partióse de allí Abraham para la tierra del Néguev, y habitó entre Cades y Sur, y moró en Gerar. Abraham decía de Sara, su mujer: «Es mi hermana». Abimelec, rey de Gerar, mandó tomar a Sara (Gn 20, 1-2).

La Realidad: El Génesis contienen tres relatos distintos sobre un patriarca que temía que un rey extranjero le mataría para quitarle a su hermosa mujer y hacerla su reina, así que la mujer del patriarca finge ser su hermana. Los tres relatos nacen de una fuente mitológica común.

Cuando Abraham abandona Mesopotamia y va a Canaán, una hambruna invade la tierra y se ve obligado a ir a Egipto para encontrar alimentos. Por algún motivo, teme que el faraón se entere de su presencia y que encuentre a su mujer de lo más atractiva y deseable (Sara cuenta unos sesenta y cinco años en esa época). Abraham se imagina que si el faraón cree que Abraham y Sara son marido y mujer, a él lo matará para así poder quedarse con Sara. Por tanto, le pide a Sara que finja ser su hermana. Por lo visto, Abraham tolera que su mujer se convierta en concubina del faraón.

Efectivamente, el faraón descubre a la hermosa Sara y la toma por esposa. Pero una terribles enfermedades azotan la casa del rey y éste se entera de la verdad. El faraón devuelve a Sara a Abraham y los envía fuera del país con grandes riquezas —ganado, oro y plata.

Unos veinticinco años después, Abraham y Sara viajan a la ciudad de Gerar, una ciudad filistea gobernada por un rey llamado Abimelec, que tiene un capitán de ejército llamado Picol. Sara, que ahora tiene unos noventa años, sigue siendo una gran belleza, y una vez más Abraham teme que el rey lo mate para hacer de Sara su esposa real. Así que nuevamente le pide a Sara que finja ser su hermana y nuevamente el rey la hace suya. Pero esta vez, antes de que el rey hubiese consumado el asunto, recibe un aviso de Dios, y retorna Sara a Abraham. Este rey también colma a Abraham de grandes riquezas. Posteriormente, Abraham y Abimelec se disputan unos pozos y resuelven la disputa mediante un tratado. Llaman al lugar Berseba, que significa «pozo de promesa».

Entre cuarenta y cuarenta y cinco años después, otra hambruna azota Canaán y Dios le dice a Isaac, el hijo de Abraham, que no vaya a Egipto sino a Gerar. Nuevamente la ciudad pertenece a los filisteos, Abimelec es rey y Picol es capitán de la guardia. Cuando Isaac llega a Gerar con su mujer, Rebeca, los ciudadanos comentan lo hermosa que es, e Isaac, temiendo que el rey lo mate, dice que Rebeca es su hermana.

Habitó, pues, Isaac en Gerar. Preguntábanle los hombres del lugar por su mujer, y él decía: «Es mi hermana». Pues temía decir que era su mujer, no fuera que le mataran los hombres del lugar por Rebeca, que era muy hermosa (Gn 26, 6-7).

Nuevamente, el rey descubre la farsa, hace las paces con Isaac, y acto seguido se disputa unos pozos con él. Concluyen un tratado y nombran al lugar Berseba.

Gerar y Berseba están situadas en la frontera sur de Canaán, en el desierto de Sur. Al describir la extensión del territorio israelita, en ocasiones los escritores de La Bíblia dicen que se extiende desde Berseba hasta Dan. En términos tribales, el territorio pertenece a Simón, el segundo hijo mayor de Jacob.

Estos tres relatos presentan testimonios alternativos del mismo acontecimiento, pero los redactores de La Bíblia no se ponen de acuerdo sobre si el incidente tuvo lugar en Egipto o en Canaán, o si ocurrió con Abraham o Isaac. El incidente de Abraham en Gerar pertenece a la fuente E, pero el relato de Isaac en Guerar pertenece a la fuente J. El relato egipcio de Abraham también pertenece a la fuente J, y ambos relatos J incluyen una hambruna.

En el relato de Abraham de la hambruna, Abraham va a Egipto, pero en el relato de Isaac de la hambruna. Dios le dice al patriarca: «No vayas a Egipto; sigue habitando en esa tierra, donde yo te diga» (Gn 26, 2). ¿Por qué, si en Egipto había pan? Allí fueron los hijos de Abraham y Jacob durante la hambruna. Parece existir un esfuerzo concienzudo para rebajar la conexión con Egipto y la conexión de Abraham con Berseba.

La fuente E tiende a reflejar las ideas del reino del norte, mientras que la fuente J tiende a favorecer al reino del sur. El hecho de que ambas fuentes presenten reivindicaciones contrarias acerca de cual patriarca fue a Gerar y cómo Berseba obtuvo su nombre, sugiere algún tipo de feudo político esotérico en el periodo después de que Israel y Judá se dividieran en reinos separados.

Uno puede ver que tanto los relatos de Gerar de Abraham e Isaac son de un origen tardío porque ambos mantienen que los filisteos controlaban y habitaban Gerar. Los filisteos no llegaron a Canaán hasta el siglo xii a.C., unos seiscientos años después de la época de Abraham e Isaac. Por tanto, los relatos de Gerar son falsos. Pero ¿qué hay del primer relato que tiene lugar en Egipto?

Tal y como vimos en el Mito 49, cuando Abraham abandona Egipto se dirige hacia el sur, en dirección al Alto Egipto, y no a Canaán. Esto sugiere que el relato de Abraham y el faraón nace de una fuente egipcia. Siguiendo la cronología judía tradicional de La Bíblia, Abraham llegó a Egipto durante la segunda mitad del siglo xin a.C. Para los egipcios esta fue una época problemática que los egiptólogos denominan el Segundo Periodo Intermedio.

Durante esta época, una coalición de no egipcios que residía en el delta del Nilo comenzó a hacerse con el poder. Conocidos como los hicsos, al final consiguieron el control de la mayor parte de Egipto y reinaron durante casi dos siglos. Los reyes egipcios legítimos en Tebas mantuvieron el control sobre alguna parte del Alto Egipto, o bien hicieron de vasallos para los dirigentes hicsos en el Bajo Egipto.

En un interesante giro mitológico/literario, los reyes hicsos adoraban al rey egipcio Set, el único rival mitológico reconocido de Horus. El conflicto hicsos-Tebas reflejaba el conflicto Horus-Set, y la literatura egipcia posterior tendía a identificar a los invasores extranjeros como agentes de Set. El interregno de los hicsos tuvo un poderoso impacto sobre la mentalidad egipcia y dio lugar a gran cantidad de imágenes mitológicas y literarias.

Los hicsos construyeron su capital en Avaris y dedicaron la ciudad a Set. Unos 450 años después, mucho después de que Egipto expulsara a los hicsos, el faraón Ramses II cambió el nombre de Avaris por el de Pi-Ramses. Esta ciudad era una de las dos ciudades donde trabajaron los esclavos hebreos, aunque no queda claro si trabajaron allí antes o después del cambio. La ciudad continuaba siendo un centro de culto para Set. Por tanto la tradición israelita recordaba a Set como un rey enemigo que los perseguía.

Cuando Abraham llega a Egipto durante la hambruna, debió alcanzar el delta del Nilo alrededor de la época en que los hicsos ya habían establecido su dominio en esa región. El deseo del faraón de casarse con la mujer de Abraham sería una metáfora de las negociaciones y disputas entre los príncipes hicsos que se hicieron con el poder y los príncipes locales que se opusieron. El líder de los hicsos querría un acuerdo. Abraham, que se correspondía con un gobernador egipcio local, al principio habría aceptado pero luego se rebelaría. Huiría hacia el sur, a Tebas, para unirse a los reyes legítimos en su lucha contra los invasores.

La ciudad de Gerar estaba ubicada en el desierto de Sur, un territorio que los egipcios asociaban con el dios Set. En tiempos post-hicsos, la rebelión de un Abraham egipcio contra un rey adorador de Set en el delta era comparable a una rebelión contra las fuerzas de Set en el desierto de Sur. Abimelec de Gerar, cuyo nombre significa «rey-padre», hubiese sido originariamente una representación del último rey de los hicsos, pero puesto que Gerar estaba ubicada en lo que posteriormente se convirtió en territorio filisteo, los redactores bíblicos dieron por hecho que Abimelec era un rey filisteo. Esta posterior reescritura del relato refuerza la idea en la mente de los editores bíblicos de que cuando Abraham abandonó Egipto se fue a Canaán.

Por tanto, mientras que el relato de Abraham y el faraón simboliza el conflicto entre Tebas y los reyes hicsos, que tuvo lugar en Egipto, la historia se convierte en un conflicto con un rey en el territorio de Set, y se extiende a un conflicto con un rey filisteo. Mientras, las facciones políticas discuten si Abraham o Isaac tienen más derecho sobre Berseba, una discusión que sin duda tiene algo que ver con la resolución de disputas territoriales entre los israelitas.

Mito 54 : Jacob y Esaú lucharon en el seno materno

El Mito: Rogó Isaac al Señor por su mujer, que era estéril, y fue oído por el Señor, y concibió Rebeca, su mujer. Chocábanse en su seno los niños, y dijo: «Para esto ¿a qué concebir?» Y fue a consultar al Señor, que le dijo:

«Dos pueblos llevas en tu seno, dos pueblos que al salir de tus entrañas se separarán. Una nación prevalecerá sobre la otra nación. Y el mayor servirá al menor».

Llegó el tiempo del parto, y salieron de su seno dos gemelos. Salió primero uno rojo, todo él peludo, como un manto, y se le llamó Esaú. Después salió su hermano, agarrando con la mano el talón de Esaú, y se le llamó Jacob. Era Isaac de sesenta años cuando nacieron. Crecieron los niños, y fue Esaú diestro cazador y hombre agreste, mientras que era Jacob hombre apacible y amante de la tienda. Isaac, porque le gustaba la caza, prefería a Esaú, y Rebeca prefería a Jacob (Gn 25, 21-28).

La Realidad: Jacob y Esaú se corresponden con los dioses egipcios Horus y Set, quienes lucharon en el seno materno y se disputaron quien se convertiría en dirigente de la nación.

Jacob y Esaú son gemelos que luchan incluso dentro del seno materno. Esaú sale el primero, «rojo, todo él peludo, como un manto», pero Jacob intenta retenerle. Este relato presenta sólo uno de los muchos incidentes entre Jacob y Esaú que se inspiran en los mitos egipcios sobre el conflicto entre Horus y Set.

Tenemos varias evidencias acerca de la identidad original de Jacob y Esaú, pero están dispersas a través de varios relatos y es necesario reconstruirlas. Comentaremos aquí las características más destacadas y las demás serán tratadas con más detalle en otros mitos relacionados con este tema.

Tal vez la pista más importante en cuanto a su identidad venga dada por la descripción física de Esaú. Salió del seno materno siendo un bebé bastante peludo, cubierto de un vello rojo tan espeso que parecía un manto. Era tan hirsuto que años más tarde Jacob se disfrazó de él cubriendo sus propios brazos con una piel de cabra. Las características físicas de Esaú son las del dios egipcio Set, hermano y rival del dios reinante Horus. A menudo, los Egipcios retrataban a Set con la forma de un asno pelirrojo.

Según el relato de Plutarco acerca del nacimiento de Osiris, dios del más allá y hermano de Set, el segundo nació antes de tiempo y se abrió camino por el costado de su madre, de manera similar a Esaú, que se adelantó a Jacob en su salida de la matriz. En el mismo relato, Set nació inmediatamente después de Horus el Grande, pero apareció mucho antes que Horus el Hijo de Isis. Debido a que los egipcios mezclaban las identidades de varios dioses Horus, Set y Horus eran gemelos que también compartían el parentesco de tío y sobrino.

Esaú y Set también comparten la característica de ser intrépidos cazadores y guerreros, mucho más que cualquier otro de sus compañeros. Y ambos eran seres solitarios que no se relacionaban bien con los demás miembros de la familia.

Al ser el primer nacido, Esaú debía haber sido el heredero de la alianza, e Isaac lo prefería a él. Pero su madre quería más a Jacob y conspiró para engañar a Isaac y Esaú con el fin de transferir la primogenitura a su amado hijo. El relato egipcio tiene el mismo guión. Ra, la divinidad principal, prefería a Set como el sucesor de Osiris. Isis, sin embargo, prefería a su hijo Horus, que también era hermano de Set. Al final, Isis ayuda a Horus a conseguir el trono (véase el Mito 55).

Otro paralelismo interesante entre los relatos egipcio y bíblico referentes a Set y Esaú tiene que ver con el nombre de Esaú. Cuando Set planea atrapar a Osiris en un cofre y enviarlo al mar, una reina etíope llamada Aso lo ayuda. Aunque el aliado de Set sea una mujer, su nombre es filológicamente idéntico al de Esaú, al compartir las mismas consonantes (hebreo y egipcio no utilizaban vocales). Esto indica que cuando los hebreos adoptaron el relato, substituyeron el nombre de la divinidad que asistió al dios por el de la misma divinidad.

Por consiguiente, las correspondencias anteriormente descritas entre Set y Esaú también contribuyen a identificar la naturaleza del hermano de Esaú. Horus el Grande era el hermano gemelo de Set y ambos lucharon en el seno materno. Jacob y Esaú hicieron lo mismo. Tanto Horus el Hijo de Isis, como Jacob dependieron de su madre para que les ayudara a engañar a su hermano y así conseguir el liderazgo. Tanto Horus como Jacob recibieron la oposición del cabeza del clan. Por añadidura, Plutarco nos dice que mucho después del nacimiento de Set, Horus el Hijo de Isis nació cojo. Jacob también se volvió cojo mucho después del nacimiento de Esaú, pero justo antes de que cambiara su nombre por el de Israel. Contextualmente, el cambio de nombre debería considerarse como una forma de renacimiento, ya que supone una nueva etapa en la vida de Jacob

Mito 55 : Jacob engañó a Esaú para quitarle la primogenitura

El Mito: Hizo un día Jacob un guiso, y llegando Esaú del campo, muy fatigado, dijo a Jacob, «Por favor, dame de comer de ese guiso rojo, que estoy desfallecido». Por esto se le dio a Esaú el nombre de Edom (es decir, «rojo»). Le contestó Jacob: «Véndeme ahora mismo tu primogenitura». Respondió Esaú: «Estoy que me muero; ¿qué me importa la primogenitura?» «Júramelo ahora mismo», le dijo Jacob; y juró Esaú, vendiendo a Jacob su primogenitura. Diole entonces Jacob pan y el guiso de lentejas; y una vez que comió y bebió, se levantó Esaú y se fue, sin dársele nada de la primogenitura (Gn 25, 29-34).

Cuando Isaac envejeció, sus ojos se debilitaron y perdió la vista. Llamó, pues, a Esaú, su hijo mayor, ...y mi alma te bendecirá antes de morir. Oyó Rebeca lo que Isaac decía a Esaú, su hijo... y Rebeca dijo a Jacob, su hijo... y se lo llevas a tu padre, que lo comerá y te bendecirá antes de su muerte. Contestó Jacob, a Rebeca, su madre: «Mira que Esaú, mi hermano, es hombre velludo y yo soy lampiño, y si me toca mi padre apareceré ante él como un mentiroso, y traeré sobre mí una maldición en vez de la bendición». Díjole su madre: «Sobre mí tu maldición, hijo mío; pero tú obedéceme. Anda y tráemelos»... Tomó Rebeca vestidos de Esaú, su hijo mayor, los mejores que tenía en casa, y se los vistió a Jacob, su hijo menor; y con las pieles de los cabritos le cubrió las manos y lo desnudo del cuello...y éste se lo llevó a su padre, y le dijo: «Padre mío». «Heme aquí, hijo mío», contestó Isaac. «¿Quién eres, hijo mío?» Y le contestó Jacob. «Yo soy Esaú, tu hijo primogénito. He hecho como me dijiste. Levántate, pues, te ruego: siéntate, y come de mi caza, para que me bendigas»...y no le conoció, porque estaban sus manos velludas como las de Esaú, su hermano, y se dispuso a bendecirle (Gn 27,1-24).

La Realidad: Estos dos relatos sobre Jacob obteniendo la primogenitura de Esaú fueron adaptados de un relato egipcio sobre cómo Isis, madre de Horus, el hermano de Set, engañó a Set para que éste renunciara a su disputa con Horus por el trono.

El Génesis ofrece dos relatos sobre cómo Jacob obtuvo la primogenitura de su hermano mayor y ninguno de ellos deja muy bien parado a Jacob. Cuando Jacob y Esaú estaban en el seno materno, Dios le dijo a su madre que el mayor serviría al menor, queriendo decir que de alguna manera la persona con derecho a la primogenitura la perdería. ¿Por qué? Si Dios hubiese querido que Jacob fuese el heredero principal, ¿por qué simplemente no dispuso que Jacob naciera el primero? Y, ¿por qué consignó Dios su esperanza de que Jacob llevara a cabo con éxito un plan de una falsedad tan evidente?

En el primer incidente, Esaú regresa de su cacería al borde de la muerte y debilitado por el hambre. Pide ayuda a su hermano que tiene un plato de lentejas. Jacob, en vez de compartir la comida con su hermano, como habría hecho cualquier miembro humano de una familia, se aprovecha de la situación y le ofrece venderle la comida a cambio de su primogenitura. ¿Es este Jacob un modelo para un Dios que supuestamente emitió el mandamiento de no desear la propiedad de un prójimo?

La adquisición por parte de Jacob de la primogenitura, por muy despreciable que fuera el acto, se podría defender bajo principios puramente contractuales. El segundo incidente no se puede describir de esta manera. Jacob comete actos de robo y falso testimonio.

En el segundo incidente, Isaac, viejo y ciego, quiere transmitirle la bendición a Esaú, su hijo preferido y legítimo heredero. Como preparación, le envía a cazar venado y promete bendecirle a su regreso.

Rebeca, la mujer de Isaac, oye la conversación y le dice a Jacob que mate una cabra para que ella pueda preparar un guiso para Isaac y así hacer que Jacob finja ser su hermano. A Jacob le preocupa que su piel no sea lo bastante peluda, lo cual lo delataría, y en vez de una bendición recibiría una maldición de Isaac (no le preocupa actuar de forma indebida, sólo ser descubierto). Rebeca le dice que ella absorberá la maldición, y que Jacob debe cubrirse las manos con la piel de la cabra y ponerse la ropa de Esaú.

El engaño funciona. Jacob le miente a Isaac y se hace con la herencia de Esaú. Sin embargo, no queda del todo claro en qué se diferencian la bendición y la primogenitura. Jacob ya había adquirido la primogenitura mediante el plato de lentejas. ¿Qué le añadía la bendición a ese paquete que no tuviera ya?

El relato de cómo Jacob obtiene la herencia guarda una sorprendente similitud con un acontecimiento que recoge un texto egipcio del siglo xii a.C., conocido como El Juicio de Horus y Set. El relato habla de un litigio entre los dioses Horus el Niño y Set por el derecho a suceder a Osiris como rey de Egipto. El consejo de dioses hace de jurado. El documento reúne varios relatos que registran mitos anteriores.

En un momento de la contienda, Isis, madre de Horus el Niño, ha conseguido convencer a todos menos a Ra, la principal divinidad de los dioses, de que su hijo Horus debe ser el rey. Set se enfurece y declara que no acatará ninguna decisión emitida por un tribunal que incluya a Isis. Ra instruye a los dioses para que se vuelvan a reunir en un lugar conocido como «la isla del Medio» y ordena al barquero que no deje cruzar a Isis ni a nadie que se le parezca.

La diosa se disfraza de vieja y le dice al barquero que lleva un plato de sopa para el joven hambriento que cuida el ganado. Su disfraz engaña al barquero y éste la lleva hasta la isla. Cuando pisa tierra, ve a Set y se transforma en una hermosa mujer.

Set, sexualmente excitado, se acerca a ella. Cuando están juntos, ella le explica una historia muy triste. Su marido, dice, había sido un ganadero con quién ella había tenido un hijo. El marido se había muerto quedando el hijo a cargo el ganado, pero un extraño había entrado en el establo y había amenazado con golpear y expulsar al hijo y llevarse el ganado. Isis acaba pidiéndole protección a Set.

«¿Acaso mientras el hijo de un hombre sigue vivo —contesta Set— se le debe dar el ganado a un extraño?» Estas palabras de Set indican que la ley establece que el hijo tiene un derecho mayor sobre la propiedad de un padre que un extraño. Lo que no sabía mientras pronunciaba estas palabras, era que también estaba describiendo el conflicto legal entre él y Horus el Niño por el derecho a reinar en Egipto. Horus el Niño era hijo de Osiris, el anterior rey, y el título era una forma de propiedad que le correspondía a su heredero, su hijo, y no a un rival. Set estaba actuando como matón en el cuento que Isis le había explicado.

Inmediatamente después de pronunciar estas palabras, Isis se transforma en un pájaro y le grita que las propias palabras de Set le han delatado. Cuando Ra oyó lo que había dicho Set, declaró que Horus debía ser el rey.

Pero Set no era buen perdedor y se negó a obedecer la declaración. Quedaban por venir todavía más pruebas, trucos, y engaños.

Este relato egipcio presenta básicamente la misma narración que La Bíblia. El cabeza del clan prefiere al pretendiente mayor; la madre prefiere al menor; el hijo mayor se ausenta del hogar antes de recibir la bendición que le corresponde; la madre se entera de la intención de otorgar la bendición; la madre dispone para que un plato de comida sea llevado a uno de los rivales por una persona disfrazada; uno de los rivales es engañado para que pronuncie las palabras que otorgan la bendición al hijo menor; uno de los rivales determina matar al hijo menor.

Los detallados paralelismos entre el relato egipcio de la isla del Medio y los actos de Rebeca y Jacob no dejan lugar a dudas acerca de la influencia egipcia sobre el relato del Génesis.

Mito 96 : David mató a Goliat

El Mito: Y el filisteo (es decir. Goliat) se fue acercando a David; y el hombre que portaba su escudo iba delante de él. Y cuando el filisteo miró y vio a David, lo despreció: pues era muy joven, de rostro blondo y bello. Y dijo el filisteo a David: «¿Acaso crees que soy un perro, que vienes contra mí con un cayado?» Y el filisteo maldijo a David por sus dioses. Y dijo el filisteo a David: «Ven hacia mí, y daré tu carne a los pájaros del aire y a las bestias del campo». Dijo entonces David al filisteo: «Tú vienes a mí con la espada, la lanza y el escudo: pero yo voy a ti en el nombre del Señor de los ejércitos, el Dios de las huestes de Israel, a quien tú has desafiado. En el día de hoy el Señor te entregará en mis manos; y yo te heriré y te arrancaré la cabeza; y daré los cadáveres de la hueste de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y que sepa toda la tierra que hav un Dios en Israel. Y toda esta asamblea sabrá que el Señor no salva por la espada ni por la lanza; pues la batalla es del Señor, y él nos la entregará en nuestras manos». Y sucedió que cuando el filisteo se levantó y se acerco a David, éste se echó a correr hacia el ejército para encontrar al filisteo. Y David metió la mano en el zurrón, y cogió una piedra y la lanzó con la honda e hirió al filisteo en la frente, de forma que la piedra se hundió en su frente; y cayó de bruces a tierra. Así pues David venció al filisteo con una honda y una piedra, e hirió al filisteo y lo mató; pero no había espada alguna en la mano de David. Así que corrió y se detuvo frente al filisteo, y tomó su espada, y la sacó de su vaina, y lo mató y le cortó la cabeza. Y cuando los filisteos vieron que su campeón había muerto, huyeron (1 Sm 17,41-51).

La Realidad: Fue Elijanán (Elhanan), miembro de Los Treinta, tropa de élite de David, quien mató a Goliat.

La historia de cómo el joven David, armado tan solo con una honda y piedras, derrotó a un gigantesco y bien armado guerrero filisteo llamado Goliat ha llegado a ser uno de los relatos bíblicos más famosos. El nombre del enemigo derrotado se ha convertido en sinónimo de «enorme» y la expresión «David contra Goliat» en un cliché literario para una confrontación entre contendientes de tuer/.as desiguales. Por desgracia, David no mato a Goliat, y tampoco era un joven cuando este nuino.

En la traducción del rey Jacobo de 2 Samuel 21, 19, dice: «Y hubo otra batalla en Gob con los filisteos, en la que Elijanan, hijo de lari, mato al hermano de Goliat, cuya lanza era como un enjulió de tejedor».

Aunque esta traducción nos dice que Elijanán mato al hermano de Goliat, las palabras «el hermano de» no aparecen en el texto hebreo.1 El pasaje dice en realidad que Elijanán mato a Goliat, no a su hermano.

La adición de estas palabras a la traducción tiene dos motivos. En primer lugar, los traductores no querían contradecir el relato anterior que atribuía la victoria a David, especialmente porque David esta dramáticamente vinculado a Cristo en la tradición cristiana: las credenciales de Cristo como Mesías, según las profecías bíblicas, dependen de su descendencia de David. En segundo lugar, el autor de 2 Crónicas 20, 5, escrito siglos después del versículo 2 Samuel 21, 17 y enfrentado a la misma contradicción, escribió: «Elijanán, el hijo de Jari mato a Lajmi, el hermano de Goliat, de Gat, cuya lanza era como un enjjulio de tejedor».

Hay varias claves que indican que los redactores tardíos dieron crédito a David sobre lo realizado por Elijanán. Los traductores ingleses, confiando en 1 Crónicas 20, 5, insertaron las palabras «el hermano» en 2 Samuel 21, 19. En la versión que atribuye la hazaña a David, después de la muerte de Goliat, Saúl dice: «¿De quien es hijo ese joven?» Y Abner dijo: «Por tu alma que no lo sé, ¡oh rey!» Y el rey dijo: «Infórmate entonces a ver de quién es hijo» (1 Sm 17, 55). Si David fuera quien mata a Goliat, Saúl hubiera sabido quien era, pues David ya era un favorito de la corte.

Y David llevó a su casa y se presento ante Saúl. Saúl /e tomo cariño y le hizo su escudero. Y Saúl dijo a Isai: «Que se quede, te ruego, conmigo David, pues ha hallado gracia ante mis ojos" (I Sm /6, 21-22).

Si David va era un favorito de Saúl, ¿como podía Saúl no conocer a quien acababa de enviar a luchar con Goliat?

Después de matar a Goliat, el texto nos dice que David llevo la cabeza a Jerusalén, pero durante el reinado de Saúl Jerusalén estaba en manos de los jebuseos. La ciudad no paso a poder de Israel, según La Bíblia, hasta que David llegó a ser rey. Esto sugiere que en el relato original David ya era rey cuando Goliat murió.

Casualmente, en la versión que atribuye la muerte de Goliat a Elijanán, David ya es rey y Elijanán forma parte del grupo de guerreros de élite conocidos como Los Treinta. La versión de Elijanán retiene asimismo algo del aliento épico original. Es una de las cuatro historias cortas sobre otros tantos miembros de Los Treinta que matan a cuatro gigantes. Es interesante que en el versículo que introduce los cuatro relatos sobre Elijanán y los otros, se nos dice que «David se fatigó» (2 Sm 21, 15).

Aunque el padre de Elijanán recibe el nombre de Jari en los versículos sobre la victoria sobre Goliat, en la lista de los integrantes de Los Treinta de David recibe el nombre de Dodo. Como los otros tres matagigantes también pertenecen a Los Treinta, debe tratarse del mismo Elijanán. Esta conexión entre Elijanán y Dodo puede haber sido la inspiración para atribuir a David el triunfo de Elijanán. En hebreo, Dodo se deletrea DWDW y David DWD. Los dos nombres son virtualmente idénticos y provienen de la misma raíz que significa «amado». Dodo y David son llamados belenitas, añadiendo otra razón para la confusión de la identidad del asesino de Goliat.

Otro indicio de que la versión favorable a David adaptó material de la versión de Elijanán proviene de la aparición contextual del nombre de Goliat. A lo largo de toda la narración de David, el nombre de Goliat sólo aparece en dos ocasiones. Las referencias restantes a este guerrero lo describen simplemente como el «filisteo» o «el filisteo de Gat». La forma en que aparece el nombre sugiere que fue insertado en la narración posteriormente. Por ejemplo, en 1 Samuel 17, 23, el texto dice:

Y mientras hablaba con ellos, llegó el campeón, el filisteo de Gat, de nombre Goliat, salió de las líneas de los filisteos y dijo las mismas palabras: y David lo escuchó.

Pero La Bíblia ya había dado el nombre de Goliat anteriormente y había descrito su gran valor, por lo que en la expresión «filisteo de Gat, de nombre Goliat» el añadido de las palabras «de nombre» suena artificial.

En su origen, el asesinato de Goliat pertenecía a una colección de relatos en los que numerosos héroes mataban a gigantes. Elijanán era uno de estos valerosos guerreros, como lo eran otros miembros de Los Treinta, a muchos de los cuales se atribuían tales victorias. Los Treinta parecen haber sido un grupo mítico al estilo de los caballeros de la Mesa Redonda del rey Arturo. Al convertirse David en el mayor héroe de la corte de Judá, los miembros de la tribu de Judá anhelaban creer que el fundador de la dinastía había sido capaz de grandes hazañas, por lo que su substitución por uno de los restantes matagigantes no precisaba de una gran suspensión de la credibilidad.

Mito 56 : Jacob sueña con una escalera hacia el cielo


El Mito: Salió, pues, Jacob de Berseba para dirigirse a Jarán. Llegó a un lugar donde se dispuso a pasar la noche, pues el sol se ponía ya, y tomando una de las piedras que en el lugar había, la puso de cabecera y se acostó. Tuvo un sueño en el que veía una escala que, apoyándose sobre la tierra, tocaba con su extremo en el cielo, y por ella subían y bajaban los ángeles de Dios. Junto a él estaba el Señor, que le dijo: «Yo soy el Señor, el Dios de Abraham, tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra sobre la cual estás acostado te daré a ti y a tu descendencia. Será ésta como el polvo de la tierra, y te ensancharás a occidente y a oriente, a norte y a mediodía, y en ti y en tu descendencia serán bendecidas todas las naciones de la tierra. Yo estoy contigo, y te bendeciré adondequiera que vayas, y volveré a traerte a esta tierra, y no te abandonaré hasta cumplir lo que te digo».

Despertó Jacob de su sueño, y se dijo: «Ciertamente está el Señor en este lugar, y yo no lo sabía»; y atemorizado, añadió: «¡Qué terrible es este lugar! No es sino la casa de Dios y la puerta de los cielos». Levantóse Jacob bien de mañana, y tomando la piedra que había tenido de cabecera, la alzó, como memoria, y vertió óleo sobre ella. Llamó a este lugar Betel, aunque la ciudad se llamó primero Luz (Gn 28, 10-19).


La Realidad: Esta escena se deriva de los escritos egipcios procedentes de pirámides del tercer milenio a.C. y que describen los rituales funerarios del rey muerto.


Cuando Esaú se entera de que Jacob lo ha engañado para obtener la bendición de Jsaac, hace un juramento: «Cerca están los días del duelo por mi padre; después mataré a Jacob, mi hermano». Los padres de Jacob temen por la seguridad de su hijo menor y lo envían a Padanaram (Siria) con el hermano de Rebeca, Laban (epónimo de Líbano).


Por el camino tiene un extraño sueño. Ve una escalera que se alza desde la tierra hasta el cielo y por ella suben y bajan ángeles. Al final se alza Dios, quien le promete toda la tierra de Canaán a Jacob, el heredero de la alianza de Abraham e Isaac. Cuando despierta, Jacob declara que ese lugar debe ser la casa de Dios y la puerta de los cielos. Allí eleva y consagra un altar y llama al lugar Betel, que significa «casa de Dios».


El sueño aparece en un contexto ambiguo. Isaac, que ha sido descrito como viejo y ciego, y con unos cien años de edad, le acaba de dar su bendición a Jacob. Esaú declara que los días de duelo de su padre se acercan, queriendo decir que Isaac morirá pronto. Curiosamente, Isaac realiza sólo una aparición breve v menor en La Bíblia. Unos veinte años tras la huida de Jacob, éste visita a Isaac, que tendrá ya unos ciento veinte años. El versículo no dice exactamente que Jacob vea a Isaac, ni le atribuye ninguna acción a Isaac. En el siguiente versículo, La Bíblia dice que Isaac muere a la edad de ciento ochenta años.


Estos últimos dos versículos sobre Isaac provienen de la fuente E. Los anteriores relatos sobre Jacob y Esaú y sus conflictos pertenecen a la fuente J. Esto sugiere que en la fuente J, Isaac murió al poco tiempo de haber dado su bendición. Sólo en la fuente E sobrevive el padre, y esas menciones comprenden únicamente dos versículos menores que fueron añadidos con posterioridad.


El sueño de Jacob, por tanto, se desarrolla en el siguiente contexto. Acaba de recibir la bendición de su padre; su padre muere poco después; sueña con una escala hacia los cielos; y se convierte en el nuevo heredero de la alianza con Dios.


Con esto en mente, veamos algunos extractos del Texto de las Pirámides del antiguo Egipto, que datan del periodo entre 2500 y 2100 a.C. En la pirámide de la V dinastía del faraón Unas, leemos: Ra colocó la escala para Osiris, y Horus alzó la escala para su padre Osiris, cuando Osiris fue a encontrar su espíritu; uno de ellos se puso a un lado, y el otro al otro lado, y Unas entre ellos dos. Unas de pie, y Horus sentado, y él (Horus) es Set.


Y, en la pirámide de la VI dinastía de Pepi 1:


Saludos, Escala de Dios, Saludos, Escala de Set. Yérguete Escala de Dios, yérguete Escala de Set, yerguete Escala de Horus, por la cual Osiris subió a los cielos.


Lo que estos textos describen es una creencia egipcia sobre cómo el espíritu del rey muerto entra en los cielos. Cuando el rey está vivo él es el dios Horus. Cuando muere se convierte en el dios Osiris, padre de Horus. El rey muerto en forma de Osiris sube por una escala hasta el cielo, y la escala está compuesta por los cuerpos de sus dos hermanos, Horus y Set.


Si no hacemos caso de las imágenes egipcias politeístas, y comparamos estas descripciones con el retrato que hace La Bíblia, podemos ver lo que ésta describe. La escala egipcia, que consiste de los cuerpos de las dos divinidades egipcias sobre las cuales Osiris sube a los cielos, ha sido reemplazada por una escala con varios seres sobrenaturales, ángeles, que suben y bajan entre la tierra y los cielos. El ritual egipcio se desarrolla en el contexto de reemplazar al rey muerto por uno nuevo. El contexto bíblico describe el reemplazo de la figura del rey muerto, Isaac, con la del nuevo rey, Jacob.


Debemos mencionar una conexión más entre ambas series de imágenes. Jacob llama al lugar de la escala Betel, que significa casa de Dios, y dice que se trata de la puerta del cielo. El nombre egipcio para el cielo es Hathor, que significa casa de Horus. Hathor y Betel significan ambos lo mismo —la conexión entre la casa de un dios reinante y los cielos.


Por último, si Jacob y Esaú representan a Horus y Set, y Rebeca representa a Isis, la mujer de Osiris, entonces Isaac representa a Osiris, el rey muerto que sube por la escala.


Mito 57 : Jacob luchó contra un extraño


El Mito: Así se quedó Jacob solo, y hasta rayar la aurora estuvo luchando con él un hombre, el cual, viendo que no le podía, le dio un golpe en la articulación del muslo, y se descoyuntó el tendón del muslo de Jacob luchando con él. El hombre dijo a Jacob: «Déjame ya que me vaya, que sale la aurora». Pero Jacob respondió: «No te dejaré ir si no me bendices». Él le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?» «Jacob», contestó éste. Y él le dijo: «No te llamarás ya en adelante Jacob, sino Israel, pues has luchado con Dios y con hombres, y has vencido». Le rogó Jacob: «Dame, por favor, a conocer tu nombre»; pero él le contestó: «¿Para qué preguntas por mi nombre?», y le bendijo allí. Jacob llamó a aquel lugar Panuel, pues dijo: «He visto a Dios cara a cara y ha quedado a salvo mi vida». Salía el sol cuando pasó de Panuel e iba cojeando del muslo. Por eso los hijos de Israel no comen, todavía hoy, el tendón femoral de la articulación del muslo, por haber sido herido en él Jacob. Alzó Jacob los ojos, y vio venir hacia él a Esaú... (Gn 32, 24. 33,1)


La Realidad: Esta narración sobre una lucha cuerpo a cuerpo es un relato corrompido sobre la lucha diaria entre Horus y Set; una batalla entre las fuerzas del día y de la noche.


Jacob permanece con Laban, su tío, durante veinte años. Durante ese tiempo llega a tener cuatro esposas, once hijos y una hija. (Jacob fue padre de un duodécimo hijo cuando regresó a Canaán). Al cabo de veinte años, Dios le dice a Jacob y a su familia que regresen a su tierra de origen. Durante el viaje, Jacob decide visitar a Esaú y ver si pueden llegar a un acuerdo pacífico.


Cuando Jacob se acerca al lugar del encuentro, acomoda a su familia en un campamento y se va solo. Esa noche se le aparece un extraño y los dos luchan toda la noche. Ninguno consigue una victoria, pero el extraño hiere a Jacob en una pierna al luchar. Al amanecer, el extraño propone que dejen la pelea, pero Jacob sólo accede con la condición de que reciba una bendición. El extraño bendice a Jacob, le cambia el nombre por el de Israel y le declara un príncipe de poder.


Jacob le pide a su contrincante que se identifique, pero el extraño se niega, y puesto que Jacob cree que está mirando al rostro de Dios, llama al lugar Panuel, «rostro de Dios» (el relato utiliza tanto Peniel como Panuel para el nombre de lugar. Sin embargo, La Bíblia sólo hace referencia a Panuel.) Entonces, el sol se alza en el cielo y Jacob comienza a cojear. Inmediatamente después de su enfrentamiento con el extraño, aparece Esaú. Los dos hermanos se declaran la paz, se abrazan, y son amables el uno con el otro. Jacob pronuncia una extraña declaración: «He visto tu faz como si viera la de Dios» (Gn 33, 10). Sus palabras sugieren que Esaú es el extraño con el que había luchado Jacob.


En los primeros mitos egipcios, según recogen los Textos de las Pirámides, Horus el Mayor y Set, las divinidades gemelas egipcias, pelean constantemente entre ellos. Horus representa la fuerza del día y la luz, Set la fuerza de la noche y la oscuridad. Los egipcios creían que el sol trazaba un camino circular entre la luz y la oscuridad. Al final de la luz vivía una enorme serpiente que intentaba devorar al sol. Los egipcios dividían el día entero en veinticuatro periodos, doce diurnos y doce nocturnos. A medida que la barca solar entraba en el reino de la noche, se enfrentaba a una serie de retos a lo largo de las doce zonas.


En ocasiones, los mitos muestran a Set como la serpiente que intenta devorar al sol. Horus funcionaba como una divinidad solar, y en los primeros tiempos de Egipto, podría haber sido la divinidad creadora original. En cualquier caso, las peleas entre Horus y Set representaban la batalla diaria entre el sol y su enemigo.


Los numerosos iconos en el relato de la lucha de Jacob se corresponden con el simbolismo egipcio. Jacob, la figura de Horus, lucha durante toda la noche con un extraño. Jacob cree que el extraño es Dios, aunque el relato no lo especifica directamente. Llama al lugar «rostro de Dios» porque cree haber visto el rostro de Dios mientras luchaba. Pero ya que la noche es oscura, no ha podido ver gran cosa. La primera persona que ve cuando amanece es Esaú, la figura de Set. Y le dice: «He visto tu faz como si viera la de Dios», identificándole así con el extraño.


Por añadidura, Jacob recibe un nuevo nombre, un renacimiento funcional, y con esta nueva identidad comienza a cojear en cuanto sale el sol, equiparando su nueva forma física con la de Horus el Hijo de Isis, que nació cojo después de que Horus el Grande y Set hicieran las paces (según el testimonio de Plutarco).


Debemos observar una coincidencia más. Los egipcios dividían el día y la noche en doce zonas, y Jacob y Esaú tuvieron doce hijos cada uno.


Aunque el relato bíblico presenta un testimonio corrupto de la tradición egipcia, podemos ver que bajo el relato de Jacob y el extraño yace el relato egipcio de la lucha diaria entre Horus y Set, que originariamente Esaú era el extraño con quien luchaba Jacob, y que Jacob puede identificarse con Horus el Hijo de Isis, que nació cojo.


Mito 58 : Dios cambió el nombre de Jacob por el de Israel


El Mito: Apareciósele de nuevo Dios a Jacob, de vuelta de Padán Aram, y le bendijo, diciendo: «Tu nombre es Jacob, pero no serás llamado ya Jacob; tu nombre será Israel»; y le llamó Israel (Gn 35, 9-10).


La Realidad: El Génesis ofrece dos relatos distintos sobre cómo Jacob vino a llamarse Israel, lo cual refleja los puntos de vista de las dos facciones rivales del reino de Israel.


En el mito anterior, vimos que cuando Jacob lucha con un extraño, el extraño lo bendice cambiándole el nombre de Jacob por Israel. Esto sucede en el lugar llamado Panuel. Aunque Jacob cree que ha mirado el rostro de Dios (el extraño), sabemos que no podía ser porque en el libro del Éxodo, cuando Moisés solicita ver el rostro de Dios, la divinidad le responde: «Mi faz no podrás verla, porque no puede el hombre verla y vivir» (Ex 33, 20). Así que, al menos según ese relato, Dios no pudo ser el que le cambiara el nombre a Jacob, porque Jacob, como humano, no pudo haber visto el rostro de Dios y seguir viviendo. Además, en nuestro estudio del Mito 57, vimos que el extraño era efectivamente Esaú.


Sin embargo, La Bíblia contiene un segundo relato acerca del cambio de nombre de Jacob. En este relato, que tienen lugar algún tiempo después de la reunión con Esaú, Dios le dice a Jacob que vaya a Betel, el lugar donde soñó con la escala. En Betel, Dios le dice directamente a Jacob que a partir de ese momento su nombre será Israel y vuelve a renovar su alianza con él, otorgando Canaán a Israel y a sus descendientes.


Estos dos relatos muestran cómo las facciones rivales intentan cambiar los acontecimientos de la historia bíblica en beneficio de sus propios intereses. Tenemos un relato que habla de un cambio de nombre en Panuel y otro que dice que fue en Betel. Las historias de estas dos ciudades ofrecen pistas acerca de por qué surgieron los dos relatos.


Al morir el rey Salomón, Jeroboam dirigió una rebelión contra el heredero al trono de Salomón, y segregó el reino de Israel del de Judá. Jeroboam estableció dos centros de culto principales, uno en la frontera sur, en Betel, y otro en la frontera norte, en Dan. También construyó una de sus principales ciudades en Panuel, un centro administrativo para el gobierno.


Al principio, Jeroboam contaba con el apoyo del sacerdocio de Silo, que creía que al separarse del sacerdocio dominado por Jerusalén aumentaría su propio prestigio y poder. Pero Jeroboam no creía en sacerdocios formales y declaró que cualquiera que quisiera ser sacerdote podía serlo. Esto provocó una ruptura entre él y los sacerdotes de Silo.


Puesto que el reino del norte se llamaba Israel, tenía un interés especial en explicar cómo el nombre llegó a asociarse con los territorios norteños. Ya que Jeroboam y los sacerdotes shiloitas estaban enfrentados políticamente, cada facción produjo su propia versión de cómo se originó el nombre de Israel. La facción de Jeroboam asociaba el nombre con Panuel, su centro administrativo. El sacerdocio de Silo asociaba el nombre con Betel, el centro de culto del sur que competía con Jerusalén.


Es interesante ver que, en el relato de Panuel, se le quita importancia al papel de la religión. En ese relato, Jacob recibe su nuevo nombre porque es un príncipe de poder, quien prevaleció ante el mismo Dios. El principal interés de Jeroboam era la defensa militar, y no la religión.


Los sacerdotes de Silo, por otra parte, para poder competir con Jerusalén por la lealtad religiosa de los israelitas, utilizan el relato del nombramiento de Betel para invocar una conexión entre la alianza con Israel y la condición de centro de culto de Betel.


Mito 59 : Esaú es Edom


El Mito: Establecióse Esaú en el monte de Seir; Esaú es Edom. Esta es la descendencia de Esaú, padre de Edom, en el monte Seir (Gn 36, 8-9).


La Realidad: Los redactores de La Bíblia identificaron a Esaú con Edom por equivocación.


El Génesis retrata a Esaú como el padre de los edomitas, pero dichas conexiones surgen de una serie de errores por parte de los editores de La Bíblia.


El atributo más notable de Esaú es el espeso vello rojo que cubre su cuerpo. El nombre Edom, con el cual se identifica a Esaú, significa «rojo» y el nombre proviene de la gran cantidad de piedra arenisca rojiza que se da en esa zona. La Bíblia también sitúa al monte Seir en Edom, un territorio que forma una parte importante de la región edomita. El nombre Seir significa «peludo» y es la combinación de este nombre junto con el nombre Edom, que significa «rojo», lo que explica la conexión del pelirrojo Esaú con Edom. El Génesis incluso intenta darle a Esaú el apodo de Edom en el relato que trata sobre la venta de su primogenitura: «Por esto se le dio a Esaú el nombre de Edom» (Gn 25, 30).


Según el relato bíblico, Esaú conquistó Edom al derrotar al grupo nativo de los horitas. No hay evidencias arqueológicas que indiquen quienes fueron los horitas ni cuando existieron. Sólo aparecen en La Bíblia.


Ya que el personaje de Esaú se deriva de las imágenes del dios Set, la victoria de Esaú sobre los horitas correspondería a los reyes hicsos, adoradores de Set en Egipto, que derrotaron al ejército de Horus, rey de Tebas. Los redactores de La Bíblia, habiendo conectado equivocadamente a Esaú con Edom, también dieron por supuesto equivocadamente que éste conquistó a los horitas en Edom, cuando el relato en realidad refleja acontecimientos históricos que sucedieron en Egipto.


Mito 60 : Jacob dio sepultura a Raquel en Belén


El Mito: Murió Raquel, y fue sepultada en el camino de Efrata, que es Belén (Gn 35, 19).


La Realidad: El Génesis contiene dos relatos sobre el lugar de la sepultura de Raquel, lo cual refleja el fraccionamiento político entre Israel y Judá.


Raquel es la esposa preferida de Jacob y la madre de sus dos hijos menores y preferidos, José y Benjamín. José nace en Siria y Benjamín nace de camino a Canaán, pero Raquel muere dando a luz.


Según el Génesis, Jacob entierra a Raquel en Belén, en el territorio de Judá, y «La Tumba de Raquel» en esa ciudad sigue siendo uno de los lugares turísticos más populares de Israel.


Sin embargo, 1 Samuel 10, 2 ubica la tumba de Raquel en el territorio de Benjamín. «Cuando hoy me dejes, encontrarás al mediodía dos hombres cerca del sepulcro de Raquel, en tierra de Benjamín».


Ya que los benjaminitas reivindicaban descendencia de Raquel, esta diferencia de opiniones no era de poca importancia. La disputa refleja el enfrentamiento entre Judá e Israel, con cada reino intentando identificarse con la madre de la Casa de Israel.


Belén está situada dentro de Judá y era la ciudad del rey David. Benjamín era el territorio del rey Saúl, el primer rey de Israel. David y Saúl eran rivales políticos.


Cuando David subió al poder, al contrario de lo que muestra su imagen pública moderna, no siguió siendo demasiado popular. Los ejércitos israelitas norteños se enfrentaron a él dos veces, incluso llegando a expulsarle del trono temporalmente.


Este conflicto acerca de dónde Jacob sepultó a Raquel fue de una importancia significativa en los enfrentamientos entre Judá e Israel. La ubicación le otorgaba un lugar de una gran importancia política y religiosa, un presagio acerca de cual de los dos territorios debía reinar sobre el otro.


Mito 61 : El príncipe de Siquem violó a Dina


El Mito: Dina, la hija que había parido Lía a Jacob, salió para ver a las hijas de aquella tierra; y viéndola Siquem, hijo de Jamor el Hivita, príncipe de aquella tierra, la arrebató, se acostó con ella y la violó. Jamor, padre de Siquem, salió para hablar a Jacob...


Jamor les habló, diciendo: «Siquem, mi hijo, está prendado de vuestra hija; dádsela, os ruego, por mujer; haced alianza con nosotros; dadnos vuestras hijas, y tomad las nuestras para vosotros, y habitad con nosotros. La tierra está a vuestra disposición para que habitéis en ella, la recorráis y tengáis propiedades en ella...» Y los hijos de Jacob respondieron a Siquem y a su padre dolosamente por el estupro de Dina, su hermana, y les dijeron: «No podemos hacer eso de dar a nuestra hermana a un incircunciso, porque eso sería para nosotros una afrenta. Sólo podríamos acceder a ello con esta condición: que seáis como nosotros y se circunciden todos vuestros varones. Entonces os daríamos nuestras hijas y tomaríamos las vuestras, y habitaríamos juntos, y seríamos un solo pueblo; pero si no consentís en circuncidaros, tomaremos a nuestra hija y nos iremos». Estas palabras agradaron a Jamor y a Siquem, hijo de Jamor. Escucharon a Jamor y a Siquem cuantos salían por las puertas de la ciudad, y todo varón fue circuncidado. Al tercer día, cuando estaban con los dolores, dos de los hijos de Jacob, Simón y Levi, hermanos de Dina, penetraron sin peligro en la ciudad, espada en mano, y mataron a todos los varones. Pasaron a filo de espada a Jamor y a Siquem, su hijo; y sacando a Dina de la casa de Siquem, salieron (Gn 34).


La Realidad: La rama de Lía de Israel adoptó esta forma del relato del mito griego sobre Dánao y Egipto.


El relato egipcio La contienda de Horus y Set presenta una serie de acontecimientos referentes a la contienda entre Horus y Set por el trono. En el estudio del Mito 55 vimos que el relato bíblico de cómo Jacob engañó a Esaú para obtener primogenitura y bendición comparte numerosas similitudes con uno de los episodios de ese relato: aquel donde Isis se disfraza y le lleva un plato de comida a Set.


El relato egipcio continua y alcanza un punto donde Ra, la divinidad principal, ya harto de las continuas quejas, ordena a Horus y Set que dejen de pelear y que coman juntos. Set accede e invita a Horus a un banquete, pero con otros propósitos. Una vez que Horus le ha visitado, ha comido y se ha dormido, Set abusa de él sexualmente. Por algún motivo legal, si Set puede hacer que esto se sepa, se convertiría en rey en vez de Horus.


Cuando Horus se da cuenta de lo que le ha hecho Set, acude a su madre para que ésta le ayude. Mediante sus habilidades mágicas, Isis hace creer al consejo de los dioses que fue Horus el que abusó de Set y no al revés.


En el Génesis, con Jacob y Esaú en los papeles de Horus y Set, se desarrolla un guión parecido. Cuando Jacob regresa a Canaán, busca a Esaú para hacer las paces. Esaú (tras el incidente en el que Jacob lucha con el extraño) invita a Jacob y a su familia a que celebren una fiesta todos juntos. Jacob, que sospecha de los motivos de su hermano, le dice a Esaú que vaya delante, que él le seguirá más tarde. En cambio, sale de la ciudad y lleva a su familia a Siquem. Curiosamente, La Bíblia no dice nada más acerca de la reacción de Esaú tras el plantón.


Si el relato del Génesis realmente siguiera la trama egipcia, Jacob debería seguir a Esaú hasta su casa y posteriormente Esaú sometería a su hermano a algún tipo de abuso sexual. Esta escena no tiene lugar en el Génesis, pero en el mismo lugar donde uno se espera que suceda, la narración se traslada a otra escena de abuso sexual, en la cual el hijo de Jamor, rey de Siquem, viola a Dina, la hija de Jacob. Dado el contexto narrativo, no nos sorprenderá descubrir que el nombre Jamor tienen el significado de «asno rojo», la misma imagen que se asocia con Set.


En el relato bíblico, después de que el hijo de Jamor viola a Dina, éste le pide a su padre que concierte una boda. Jamor propone a Jacob que los hijos de ambas familias se casen entre ellos. Los hijos de Jacob, Simón y Levi, responden que los israelitas estarían de acuerdo con la boda si todos los varones siquemitas acceden a ser circuncidados. Los siquemitas aceptan esa condición, pero Simón y Levi tienen un plan secreto. Cuando los varones se están recuperando de las operaciones y no pueden luchar, los dos hermanos entran en la ciudad y matan a la familia del rey. Jacob, temeroso de las consecuencias, huye de Siquem con su familia a Betel.


Parecería que por algún motivo los redactores de La Bíblia sustituyeron el relato de la violación de Dina por el relato sobre la violación homosexual de Horus/Jacob por parte de Set/Esaú. La base del relato era el mito griego de Dánao y Egipto, una fuente que, como ya señalamos anteriormente (véase el Mito 47), influyó sobre la genealogía de la rama de Cam de la familia de Noé.


El único relato completo del mito griego aparece en los escritos de Apolodoro, un escritor griego del primer siglo a.C. El resumen que presentamos aquí es una adaptación de su narración.


Dánao y Egipto eran los hijos gemelos de Belo, rey de Egipto. El monarca nombró a Egipto rey de Arabia y a Dánao rey de Libia (aquella parte de África al oeste del Nilo). Posteriormente, Egipto conquista el reino de su padre y pone su nombre al país. Dánao, temeroso del poder de su hermano, huye de Libia hacia el reino griego de Argos, donde convence al actual monarca de que le nombre rey. Egipto persigue a Dánao y le propone que sus cincuenta hijos se casen con las cincuenta hijas de Dánao (llamadas las Danaides en el mito griego). Dánao, que teme un atentado contra su vida, accede, pero secretamente les dice a sus hijas que escondan navajas en sus lechos matrimoniales y que maten a sus maridos en la noche de boda. Todas menos una de las hijas lleva a cabo las instrucciones y el marido que sobrevive sucede a Dánao en el trono.


Superficialmente, el relato bíblico de Dina guarda un parecido sorprendente con la leyenda griega. En ambos relatos, un rey propone un matrimonio en grupo entre miembros de su familia con miembros de una familia menos poderosa; la familia menos poderosa accede al matrimonio, pero secretamente planea matar a los hijos del rey; la familia menos poderosa masacra a los hijos del rey y se va a vivir a un nuevo territorio (en un fragmento aislado del texto procedente de otra fuente, las Danaides matan a los hijos de Egipto mientras todavía se encuentran en Egipto y luego huyen a Argos). Además, las hijas de la familia menos poderosa se llaman Danaides ( «hijas de Dánao» en griego) y el personaje principal de la familia menos poderosa en el relato bíblico es Dina, que comparte la misma raíz consonantica que Dánao y Danaides.


Las principales diferencias entre el relato bíblico y el griego son:


1. Jacob y Jamor no son hermanos, ni siquiera gemelos; y
2. al relato bíblico le falta un equivalente a los dos grupos de cincuenta hijos en el relato griego.


En cuanto al primer punto, ya hemos visto que Jamor/«asno rojo» substituye a Esaú/ el hombre «pelirrojo velludo», y ambos substituyen a la divinidad Set en forma de asno pelirrojo. Ya que Jamor substituye a Esaú, y Esaú es el gemelo de Jacob, hemos eliminado la primera diferencia. En cuanto a la segunda objeción, podemos demostrar que el Génesis, también, tiene una familia de cincuenta hijos.


El Génesis divide a la familia de Jacob en dos facciones principales: un grupo de Raquel que consiste en los dos hijos de Raquel y los dos hijos de su esclava Bala, y la rama de Lía, que consiste en sus seis hijos y los dos hijos de su esclava Zelpa. Génesis 46 ofrece una lista de todos los hijos y nietos de cada una de las mujeres de Jacob antes de que llegaran a Egipto. En esa lista, Lía tiene treinta y cuatro hijos y nietos y su esclava tiene otros dieciséis, que suman un total de cincuenta. Ya que los redactores de La Bíblia suelen contar a los nietos junto con los hijos de una familia, la rama de Lía tiene cincuenta hijos. Y no sólo tenemos cincuenta hijos de Jacob, sino que tanto el Génesis como Apolodoro dividen a los cincuenta hijos en ocho subgrupos.


Puesto que Lía es la madre de Dina además de los dos hijos que la vengan, Simón y Levi, podemos concluir que este relato se originó dentro de la rama Lía de Israel.


Mito 62 : Abraham llamó a su hijo «Él Rió»


El Mito: Dijo también el Señor a Abraham: «Sarai, tu mujer, no se llamará ya Sarai, sino Sara, pues la bendeciré, y te daré de ella un hijo, a quien bendeciré, y engendrará pueblos, y saldrán de él reyes de pueblos». Cayó Abraham sobre su rostro, y se reía, diciéndose en su corazón:


«¿Conque a un centenario le va a nacer un hijo, y Sara, ya nonagenaria, va a parir?». Y dijo Abraham a Dios: «¡Ojalá que viva en tu presencia Ismael!». Pero le respondió Dios: «De cierto que Sara tu mujer te parirá un hijo, a quien llamarás Isaac, con quien estableceré yo mi pacto sempiterno, y con su descendencia después de él» (Gn 17,15-19).


La Realidad: Los redactores de La Bíblia cambiaron el nombre del hijo de Abraham al de Isaac porque su nombre original recordaba su conexión con Osiris, el dios egipcio que otorgaba la vida eterna.


Abraham llamó a su hijo Isaac, que significa «él rió». El Génesis tiene varios episodios de risa en conexión con el nombramiento de un hijo.


La primera ocasión ocurre cuando Dios le dice a Abraham que Sara le parirá un hijo. Puesto que para entonces Abraham contaba cien años y Sara noventa, Abraham encuentra que es bastante gracioso y se cae al suelo de risa. Dios básicamente ignora la reacción poco leal de Abraham y le asegura que Sara realmente parirá a los hijos de Abraham. Entonces le dice que llame al niño Isaac. Este relato pertenece a la tradición S.


La fuente J tiene un relato un tanto distinto. En esta versión, Dios le dice a Abraham que tendrá un hijo y Sara lo oye. Ella tiene la misma reacción que Abraham y se ríe por la misma razón. Esta vez, Dios muestra su enfado por las risas —él lo toma como una afrenta hacia su poder— y le pregunta a Sara por qué se ríe. Ella intenta esconder su reacción, negándola del todo. Per Dios sabe que ella miente.


En la fuente E, Sara se ríe una vez que el niño ha nacido y dice: «Me ha hecho reír Dios, y cuantos lo sepan reirán conmigo» (Gn 21,6).


Cada una de las tres fuentes habla del nacimiento de Isaac en el contexto de la risa, pero cada una desde una perspectiva distinta. En la S, Dios no se molesta con Abraham cuando éste se ríe al oír la noticia. En la J, Dios se enfada cuando Sara se ríe por la misma noticia. En la E, la risa ocurre después del nacimiento del niño. J considera la reacción como malvada. S la considera inofensiva, y E la ve como positiva. ¿Por qué tantos puntos de vista sobre algo que parece ser un sencillo relato?


Hay que tener en cuenta esta información adicional. En el mito anterior, vimos que el relato de Dina incorporaba el mito griego de Dánao y Egipto a la historia patriarcal. Cuando Dánao huye a Argos, reemplaza a un rey llamado Gelanor, que en griego significa «risa» (el nombre griego de Isaac es Gelanos). En el Génesis, Jacob, el personaje de Dánao, reemplaza a Isaac, el personaje de la «risa», como dirigente del pueblo hebreo. Esto sugiere que Isaac no era el nombre original del hijo de Abraham.


Otra indicación de que «él rió» no era el nombre original de Isaac puede verse en el hecho de que en dos ocasiones «Terror de Isaac» aparece como un nombre alternativo para el Dios de Israel (Gn 31,42;53). ¿Es muy imponente tener a un dios llamado «Terror de Él Rió»?


Si Isaac no era el nombre original, ¿cuál podría haber sido? Una pista es la relación de Isaac con los otros miembros de su familia. Anteriormente vimos que sus hijos, Jacob y Esaú, correspondían a Horus y Set, hermanos de Osiris, y que su mujer, Rebeca, correspondía a Isis, la mujer de Osiris. Esto indica que Isaac correspondía a Osiris, y que tenía un nombre que sugería esa relación.


En Egipto, Osiris reinaba en el más allá, otorgando vida eterna. Vimos anteriormente en el estudio sobre el árbol de la vida en el jardín del Edén (véase Mito 20) que los editores de La Bíblia intentaron desacreditar la teología relacionada con Osiris. Cuando el relato de Dánao entra en el corpus, brinda a los primeros cuentistas israelitas la oportunidad de cambiar el nombre del hijo de Abraham por el del rey que había sido reemplazado por Dánao/Jacob. Los autores de las fuentes, que también eran cuentistas, ofrecieron su base lógica de cómo surgió el nombre de Isaac, y los redactores de La Bíblia mantuvieron las tres versiones.


Mito 63 : Los hijos de Jacob se convirtieron en las doce tribus de Israel


El Mito: Jacob llamó a sus hijos y les dijo: «Reunios, que voy a anunciaros lo que os sucederá en los últimos días. Reunios y escuchad, hijos de Jacob. Escuchad a Israel, vuestro padre... Éstas son las doce tribus de Israel y esto es lo que les habló su padre, bendiciéndolas a cada una con una bendición (Gn 49, 1-2,28).


La Realidad: Los doce hijos de Jacob eran los fundadores mitológicos de varios grupos políticos que se unieron en la casa de Israel.


Jacob tuvo doce hijos de cuatro mujeres. La siguiente tabla muestra los hijos que tuvo cada esposa y el número en paréntesis muestra el orden de nacimiento:


Jacob y su primera esposa (o la que más quería), Raquel que la compró a su tío Labán a cambio de 14 años de trabajos.


Jacob despues de los 7 primeros años de trabajos Labán le entregó a su hija Lea. Y no le entregó a Raquel porque Lea era la mayor de sus hijas. Y se tenia la costumbre de primero casar a la mayor antes que la menor.


Jacob y Lea (Lía) tuvieron: a Rubén, Simeón, Leví y Judá.


Bilha, criada de Raquel, tuvieron: Dan y Neftalí.


Zilpa, criada de Lea (Lía), tuvieron: Gad y Aser.


Lea (Lía) de nuevo le dio a Jacob a: Isacar y Zabulón.


Raquel tuvo con Jacob a: José y Benjamín.


1.Rubén


2. Simón


3. Levi


4. Judá


5. Dan


6. Neftalí


7. Gad


8. Aser


9. Isacar


10. Zabulón


11. José


12. Benjamín


Posteriormente, José tuvo dos hijos llamados Manases y Efraín, y Jacob los adoptó como si fueran suyos. A cada uno de los dos hijos se le trata como si fuera una tribu independiente, lo cual crea una confusión en cuanto a si había doce o trece tribus en la Casa de Israel. En la introducción de la segunda parte, hago una breve descripción de los arreglos geográficos y políticos entre los hijos y las esposas.


La idea de que Jacob tuvo doce hijos y que esos hijos formaron las doce tribus de Israel constituye una de las creencias más fundamentales de la tradición del Antiguo Testamento.


Uno creería, por tanto, que los escritores de La Bíblia conservarían un testimonio bastante coherente del número y los nombres de las agrupaciones tribales. Pero esto no es así, lo cual sugiere que algo no esta bien en la tradición histórica. Dejando de lado el problema de si hubo doce o trece tribus, dependiendo de si se cuenta a José como una o dos tribus, veamos que dice exactamente La Bíblia a este respecto.


En Deuteronemio 33, Moisés bendice a las tribus de Israel. Notablemente ausente de este recital está la tribu de Simón. ¿Que les ocurrió a los descendientes del segundo hijo de Jacob?


En 1 jueces aparece un listado diferente, que describe los esfuerzos de las tribus por conquistar Canaán. En este listado en concreto, José aparece como una tribu separada e independiente de la de sus dos hijos, y se excluyen cuatro tribus en total: Rubén, Gad, Levi e Isacar. ¿Donde están?


1 Reyes 11 presenta otra ambigüedad. El profeta Ahías, prediciendo la ruptura del reino de Salomón, rompe su túnica en doce trozos y le da diez a Jeroboam por las diez tribus que luego formarían el reino del norte y declara que el heredero de Salomón tendrá solo una tribu. Por tanto, ¿a quién le corresponde el duodécimo trozo de la prenda, al reino de Juda o al reino de Israel, y a que tribu representaba?


La evidencia más importante acerca de la naturaleza de la estructura política más primitiva de Israel la aporta el Cántico de Débora, en Jucees 5. Este podría ser el fragmento textual más antiguo que se conserva de La Bíblia; data del siglo xii ó xi a. C, y posiblemente es contemporáneo de los otros acontecimientos que en él se describen. Cuenta los esfuerzos realizados por Débora para reunir a las tribus de Israel en contra de un poderoso rey cananeo que dominaba la mayor parte de Canaán desde una base en el territorio de Neftalí, al norte. Este pasaje expone que tribus respondieron al llamamiento y que no, pero el conjunto de nombres tribales difiere substancialmente de lo que debería ser la lista de doce o trece nombres asociados con los hijos de Jacob.


El Cántico de Débora nombra a once entidades políticas, tres de las cuales no llevan nombres de los hijos de Jacob: Galaad, Maquirr y Meroz. También excluye a cinco grupos tribales que descendieron de Jacob: Simón, Levi, Judá, Manases, y Gad. El cuadro que se presenta, por tanto, es de un Israel que consiste únicamente de once entidades políticas, ocho con nombres iguales a los de los hijos de Jacob y tres con nombres distintos.


Debido a que este es uno de los pasajes textuales más antiguos de La Bíblia, la inclusión y omisión de nombres aporta pruebas sólidas acerca de la aparición de Israel y cualquier conexión con los hijos de Jacob.


Las tribus que faltan incluyen a tres de los hijos mayores de Lía (Simón, Levi y Judá), al hijo mayor de José (Manases), y al hijo mayor de Zelpa (Gad). La ausencia de estas cinco tribus de la lista de Débora sugiere firmemente que todavía no habían aparecido como entidades políticas y que sus homónimos no existieron anteriormente como hijos de Jacob.


Dos de las tres tribus con nombres distintos a los nombres de hijos de Jacob son Maquir y Galaad. Maquir, como persona, aparece primero en La Bíblia como partícipe del Éxodo de Egipto y como descendiente de Manases, así que no pudo ser uno de los hijos de Jacob. Galaad, por otra parte, aparece en La Bíblia como un nombre territorial muy antiguo para Jordania. Durante las distribuciones tribales posteriores al Éxodo, Galaad se dividió en tres partes y fue distribuida entre las tribus de Rubén, Gad, y Manases. Esto sugiere que Manases fue creado posteriormente a partir de una unión entre Maquid y parte de Galaad, y puesto que Manasés se convirtió en el territorio tribal más grande de Israel, fue retratado como descendiente de Jacob.


El tercer territorio con nombre distinto a cualquiera de los hijos de Jacob es Meroz, cuyo nombre aparece exclusivamente en este pasaje de La Bíblia. Aunque se describe como formando parte de Israel, no aparece en ningún listado genealógico ni territorial dentro o fuera de La Bíblia, sugiriendo que desapareció pronto de la historia de Israel.


Basándonos en el Cántico de Débora, por tanto, tenemos un cuadro bien distinto sobre las entidades políticas que formaron la nación de Israel durante la época del libro de los Jueces, y difiere de la evolución sugerida por los nombres de los hijos de Jacob. Durante esta época temprana, Israel parece haber sido una confederación de once entidades políticas: Rubén y Galaad en el lado jordano, y Benjamín, Efraín, Maquir, Neftalí, Zabulón, Aser, Isacar y Dan en el lado de Canaán, con Meroz en alguna ubicación desconocida. Al menos seis de estos territorios tienen conexiones con la rama de Raquel de Israel: Benjamín, Efraím, Maquir, y Galaad (estos dos últimos a través de Manases), y Dan y Neftalí (estos dos a través de la esclava de Raquel), lo cual sugiere que la confederación de Raquel era el grupo central del antiguo Israel.


Aquellos que respondieron al llamamiento de Débora fueron el grupo de Raquel en Canaán y las dos tribus menores asociadas con Lía. Ninguna de las tribus Lía principales participó en la batalla, lo cual indica que el matrimonio de Jacob y Lía fue una añadidura posterior en el relato bíblico, y su propósito era justificar la aparición de las tribus del sur de Canaán en la coalición israelita.


Mito 64 : Rubén era el hijo mayor de Jacob


El Mito: He aquí los nombres de los hijos de Israel que llegaron a Egipto: Jacob y sus hijos, el primogénito de Jacob, Rubén (Gn 46, 8).


La Realidad: A Rubén se le llamaba el primogénito de Jacob porque ese territorio fue donde primero se estableció Israel después del Éxodo.


Tal y como vimos en la discusión del Mito 63, los territorios tribales no recibieron los nombres de los hijos de Jacob. Los nombres reflejan denominaciones de territorios ya existentes y a medida que los territorios evolucionaban hacia una unión política, se desarrollaron ascendencias mitológicas. La identificación de los territorios con antepasados epónimos era una práctica común en los tiempos antiguos. La Tabla de Naciones en Génesis 10 muestra que la práctica continuó hasta bien entrado el primer milenio a.C.


Al igual que los antecesores llegaron a identificarse con los territorios, los acontecimientos históricos que afectaron a los territorios y sus vecinos también llegaron a identificarse como interacciones humanas. La conquista de una ciudad podría describirse como un matrimonio entre miembros de la familia real de cada ciudad. Un reino vasallo podría describirse como un hijo del estado dominante.


Esta práctica a menudo conducía a la confusión y ésta se da con frecuencia en La Bíblia. Consideren, por ejemplo, cómo La Bíblia mostraba el territorio de Galaad como una entidad que ya existía antes del nacimiento de las doce tribus y a la vez como un descendiente de un hijo de una de las doce tribus que conquistaron ese territorio.


La identificación de Rubén como el primogénito de Israel muestra una de las maneras en que dichas mitologías se desarrollaron. El Génesis dice que Rubén es el primogénito de Jacob. Por tanto, no debería sorprendernos, al mirar la historia política de Rubén con relación al grupo mayor, encontrar que Rubén fue el primer territorio en el cual se establecieron los israelitas.


Cuando Israel salió de Egipto y lo bordeó hasta llegar a Canaán, primero cruzó Jordania. El territorio israelita situado más al sur en Jordania era Rubén, de ahí que, desde un punto de vista poético, Rubén sea el primogénito de Israel. La metáfora poética se convirtió en un hecho bíblico.


Como primogénito de Jacob, se esperaba que Rubén fuera el heredero de la alianza, pero, de hecho, no lo fue. Los escribas necesitaban explicar esta discrepancia y surgieron relatos rivales, uno de Judá y otro de Efraím.


El relato de Efraím sencillamente mantenía que Efraím era el heredero de la alianza mediante José y que José tenía preferencia sobre Judá porque él era el primogénito de la mujer preferida de Jacob, Raquel. Ya que la facción rival de Lía surgió con Rubén a la cabeza, Judá, cuarto en la línea del liderazgo, se inventó que Rubén quedaba descalificado del liderazgo porque había intentado acostarse con Bala, la esclava de Raquel y mujer de Jacob. Este cuento colocó a Judá en el puesto numero tres y éste sólo tenía que deshancar a dos rivales, Simón y Leví (véase el Mito 65).



Mito 65 : Jacob descalificó a Simón y Leví del liderazgo


El Mito: Simón y Leví son hienas. Instrumentos de violencia son sus espadas. No entre mi alma en sus designios y no se una a ellos mi aprobación. Porque en su furor degollaron hombres y caprichosamente desjarretaron toros. Maldita su cólera, por violenta; maldito por cruel, su furor. Yo los dividiré en Jacob y los dispersaré en Israel (Gn 49, 5-7).


La Realidad: A medida que Judá ascendía en el escenario político, absorbió a Simón y colocó a Leví bajo su control.


La bendición final de Jacob hacia sus hijos (Gn 49) agrupa a Simón y Leví y los señala por su comportamiento especialmente cruel y violento. Por estos motivos, Jacob los descalifica de un papel de liderazgo en la familia. Ya que Rubén había sido anteriormente descalificado, la eliminación de estos dos hijos, el segundo y tercero en orden de nacimiento, dejaba el camino libre para Judá, el siguiente en la línea. Los judaítas habrían sido los responsables de hacer circular este relato como parte de sus esfuerzos para justificar el dominio judaíta sobre los israelitas.


Esta es la segunda vez en el Génesis que a Simón y Leví se les vincula de manera específica. La primera ocasión ocurrió tras la violación de Dina, cuando los dos entran en el campamento siquemita y matan al rey; Siquem y a sus hijos como venganza por lo que el hijo del rey le había hecho a la hermana de ellos.


En ese momento, Jacob condenó seriamente sus actos, diciendo que sus vecinos le señalarían a él y que toda la familia se tendría que ir de allí. Los hermanos contestaron: «¿Y había de ser tratada nuestra hermana como una prostituta?». Al negarles un papel como líderes, Jacob dice, «En su furor degollaron hombres y caprichosamente desjarretaron toros. Maldita su cólera por violenta; maldito, por cruel, su furor».


No queda del todo claro que Jacob, en esta última declaración, se esté refiriendo al incidente en Siquem, pero parece ser el único incidente anterior en el Génesis al que se podría aplicar dicha descripción. Como castigo por sus actos, Jacob declara: «Yo los dividiré en Jacob y los dispersaré en Israel» (Gn 49, 7).


Este decreto de Jacob recuerda la distribución del territorio tribal después de la entrada en Canaán. El territorio de Simón consistía en varias zonas dentro de la porción sur de Judá. No recibió un territorio delimitado propio. Efectivamente, estaba disperso. Leví tampoco recibió un territorio definido. Le fueron otorgadas ciudades específicas dentro de los territorios de las demás tribus. Sin embargo, la razón detrás de este arreglo era que Leví era la tribu sacerdotal y estaban dispersos de manera que había sacerdotes por todo el reino y ciudades refugio que ellos podían administrar. La dispersión no era un castigo.


La descripción de estas dos tribus como crueles y violentas plantea algunas dificultades. No tenemos suficiente información sobre Simón en cuanto a la validez del cargo, y Leví presenta una personalidad dividida: guerrero violento y sacerdote.


Por una parte, no sólo se une Leví a Simón en el ataque contra Siquem, sino que también tiene episodios militares a sus espaldas. Durante el Éxodo, después del incidente con el becerro de oro, mató a más de tres mil israelitas que habían rechazado al Señor. Por añadidura, le fue otorgada la guardia (y no el cuidado) del Arca de la Alianza.


Por otra parte, Leví era la tribu de Moisés y Aarón, los dos grandes líderes morales de Israel. Los levitas desempeñaban la función de clase sacerdotal y los aaronitas eran los sacerdotes principales. Si a Leví se le negó un papel de liderazgo, ¿cómo consiguió Moisés dirigir la nación y Aarón el sacerdocio?


Estas contradicciones indican la existencia de dos grupos independientes de levitas. Uno, unido a Simón, debió ser un grupo militarista aliado con los simonitas. El otro debió surgir posteriormente como una clase de sacerdotes. Los dos grupos podrían haber tenido nombres parecidos, y los escribas judaítas, ansiosos por justificar el papel de Judá como líder de Israel, podrían haber recogido relatos acerca de los primeros y haberlos unido a tradiciones que hablaban de los segundos.


En este sentido, debemos observar que menos de un siglo antes del Éxodo, existió en la ciudad de Siquem un rey llamado Labaya. Este monarca regional consiguió reunir un reino modesto que comprendía gran parte de Canaán central, y opuso gran resistencia a la hegemonía egipcia en la región. En la época del Éxodo y posteriormente, habría sido una figura de bastante renombre en esa región y alrededor de Siquem, el territorio asociado con los actos de Leví.


Tras su muerte, el hijo de Labaya le sucedió, pero el reino siquemita parece haber desaparecido al poco tiempo. Siquem se convirtió en un importante centro de culto israelita. Los restos de José supuestamente estaban enterrados allí y Josué formó una coalición tribal en la ciudad. No existe ningún relato sobre la conquista de Siquem por Josué, por tanto la ciudad debió tener una estrecha relación con los israelitas.


Los nombres Labaya y Leví son sorprendentemente similares, siendo las uves y las bes intercambiables en las lenguas semíticas. Puede ser que los recuerdos de este Labaya militarista en la ciudad de Siquem proporcionaran un paradigma para la descripción de Leví como un hombre cruel y violento. Su fuerte oposición a los egipcios podría haberlo asociado con el Moisés levita que condujo la oposición israelita contra Egipto.


Los simonitas ocupaban el territorio asociado con Abraham e Isaac, en el sur de Canaán. Una de sus ciudades era Berseba, el lugar donde ambos patriarcas se enfrentaron con un rey enemigo y establecieron un tratado para un pozo. La conexión con los territorios nativos patriarcales sin duda explica que fuera considerado uno de los hijos mayores de Jacob.


La unión de Simón y Leví en dos ocasiones sugiere que en algún momento estuvieron aliados. Al respecto, debemos observar que Simón y Leví también están unidos implícitamente por el hecho de que, junto con su principal rival, Judá, fueron excluidos del listado de tribus en el Cántico de Deborá. Esto indica que la aparición de las tres tribus ocurrió tarde en la historia de Israel, bastante después del Éxodo. El grupo levita que fue denunciado como cruel y violento, habría sido un grupo anterior que no guardaba relación con los israelitas.


Mientras que parece haber surgido una nueva entidad bajo el nombre de Leví, Simón parece haber desaparecido. Es la tribu que Moisés excluyó en su bendición de Israel (Dt 33, una composición tardía que probablemente data del siglo vii a.C.). El hecho de que Simón no tenga sus propias fronteras tribales, existiendo únicamente como una presencia dentro de Judá, indica que cuando Judá al fin aparece como una presencia política, absorbe a Simón y lo integra en Judá.


Mito 66 : Jacob le otorga el cetro a Judá


El Mito: A ti, Judá, te alabarán tus hermanos. Tu mano pesará sobre la cerviz de tus enemigos. Se postrarán ante ti los hijos de tu padre. Cachorro de león es Judá; de la presa te levantas, hijo mío; posando, te agachas como león y cual leona. ¿Quién le hostigará para que se levante? No faltará de Judá el cetro ni el báculo de entre sus píes hasta que venga Silo, y a él le darán obediencia los pueblos (Gn 49, 8-10).


La Realidad: La profecía la realizó un sacerdote siloísta que se oponía al rey Salomón y fue puesta en boca de Jacob.


Con Rubén, Simón, y Leví privados de sus derechos por Jacob, Judá cobra protagonismo. Aunque José sigue siendo el heredero de la bendición, Jacob declara que el cetro no se separará de Judá. Si José lleva la bendición y la alianza, ¿qué significa que Judá herede el cetro?


El cetro simbolizaba la monarquía y David y Salomón procedían de la tribu de Judá. Pero Israel no tuvo rey durante cientos de años después del Éxodo, y una facción importante de los israelitas se oponía a la institución de la monarquía.


Mientras que la profecía dice que el cetro no se separará de Judá, según La Bíblia, el primer rey, Saúl, procedía de la tribu de Benjamín. El cetro se había separado de Judá. Al morir Saúl, su hijo, también un benjamita, le sucedió, mientras David sólo reinaba en Judá. Hasta dos años después de la muerte de Saúl David no se convirtió en rey de todo Israel.


Si Jacob pronunció esta profecía, sus habilidades de previsión estaban gravemente dañadas. Cualquiera que predijera que el cetro no se separaría de Judá lo habría tenido que hacer desde la perspectiva de que el cetro ya estaba en Judá, algún tiempo después de que David subiera al trono (pero no necesariamente durante el reinado de David). Pero no era el caso. De más importancia todavía resulta el hecho de que la profecía de Jacob era condicional. El cetro permanecería con Judá y la ley la emitiría su familia sólo «hasta la llegada de Silo». ¿Cuándo sería eso? ¿Se trata de alguna visión apocalíptica?


Silo era un lugar de culto clave en Israel antes de la monarquía. Anterior a eso, el Arca de la Alianza estaba guardada allí. Cuando Salomón fue rey, Aliyá, un sacerdote de Silo, designó a Jeroboam de Efraím para que condujera a Israel fuera del campamento de Judá. Al morir Salomón, Jeroboam efectivamente condujo una guerra civil e Israel se retiró de Judá.


La profecía, por tanto, refleja un punto de vista siloísta y sugiere que fue pronunciada durante el reinado de Salomón o inmediatamente después. Reconoce a Salomón como el rey legítimo, pero predice que la autoridad de Judá terminará cuando Silo, en territorio Eframita, retroceda, que fue lo que ocurrió bajo Jeroboam.


Mito 67 : Benjamín nació en Canaán


El Mito: Partiéronse de Betel, y cuando estaban todavía a un trecho de distancia de Errata, parió Raquel, teniendo un parto muy difícil. Entre las angustias del parto, le dijo la partera: «Animo, que también éste es hijo». Y al dar el alma, pues estaba ya moribunda, le llamó Benoni, pero su padre le llamó Benjamín (Gn 35, 16-18).


La Realidad: El nombre original de Benjamín, Benoni, indica una conexión con la ciudad egipcia de Heliópolis, conocida como On en La Bíblia.


Anteriormente hablamos de la ubicación de la tumba de Raquel (véase el Mito 60), observando tradiciones alternativas acerca del lugar donde murió. En ambas declaraciones subyacía la idea de que Raquel dio a luz a Benjamín en Canaán.


Benjamín era el duodécimo hijo de Jacob, pero el segundo hijo de Raquel. Era el único hermano completo de José. Después de que los hermanos de José lo enviaran secretamente a la esclavitud, Benjamín se convirtió en el preferido de Jacob.


El nombre de Benjamín presenta una interesante pregunta acerca de los orígenes tribales. Su padre le llamó Benjamín, pero su madre le llamó Benoni, que significa «hijo de On», y On era el nombre bíblico de la ciudad egipcia de Heliópolis. Esa ciudad, uno de los principales centros de culto de Egipto, tenía una importante conexión con José, el único hermano completo de Benjamín. Cuando José se convierte en primer ministro de Egipto, se casa con Asenat, hija del sacerdote principal de Heliópolis (su nombre significa algo así como «ella pertenece a la diosa Neit»). Es la madre de sus dos hijos, Efraím y Manases. La rama José de Raquel, que constituía el centro de Israel y que compartía fronteras con Benjamín, tenía sus raíces en la ciudad de Heliópolis.


Si la rama principal de Raquel tenía asociaciones heliopolitanas, no sería sorprendente que la rama menor también tuviese una conexión heliopolitana. El hecho de que Raquel llamara a su hijo menor «hijo de Heliópolis» indica que las raíces de Benjamín nacieron de suelo egipcio.


Los relatos bíblicos sobre los descendientes de Raquel y Lía apuntan a una fuerte rivalidad entre las dos facciones. El Cántico de Débora muestra que, a excepción de Rubén, la rama principal de Lía (Simón, Leví, y Judá) no existió hasta después de que Israel se hubiese establecido en Canaán. La rama de Raquel muestra varias conexiones con Egipto.


Estos pequeños fragmentos de evidencias sugieren que el grupo original del Éxodo debió ser sobre todo una facción de Raquel y que la agrupación de Lía no surgió completamente como una entidad política hasta mucho después del Éxodo. Los escribas posteriores crearon a la familia mitológica de Jacob en un intento de dotar a las numerosas facciones de una historia común.


Mito 68 : Dan era una tribu Israelita


El Mito: Concibió Bala, y parió a Jacob un hijo, y dijo Raquel: «Dios me ha hecho justicia, me ha oído y me ha dado un hijo». Por eso le llamó Dan (Gn 30, 5-6).


La Realidad: La tribu de Dan era uno de los Pueblos del Mar griegos, que llegó a Canaán junto con los filisteos y que posteriormente se unió a la confederación israelita.


Según La Bíblia, Dan era el quinto hijo de Jacob y el primero de Bala, la esclava de Raquel. La tribu de Dan inicialmente ocupaba el territorio de la costa mediterránea de Canaán, junto a los filisteos, pero al final se trasladó a la punta norte de Israel y allí estableció un centro de culto. Geográficamente, el norte de Dan forma una punta en la parte superior del territorio que pertenece a Neftalí, el hermano de Dan.


El danita más famoso fue Sansón, cuyos relatos tuvieron lugar mientras Dan continuaba viviendo en la costa mediterránea. Curiosamente, Sansón casi no tuvo ningún contacto con los israelitas y pasó la mayor parte de su tiempo junto a los filisteos. En el Cántico de Débora, a Dan se le describe permaneciendo en sus barcos, una indicación de que Dan era un pueblo marinero que continuaba en la costa durante el periodo pre-monárquico tardío.


En la bendición de Jacob, el patriarca dice: «Dan juzgará a su pueblo como una de las tribus de Israel» (Gn 49,16). Esta declaración es un juego de palabras con el nombre de Dan, ya que «dan» significa «juez». Pero ¿por qué añade «como una de las tribus de Israel»? Esa frase no está unida a ninguna de las bendiciones de las otras tribus. ¿Cómo podría Dan juzgar a Israel si no es como una de las tribus de Israel? A no ser, claro, que antes de la bendición Dan no fuera una de las tribus, y por consiguiente, no fuera uno de los hijos de Jacob.


La descripción de Dan permaneciendo en sus barcos en la cercanía de los filisteos ofrece una pista importante acerca de sus orígenes. Los filisteos llegaron a Canaán casi al mismo tiempo que los israelitas entraron en Canaán tras el Éxodo, en tres grandes oleadas. Se encontraban entre un grupo de invasores conocidos como los «Pueblos del Mar», un término moderno un tanto engañoso, ya que atacaron tanto por tierra como por mar.


Los Pueblos del Mar no eran una entidad política o geográfica unida. Eran una coalición de varios pueblos, cuya composición cambiaba constantemente. Procedían sobre todo de Anatolia, Creta y otros puntos del Mediterráneo. Sus restos arqueológicos muestran una conexión cultural cercana a los griegos micénicos.


La facción filistea era supuestamente de origen cretense y ocupaba cinco ciudades principales en Canaán —Asdod, Ascalón, Gaza, Eqrón y Gat (de donde procedía Goliat) —. Cada ciudad funcionaba como una ciudad-estado independiente, y los dirigentes de la ciudad se llamaban «seranim», que por cierto, varios eruditos han traducido como «juez».


Entre los Pueblos del Mar que llegaron a Canaán había un pueblo conocido como los danuna, y los danuna parece que eran los vestigios de los danois griegos, las gentes que Hornero identifica como los invasores de Troya. De hecho, varios de esos Pueblos del Mar tienen nombres parecidos a los de los participantes en la Guerra de Troya. Por ejemplo, los drndw parecen equivaler a los dardanianos de Hornero, los trs a los etruscos, y los lukka a los licianos.


Los danuna aparecieron por primera vez en los registros como parte de un avance masivo de los Pueblos del Mar durante el reinado de Ramsés III, alrededor de 1190 a.C., una fecha que precede al Cántico de Débora.


Otro de esos pueblos del mar eran los ekwes, que en ocasiones se identifican con un pueblo al que hacen referencia los textos hititas con el nombre de ahhiyawa, y esto recuerda a los aqueos de Hornero. Hornero utiliza a los danoi y a los aqueos indistintamente para identificar a los invasores de Troya. Los ekwes y la existencia de Israel se mencionan por primera vez en la misma estela egipcia, levantada durante el reinado de Merneptah, alrededor de 1220 a.C.


En algún momento después del 1220 a.C., la tribu de Dan se trasladó desde la costa hasta el norte de Israel, supuestamente a causa de presiones por parte de los filisteos. Los arqueólogos han encontrado cerámicas de estilo filisteo en el norte de Dan, una de las pocas zonas de Canaán fuera del centro principal filisteo donde se han hallado materiales de este tipo. Esto sugiere que los danitas/danuna se separaron de los filisteos, fueron perseguidos hacia el norte, y se unieron a la confederación israelita en busca de protección.


Dan, por tanto, no era hijo de Jacob. La tribu que lleva su nombre descendía de los danuna griegos, lo cual explica por qué se los identificaba como pueblos marineros y por qué el héroe danita Sansón pasaba tanto tiempo con los filisteos.


Mito 69 : Jacob le dio a José una túnica de muchos colores


El Mito: Israel amaba a José mas que a todos sus otros hijos, por ser el hijo de su ancianidad, y le hizo una túnica de muchos colores [Biblia del rey Jacobo] (Gn 37, 3).


La Realidad: El texto hebreo no hace ninguna referencia a una túnica de muchos colores.


Uno de los iconos más famosos en la historia de La Bíblia es la túnica multicolor que Jacob le regaló a su amado hijo José. Incluso hubo una obra de teatro de gran éxito en Broadway, llamada Joseph ana the Arnazing Technicolor Dream Coat.


Una pintura de una tumba egipcia del siglo xix a.C. muestra a un grupo de semitas que llevan lo que podría ser esa prenda, una túnica multicolor, y los eruditos han sugerido que funcionaba como un símbolo de liderazgo. Sin embargo, la frase hebrea traducida como «túnica de muchos colores» —ketoneth pac— no posee ese significado. Significa «túnica talar» o «túnica ancha». Muchas traducciones modernas substituyen el significado correcto por el tradicional de «túnica de muchos colores».


La traducción «túnica de muchos colores» viene de la versión griega del Génesis, pero no sabemos de dónde sacó la frase el traductor griego. Ni tampoco parece que esta túnica tenga nada que ver con los símbolos de liderazgo.


En La Bíblia tenemos una referencia más de una túnica de este tipo. Támara, hija del rey David, la llevó.


Estaba ella vestida con una túnica de varios colores, traje que llevaban en otro tiempo las hijas del rey vírgenes. El criado la echó fuera y cerró tras ella la puerta. (2 Sm 13, 18).


La frase «túnica de varios colores» proviene de las mismas palabras hebreas utilizadas para describir la túnica de José. Nuevamente, debería decir «túnica talar» o «túnica ancha». Aquí, la función de la túnica es indicar que la hija del rey era virgen. Si tomamos el termino «virgen» en su sentido más amplio de «mujer joven», entonces por analogía podemos suponer que el regalo que Jacob le hizo a Jose de una túnica significaba que José era un hombre joven preparado para casarse.


A lo largo de todo el Próximo Oriente y el Mediterráneo, el símbolo de liderazgo no era una prenda multicolor, sino una de color purpura o con un ribete púrpura. En la bendición de Jacob, Judá llevaba una túnica como esta. «Lavara en vino sus vestidos y en la sangre de las uvas su ropa»


Mito 70 : Los hermanos de José lo vendieron como esclavo


El Mito: Viendo sus hermanos que su padre le amaba más que a todos, llegaron a odiarle, y no podían hablarle amistosamente. Tuvo también José un sueño, que contó a sus hermanos y que acrecentó más todavía el odio de éstos contra éL.Viéronle ellos desde lejos, antes de que a ellos se aproximara, y concibieron el proyecto de matarle. Dijéronse unos a otros:


«Mirad, ahí viene el de los sueños; vamos a matarle y le arrojaremos a uno de estos pozos, y diremos que le ha devorado una fiera; así veremos de qué le sirven sus sueños». Rubén, que esto oía, quería librarle de sus manos, y les dijo: «Matarle no, no vertáis sangre; arrojadle a ese pozo que hay en el desierto y no pongáis la mano sobre él». Quería librarle de sus manos para devolverlo a su padre. Cuando llegó José hasta sus hermanos, le despojaron de la túnica talar que llevaba, y agarrándole, le arrojaron al pozo, un poco vacío, que no tenía agua.


Sentáronse a comer, y alzando los ojos, vieron venir una caravana de ismaelitas que venía de Galad, cuyos camellos iban cargados de especias y bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto; y dijo Judá a sus hermanos: «¿Qué sacaríamos de matar a nuestro hermano y ocultar su sangre? Vamos a vendérselo a esos ismaelitas y no pongamos en él nuestra mano, pues es hermano nuestro y carne nuestra». Asintieron sus hermanos; y cuando pasaban los mercaderes madianitas, sacaron a José, subiéndole del pozo, y por veinte monedas de plata se lo vendieron a los ismaelitas, que lo llevaron a Egipto (Gn 37, 4-5:18-28).


La Realidad: El relato del conflicto de José con sus once hermanos está inspirado en una leyenda egipcia sobre doce reyes.


El relato de José y sus hermanos plantea uno de los relatos más conmovedores y dramáticos de todos los relatos de La Bíblia. Al igual que muchas sagas antiguas, reúne numerosas obras independientes sobre distintos personajes y los teje en una única narración, mezclando una variedad de identidades en personajes independientes. Aunque se presenta principalmente como la obra de un único autor, el relato contiene algunos indicios de las disputas políticas entre Rubén y Judá que tuvieron lugar posteriormente, donde uno y otro compiten para ser el menos culpable de la maldad hacia su hermano José.


Al igual que en los ciclos anteriores sobre los hijos de Abraham y luego los hijos de Isaac, el relato continúa con el tema de las contiendas tribales y la envidia entre los hermanos. En este relato, José, el hijo preferido de Jacob, tiene numerosos sueños que predicen que él se convertirá en el cabeza de familia y que incluso sus padres se inclinarán ante él.


En las primeras etapas, José se presenta como un joven algo pomposo y odioso, con una actitud del tipo «yo soy José y tú no». En un relato, insiste en contarles a sus hermanos este sueño: «Estábamos nosotros en el campo atando haces, y vi que se levantaba mi haz y se tenía en pie, y los vuestros lo rodeaban y se inclinaban ante el mío, adorándolo» (Gn 37, 7).


Pero un solo sueño no bastaba. Él tenía que machacarles con más visiones del futuro: «Mirad, he tenido otro sueño, y he visto que el Sol, la Luna y once estrellas me adoraban» (Gn 37,9).


No es de extrañar que sus hermanos «le odiaran todavía más» (Gn 37,8). Poco después de que José les contase a sus hermanos sus sueños, los otros once hijos de Jacob conspiran para deshacerse de su engreído hermano. En principio planean matarle y tirar su cuerpo a un pozo. Pero Rubén no quiere mancharse las manos de sangre y sugiere que sólo lo arrojen al pozo, supuestamente hasta que se muera de hambre. Sin duda, algún escriba bíblico consideró esta acción de Rubén como más humana, o menos culpable.


Tras arrojarle al pozo, Judá, para no ser menos que Rubén en su repentino arranque de compasión, dice: « Vamos a vendérselo a esos ismaelitas y no pongamos en él nuestra mano, pues es hermano nuestro y carne nuestra». Asintieron sus hermanos (Gn 37, 27).


Así pues, José se convierte en esclavo y es llevado a Egipto, donde gracias a sus dotes para la interpretación de los sueños consigue llegar hasta la cima de la jerarquía social del faraón.


Esta parte del relato de José comparte unas similitudes sorprendentes con un relato egipcio que se conserva en los escritos de Heródoto en su historia de Egipto. Según este historiador griego:


Tras el reinado de Setos (es decir, Set), el sacerdote de Hefesto (es decir, Ptah), los egipcios estuvieron libres durante un tiempo del gobierno monárquico. Sin embargo, al ser incapaces de estar sin rey durante mucho tiempo, dividieron Egipto en doce regiones y nombraron a un rey para cada una de ellas. Unidos por matrimonios, los doce reyes reinaron bajo amistad mutua con el entendimiento de que ninguno de ellos debía intentar expulsar a ninguno de los otros, o querer aumentar su poder a expensas de los demás. Llegaron a un acuerdo y velaron para que los acuerdos se mantuvieran rigurosamente, porque en la época en que se establecieron los doce reinos, un oráculo declaró que el que ofreciera una libación del cáliz de bronce del templo de Hefesto (Ptah) se convertiría en amo de todo Egipto.


Heródoto continua relatando otros acontecimientos de la historia de Egipto, pero después retoma la narración anterior:


Pasaba el tiempo y los doce reyes, que habían mantenido su pacto de no molestarse los unos a los otros, se reunieron para ofrecer un sacrificio en el templo de Hefesto. Era el último día del festival, y cuando llegó el momento de verter la libación, el sumo sacerdote, al ir a buscar los cálices de oro que siempre se usaban para ese propósito, se equivocó y trajo uno de menos, de modo que Sometico, al encontrase sin cáliz, muy inocentemente y sin segundas intenciones, se quitó el casco, lo extendió para recibir el vino y así realizó su libación. Los otros reyes enseguida asociaron este acto con el oráculo, que había declarado que el que vertiera su libación de un cáliz de bronce se convertiría en el único monarca de Egipto. Lo interrogaron, y cuando se sintieron convencidos de que había actuado sin malicia, decidieron no matarle, pero lo despojaron de gran parte de su poder y lo desterraron a las marismas, prohibiéndole que las abandonara ni que tuviera ninguna comunicación con el resto de Egipto.


Tras ofrecer algunos detalles acerca del pasado de Samético y sobre un segundo oráculo que predecía que unos hombres de bronce llegarían del mar para ayudar al rey, Heródoto cuenta que el monarca exiliado se encontró con un grupo de invasores marinos armados que se habían visto obligados a amarrar en tierras egipcias. Viendo esto como el cumplimiento de la profecía, dice Heródoto que Samético trabó amistad con los invasores y los «persuadió para que estuvieran a su servicio, y mediante su ayuda y la ayuda de sus fieles en Egipto, consiguió derrotar y echar a sus once enemigos».


Deben observarse los numerosos paralelismos entre el relato bíblico y el egipcio. En ambos, un grupo de doce hombres relacionados por matrimonios entre familias, viven en un estado que no está presidido por ningún rey; una profecía predice que uno de los doce reinará sobre los demás; cuando los once descubren quien será el nuevo líder, al principio planean asesinarle, pero luego cambian de idea y lo destierran de su territorio; tras ser desterrado, el héroe entra en Egipto acompañado de forasteros; el héroe consigue una posición de poder en Egipto; y cumpliendo la profecía original, el héroe reina sobre los once rivales.


Existe otro paralelismo. En el relato egipcio, un cáliz que pertenece al odiado rey es protagonista. De igual manera, un cáliz perteneciente a José desempeña un papel fundamental en el relato bíblico. Tras convertirse en primer ministro de Egipto y viendo que sus hermanos aparecen ante él para comprar trigo, José los pone a prueba escondiendo su cáliz de plata en la bolsa de Benjamín. Mientras que el cáliz simboliza el poder de José, el que portaba el cáliz, Benjamín, se convirtió en el.antecesor del primer rey de Israel, finalizando así el periodo de no-monar-quía en Israel.


El Samético (o Psamético) de Heródoto podría estar basado en una figura histórica del mismo nombre que gobernó en Egipto en el siglo vil a.C. El rey de Israel en esa época era Josías, el gran reformista religioso bajo el cual pudo haberse escrito el Deuteronomio, y cuya administración tuvo un interés activo en reescribir la historia antigua de Israel. Al igual que José, Josías era un niño cuando fue colocado en una posición de lide-razgo, ocupando el trono a la edad de ocho años.


El sucesor de Samético, Necao II, mató a Josías en una batalla y conquistó Jerusalén y gran parte de Canaán. Instaló a un vasallo egipcio, Joaquim, como rey de Judá. Los escribas hebreos de esa época habrían estado familiarizados con los relatos sobre Samético.


Aunque los paralelismos entre los relatos de La Bíblia y Egipto tienen una trama similar, sigue existiendo un interrogante acerca de si el relato de Heródoto de los doce reyes era historia o ficción, y si originariamente se refería a Samético o a algún rey anterior.


El relato de Heródoto comienza diciendo que, antes de Samético, Egipto protagonizó una época sin reyes y que antes de esto reinaba un rey llamado Setos. Esto no coincide con la historia de Egipto del siglo vil a.C. Ni hubo un periodo sin reyes ni existió un rey Setos en ese espacio de tiempo (en el siglo vil a.C., Setos, o sea Set, tenía fuertes connotaciones negativas como símbolo malévolo).


El último rey Setos que se conoce es Setos II, y antes de él Setos I, ambos de la XIX dinastía en el siglo xm a.C. Tampoco hubo ningún periodo sin reyes anterior a los dos reinos.


A lo largo de la historia de Egipto de Heródoto, éste a menudo distorsiona y registra de manera errónea la cronología dinástica, colocando dinastías anteriores detrás de las posteriores. De hecho, Heródoto sitúa a los antecesores de Samético de la XII dinastía inmediatamente después de los reyes de la IV dinastía, cometiendo así un error de casi dos mil años.


Esto sugiere que el rey Setos de Heródoto y un periodo sin reyes pertenecen más bien al periodo de los hicsos, cuando los extranjeros adoradores de Set desplazaron a los dirigentes tebanos legítimos. Los egipcios consideraban que el periodo hicso careció de rey egipcio legítimo.


Tanto si el relato egipcio de los doce reyes tuvo su origen en el siglo xvi a.C del periodo hicso como en el siglo vil del periodo samético, hubo muchas oportunidades para que el relato influenciara a los escritores de La Bíblia, quienes acabaron de redactar el texto bíblico.


Mito 71 : La mujer de Putifar intentó seducir a José


El Mito: Sucedió después de todo esto que la mujer de su señor puso en él sus ojos, y le dijo: «Acuéstate conmigo». Rehusó él, diciendo a la mujer de su señor: «Cuándo mi señor no me pide cuentas de nada de la casa y ha puesto en mí cuanto tiene, y no hay en esta casa nadie superior a mí, sin haberse reservado él nada fuera de ti, por ser su mujer, ¿voy a hacer yo una cosa tan mala y a pecar contra Dios?». Y como hablase ella a José un día y otro día, y no la escuchase él, negándose a acostarse con ella y aun a estar con ella, un día que entró José en la casa para cumplir con su cargo, y no había nadie en ella, le agarró por el manto, diciendo: «Acuéstate conmigo». Pero él, dejando en su mano el manto, huyó y salió de la casa. Viendo ella que había dejado el manto en sus manos y se había ido huyendo, se puso a gritar, llamando a las gentes de su casa, y les dijo a grandes voces: «Mirad, nos ha traído a ese hebreo para que se burle de nosotros; ha entrado a mí para acostarse conmigo, y cuando vio que yo alzaba mi voz para llamar, ha dejado su manto junto a mí y ha huido fuera de la casa». Dejó ella el manto de José cerca de sí, hasta que vino su señor a casa, y le habló así: «Ese siervo hebreo que nos has traído ha entrado a mí para burlarse de mí, y cuando vio que alzaba mi voz y llamaba, dejó junto a mí su manto y huyó fuera». Al oír su señor lo que le decía su mujer, esto y esto es lo que me ha hecho tu siervo, montó en cólera, y apresando a José, le metió en la cárcel donde estaban encerrados los presos del rey, y allí en la cárcel quedó José (Gn 39,7-20).


La Realidad: Versiones mitológicas anteriores de este relato eran muy comunes en Egipto y Oriente Próximo. Los escribas de La Bíblia reescribieron el relato y lo insertaron en la narración de José.


Después de que los hermanos de José lo vendieran a los ismaelitas (o quizá a los midianitas, el relato se vuelve muy confuso), sus compradores lo ofrecen a un oficial egipcio llamado Putifar. El nuevo amo de José lo pone a cargo de su casa y José trabaja bien, aumentando enormemente las riquezas de la familia.


La mujer de Putifar se interesa por él e intenta seducirle, pero José considera que eso no está bien y que sería traicionar a su amo. Mientras que el relato bíblico muestra claramente que José es inocente, su resolución podría haberse visto beneficiada por la presencia de testigos cercanos. Por lo visto, éste continuó rechazando los encantos de la mujer, incluso mientras ésta lo desnudaba. Cuando él huye de la habitación, deja sus vestidos en manos de ella. A ella le preocupa que alguien la encuentre con los vestidos de él en sus manos —unos testigos estaban a punto de entrar en la habitación— y comienza a gritar que ha sido violada. Putifar, ante el dilema de llamar mentirosa a su coqueta esposa o castigar a su criado inocente, decide adoptar la vía política. Encarcela a José.


El nombre Putifar ofrece una pista sobre el momento en que se escribió este relato. No sólo es el nombre del primer amo de José, sino que Putifera es el nombre de su suegro, el sumo sacerdote del templo de Heliópolis. El nombre egipcio Putifar se utiliza de forma esporádica antes del siglo x a.C., y no se utiliza de manera generalizada al menos hasta el siglo vil. Un relato que incluya a dos personajes con ese nombre, ambos en puestos importantes, indica una autoría muy tardía; en el siglo vil o después. Esto concordaría con una autoría post-Samético (véase el Mito 70) de la narrativa principal.


La historia de un joven héroe que rechaza los caprichos de una mujer celosa es un tema frecuente en los mitos antiguos. Una de las más conocidas aparece en el relato egipcio «Historia de los dos hermanos». Sus orígenes podrían remontarse hasta el tercer milenio.


El texto egipcio habla de dos hermanos, Anubis, el mayor, y Bata, el menor. El menor vivía con su hermano y la mujer de éste. El relato describe a Bata como «el hombre perfecto» que desempeñaba la mayoría de las tareas de la casa y el campo. Un día, la mujer de Anubis se le acerca y le confiesa su deseo de conocimiento carnal. Él rechaza sus avances, diciéndole que ella y su hermano son como padres para él. Él promete no decir nada sobre las acciones de ella. La mujer, temerosa de ser descubierta, dispone para que parezca que ha sido violada y acusa a su cuñado. A pesar de la negación de Bata, Anubis se enfurece y el hermano menor se ve obligado a abandonar la casa.


Durante el relato. Bata obtiene una hermosa esposa como regalo de los dioses, pero ésta lo abandona para convertirse en concubina del faraón. En varias ocasiones, el hermano menor adopta nuevas formas de vida — pina, toro, árbol— y su mujer, que vive separada de él, consigue destruir cada una de las formas físicas de Bata. Al fin, el rey se entera de los logros del joven y lo corona príncipe de Egipto.


A partir de una falsa acusación de violación, su matrimonio con una mujer de conexiones religiosas, su paso por varias pruebas, y finalmente su conversión en príncipe de Egipto, el relato egipcio y el bíblico siguen la misma trama general. El relato egipcio, sin embargo, está más inmerso en el simbolismo vida-muerte politeísta que el relato bíblico. Por ejemplo, Anubis, el hermano mayor, es una divinidad que guía a los espíritus muertos al reino del más allá para reunirse con Osiris. El relato bíblico está purgado del misticismo politeísta, pero mantiene gran parte de la estructura básica, substituyendo problemas alternativos por secuencias de muerte-renacimiento.


Los griegos micénicos, los danois de Hornero, tienen un relato similar, que pudo entrar en Canaán a través de los Pueblos del Mar y la tribu de Dan (véase el Mito 68).


En el relato griego, Belerofón, mientras visita la corte de Proetus, ese convierte en el objetivo de la esposa de Proetus por motivos sexuales. Belerofón rechaza sus propuestas, y la mujer, para salvar su reputación, le dice a su marido que Belerofón la ha amenazado. Proetus, igual que Putifar, cree a su mujer antes que al acusado, y le impone un castigo.


En el caso de Belerofón, Proetus escribe una carta a otro rey y le pide a Belerofón que la entregue. La carta solicita que el rey mate a Belerofón. Para cumplir con la solicitud, el otro rey envía al héroe a varias misiones peligrosas, pero el héroe siempre sobrevive. Este rey queda tan impresionado con las hazañas de Belerofón que le entrega su reino.


Una vez más tenemos una falsa acusación, un castigo para el héroe, supervivencia a través de pruebas, y elevación al trono. Cabe destacar que existen otras conexiones entre el relato de Belerofón y la historia de los patriarcas. El rey que quería que Belerofón muriera tenía un hermano gemelo llamado Acrisio, y ambos lucharon en el seno materno. Acrisio tuvo una hija llamada Danae.


El padre de José, Jacob, también luchó en el seno materno con su hermano, y también tuvo una hija llamada Dina, que en esencia es el mismo nombre que Danae. Por añadidura, Proetus y Acrisio eran descendientes de Dánao, a quien identificamos con Jacob en el relato sobre la violación de Dina. De modo que el relato de Belerofón tienen conexiones mitológicas próximas al relato de Dánao y Egipto. Si uno de ellos influenció la historia bíblica, es probable que el otro también fuera adaptado por los escribas hebreos.


La versión bíblica de la traición de José por parte de la mujer de Putifar tiene varios antecedentes muy difusos, y los dos que hemos revisado aquí, el relato egipcio de los dos hermanos y el mito griego sobre Belerofón, habrían sido bien conocidos por los escribas hebreos y fácilmente incorporados a una épica mayor.


101 MITOS DE LA BIBLIA






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